Opinión | Luces de Navidad

Encrucijada de caminos

Puede que hoy sea uno de esos días tontos en los que le das más vueltas de lo normal a la cabeza, o puede que sea simplemente la edad, o las cicatrices acumuladas a lo largo de los años, pero el caso es que, de repente, soy consciente de que cada vez son más las cosas que no me importan, y esto de alguna manera me inquieta. Cosas que decidí elegir o llegaron de forma inesperada y que fueron relevantes en mi vida, y que ahora, caídas del árbol como fruta madura, han quedado atrás en el camino. Uno de esos caminos que, ante una encrucijada, nos vemos obligados a escoger y que nos llevará, a su vez, hasta otro cruce, y este hasta otro, y así sucesivamente, forzándonos continuamente a decidir qué camino debemos tomar.

Y surge una pregunta obligada: «¿Cómo hubiera sido mi vida si en vez de tomar por un camino me hubiera decidido por el otro?». Y aunque suene a título de película del oeste, me planteo hasta qué punto nosotros mismos forjamos nuestro destino.

Existe la teoría de que el destino es algo inevitable cuya fuerza sobrenatural nos arrastra como el viento a una hoja seca, algo inamovible impuesto por algún ser divino que guía nuestras vidas. No negaré la mayor, y entiendo la imposibilidad de desligarnos de él, pero yo más bien me apunto a la teoría de Shakespeare: «El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos», es decir, a pesar de las circunstancias que nos rodeen, un destino elegido.

Es cierto, que hasta un momento determinado no somos dueños de nuestras decisiones, pero la partida comienza a jugarse en el mismo instante en que nacemos, porque las cartas que recibimos para jugar la primera mano nos sitúan directamente en el seno de una familia más o menos acomodada, más o menos culta, más o menos estructurada…, una familia que nos educará y nos alimentará hasta situarnos en la rampa de salida frente a la primera encrucijada de caminos. Caminos diferentes para cada cual, sí, pero, en definitiva, opciones que con nuestra elección nos permitirán comenzar a forjar nuestro destino. «Caminante no hay camino, se hace camino al andar» (Antonio Machado).

Comienza, entonces, la partida más importante de nuestra existencia. A veces recibiremos buenas cartas y haremos una apuesta elevada, otras jugaremos de farol y en algunas nos retiraremos a tiempo. Ganaremos unas manos y perderemos otras, pero los resultados siempre serán las consecuencias de nuestras decisiones. En el mejor de los casos, nosotros habremos elegido qué carrera estudiar, con quién queremos compartir nuestra amistad, el trabajo en el que nos sentimos realizados o la persona con la que queremos envejecer, y si no es así, porque no a todos nos vienen dadas de igual forma, habrá que pelear con uñas y dientes para revertir la situación.

La vida, que es una sabia maestra, nos enseña a diario que cada instante que vivimos es especial, y que lo que hoy está, mañana puede haber desaparecido, y que, por tanto, los pequeños detalles, esas, a veces, intransitables y minúsculas veredas que comunican unos caminos con otros, amplios y acondicionados, también pueden variar el rumbo de nuestra nave.

En cualquier caso, insisto, mi destino está en mis propias manos, en mis decisiones. Sé qué cosas no quiero en mi vida y lucho con fuerza contra un destino no deseado, porque si algo tengo claro es que ser infeliz no es una opción.