Opinión | Noticias del Antropoceno

Mensaje al espacio en una botella

Hace muchos años, la NASA lanzó al espacio las naves Voyager con el sano propósito de investigar el sistema solar. Pero una cosa es enviar una nave y otra cosa hacerla volver. ¿Para qué necesitas que vuelva una nave si toda la información se puede convertir en datos, incluso las imágenes, y enviarla de forma telemática? Haciendo de la necesidad virtud, y dado que las naves se perderían en el espacio interestelar una vez cumplida su misión, a los ingenieros de la NASA no se les ocurrió mejor idea que grabar un disco óptico con música, imágenes y fórmulas matemáticas que informaran a una hipotética civilización extraterrestre de que estamos aquí.

Como era previsible, esa peregrina idea ha dado lugar a múltiples películas y novelas de ciencia ficción en las que los extraterrestres dan cuenta de haber encontrado alguna de las Voyager y, en justa correspondencia, deciden hacernos una visita, la mayor parte de las veces con aviesas intenciones. Y es que seguimos pensando ingenuamente que cuando contactemos con alienígenas (algo que tarde o temprano sucederá pero no en el corto plazo) estos serán espíritus puros situados en un plano ético superior. El cine nos ha mostrado múltiples mundos extraterrestres parecidos al nuestro pero con profusión de paisajes melifluos, síntoma de la amigabilidad de las especies que lo habitan. Por el contrario, muchos científicos están convencidos que el encuentro con otras civilizaciones alienígenas será más parecido a la cruenta conquista de las Américas por los españoles.

Esta posibilidad no disuade a los técnicos de la NASA, que han lanzado en su web un formulario para que tu nombre pueda inscribirse en la nave que se lanzará próximamente a explorar la luna de Júpiter Europa, el que parece por el momento el lugar más probable, junto con Encelado, para encontrar vida en nuestro Sistema Solar. Por el momento yo me he inscrito y animo a los lectores a hacer lo mismo. El programa ha sido bautizado como «Mensaje en una botella», no sé si en recuerdo de la inspiradora canción de The Police. Y es que, en cuestiones espaciales, yo me apunto a un bombardeo.