Opinión | Erre que erre (rock and roll)

Desbordante talento

Me emocionó una entrevista a Ígor Paskual cuyo compendio venía a ser el siguiente: «La medicina cura el cuerpo y la cultura salva el alma». Que acrecimiento es desarrollarse bajo cualquier disciplina artística.  Absoluta verdad la que nos confirma que cuando peor estamos, más necesaria esta concesión de admirar el arte en todas sus vertientes. Cualquier actividad que aprecie la estética artística, por poco punzante que parezca, puede llegar a ser tan incisiva como empuñar una espada. La historia ha demostrado que no existe conflicto bélico del que no haya salido un himno manifestante de quienes eran los unos o los otros,  marcadores del oponente, o simplemente para divagar de los malos tiempos que, según la época, nos ha tocado vivir. Deberían considerarse las canciones construidas en momentos de crisis medicina pura, terapia para el alma o vía de escape. Paradójica nunca existió sociedad sin cultura, sin un acontecimiento que marcase una página de la historia en la que no se generase maestría.

¿Cómo puedo nadie imaginar que una obra de la magnitud del Guernica (Pablo Picasso) fuese creada aludiendo e interpretando un bombardeo que en ese momento se manifestaba tan cruelmente en la patria del autor? Sólo un genio posee la capacidad de plasmar la destrucción de un pueblo como símbolo del terror de una manera tan brutalmente bella.

Esta reflexión es fruto de andar escuchando a destiempo la inmensa  composición que Norbert Schultze fue capaz de crear allá por el 37. Mientras medio mundo estaba siendo masacrado, alguien tuvo la capacidad de captar el atractivo inimaginable de una época tan hostil, después de leer la carta que un soldado escribió a dos mujeres por las que andaba medio enamorado y convertirla en canción. Hablo de Lili Marleen, himno generacional traducido a decenas de idiomas y versificada desde hace cien años hasta nuestros días. Pocas bandas han mantenido un arquetipo tan resistente componiendo mientras andaban inmersos en conflictos como The Clash, su magistral ‘1977’ (White Riot Single) marcó una manera de entender la música para muchos. Y además sirvió como tema clave para el movimiento Punk con el que muchos jóvenes en una sociedad anglosajona se desmarcaban de roles considerados opresores e hipócritas. Con su canción ‘Washigton bullets’ (Sandinista.CBS/EPIC) iniciaron el camino que muchos andaban buscando en los perdidos 80, gritando eso sí, aventuradas ideologías. Podría seguir largo y tendido con temas recurrentes de Strummer y Simonon, para eso necesitaría otra columna de movimientos utópicos y revolucionarios. Desafortunadamente el mundo sigue inmerso en guerras paralizantes de talento de quien las vive en primera persona. Afortunados aquellos que pueden con libertad, demostrar su ingenio. Yo convivo con ellos todo el tiempo, con el arte colectivo en la vanguardia, con jóvenes que se esfuerzan, a pesar de las vicisitudes y a cambio de muy poco, en mostrar su lado creativo y darnos la vida a los que consideramos la cultura como medicina para el alma. He tenido el privilegio de ser parte del jurado en los más reconocidos festivales de nuestra Región, Talento Creajoven, Premios de la Música entre otros. Y es habitual sentirme gratamente desbordada a la hora de elegir finalistas, ¡bravo por todos ! Una maravilla y una bendita locura que me hace sentir orgullosa de la capacidad y sobre todo de la libertad de expresión con la que cuentan nuestros mancebos creadores. Músicos, escultores, realizadores, fotógrafos, bailarines o actores (entiéndase el femenino de las profesiones)  mínimamente apoyados por organismos que comparten escuetas subvenciones en el mejor de los casos. Demasiado talento en dique seco sin apenas oportunidades para demostrar su valía. Me parecía de justicia dedicarles este texto, por valientes, por sanadores de las almas que creemos en su antídoto. (Grabaciones Vistabella, Cooperativa Ítaca, La Navaja Producciones, El Locoloco, La Yesería... Gracias a todas y a las demás).