Opinión | La Feliz Gobernación

Miras y sus ‘puigdemones’

De izquierda a dercha, Joaquín Segado, José Ángel Antelo, Rubén Martínez y Fernando López Miras.

De izquierda a dercha, Joaquín Segado, José Ángel Antelo, Rubén Martínez y Fernando López Miras. / Iván Urquízar

La bondad del pacto PP/Vox en la Región es que la aprobación de los Presupuestos sale como una seda. Mejor no pensar en qué ocurriría si un PP en minoría tuviera que negociar cada una de las partidas con Vox en los bancos de la ‘oposición constructiva’. 

Para que las cuentas sean validadas, a López Miras le ha bastado con cebar económicamente a la consejería de Fomento y dotar de una cantidad aceptable al nuevo departamento de la vicepresidencia, cuyas competencias reales son una incógnita. Qué diferencia con los inicios de la anterior legislatura, cuando el genuino Ciudadanos ocupaba cuatro consejerías, todas ellas esenciales. 

Una vez que sus ‘puigdemones’ han quedado satisfechos con las cifras asignadas a sus competencias, el presidente ha podido hacer con el resto el encaje de bolillos que mejor le ha parecido con la seguridad de que Vox no va a interferir en ninguno de los capítulos más sensibles del presupuesto, y esto contra el propósito anunciado por el líder de Vox, Antelo, acerca de que su partido intervendría en el conjunto de la política gubernamental, lo que garantizaba su condición de vicepresidente. Pero, a la hora de la verdad, bastante tienen los dos consejeros abascales para cuidar de sus respectivos huertos. Razón asiste a quienes predicen que el radicalismo se cura gobernando. 

Estos Presupuestos contienen una paradoja que ya se produjo con Ciudadanos. En la primera legislatura en que el PP gobernó, en minoría, con el apoyo parlamentario de los naranjas, éstos obtuvieron más concesiones del PP a sus políticas que en la siguiente, cuando se empotraron en el Gobierno. Ahora, con Vox, ocurre algo parecido: al compartir el banco azul, el partido minoritario en el Consejo de San Esteban busca satisfacerse en sus competencias concretas y deja manos libres al presidente para ocuparse de la política general. 

Mientras tanto, las cifras cantan: la deuda dobla el Presupuesto, y los intereses de aquélla cuestan medio millón al día. Y encima vamos a rechazar la quita. Que se joda Puigdemont.