Opinión | La columna

Emma Riverola

El mazo de la demolición

La ultraderecha gobierna en Argentina. Ha ganado las elecciones en los Países Bajos. El año que viene, el trumpismo medirá sus fuerzas. Quizá no alcance el poder, pero su magma seguirá ahí, incandescente, socavando los valores democráticos, penetrando en las más diversas capas de la sociedad, ofreciendo un soporte a todos los que sienten que su vida se tambalea. Es la certidumbre de los que ya no creen en nada. Un mazo de demolición sin rastros de ilusión, sin un rayo de utopía.

La ola reaccionaria no se detiene. Con ella, el retroceso en los derechos sociales, el rechazo a las políticas de igualdad y LGTBIQ+, el odio al inmigrante (y a cualquier ‘otro’), las recetas ultraliberales que ahondan en una desigualdad lacerante y la reescritura benevolente de los regímenes totalitarios. Lo vemos en el revisionismo repugnante de la vicepresidenta Villarruel sobre la dictadura argentina. Lo sentimos también en nuestras calles. En esos ‘Cara al sol’ regurgitados sin pudor, acompañados de «Vivas» a Franco y adornados con saludos franquistas y banderas con el aguilucho.

En teoría, todas las fuerzas democráticas deberían implicarse en elevar un muro que frene a la ultraderecha. La realidad es muy distinta. La derecha está sirviendo de rampa para su crecimiento. Y la izquierda, más allá de jugar con el miedo, no está asumiendo plenamente su responsabilidad. Sus dos instrumentos básicos de combate son la ejemplaridad democrática y la construcción de un escudo social que, además de proteger, proporcione cierta esperanza de futuro. Si la ciudadanía no siente que la izquierda está comprometida con su bienestar, si percibe que los intereses de la élite pasan por encima de los suyos, buscará una mano que le rescate de la orfandad.

La coalición de izquierdas ha llegado al Gobierno gracias al pacto por la amnistía. Un acuerdo que ha dado aliento a Vox. Porque el PP agitó la calle y la radicalidad siempre encuentra acomodo en ella y porque la súbita conversión de Sánchez alimentó la desafección política. Demasiado arriesgado abordar un conflicto sobre el que se han vertido toneladas de propaganda sin un mínimo de pedagogía y consenso. La legislatura ya ha empezado. De su labor depende algo más que su pervivencia. Las dificultades serán muchas, pero solo a través del bienestar social y la ejemplaridad democrática puede construirse algo que valga la pena. Algo útil, beneficioso, esperanzador. Algo que la mayoría de la ciudadanía considere necesario preservar del mazo de la demolición.