Opinión | Las fuerzas del mal

Igualdad carajo

Si la igualdad se ha convertido en un principio rector, habría que preguntarse porque la Región de Murcia devuelve al Estado fondos que permitirían a sus ciudadanos conseguir esa igualdad

El actual presidente electo de Argentina, Javier Milei.

El actual presidente electo de Argentina, Javier Milei. / Agustín Marcarian / Reuters

«La amnistía es lo de menos, lo importante es que gobiernen los míos». Esta frase sirve para un lado del espectro y para el otro. Con el PSOE ha quedado claro. Con el PP, también. Las caídas de ojos y los rendezvous con Junts ya los hizo a principios de septiembre. Por un instante, más largo que la independencia procesista, aunque eso no es difícil, Junts estaba para el PP dentro de los partidos con los que se podía negociar. No como con Bildu, con el que acaba de cerrar un pacto parlamentario en Vitoria. Aquello duró 48 horas, hasta que el PP catalán le dio a González Pons una palmada en la mano en la que llevaba la rama de olivo, leridana, sin duda ¿Dónde vas, González Pons, dónde vas, triste de ti? Las hemerotecas nos mostraron también la intención de Rajoy de olvidar si no se consumaba la DUI. El que esté libre de amnistía, entonces, que tire la primera manifestación.

Lo importante ahora, vaya, es la igualdad. Como premisa está bien, y yo la acepto. No es igualitario condonar a unos un porcentaje y a otros no. Estoy de acuerdo con López Miras que si 2.000 millones de euros para Murcia, si no es el mismo porcentaje del FLA que Cataluña, es calderilla, aunque se la hayan negociado otros. Si la condonación es al final un movimiento contable dentro de las cuentas del Estado que da mayor espacio a las CC.AA, todas deben ser tratadas igual.

Ahora bien, si la igualdad se ha convertido en un principio rector, habría que preguntarse por qué la Región de Murcia devuelve al Estado fondos que permitirían a sus ciudadanos conseguir esa igualdad. Estoy hablando de los de dependencia o alquiler joven que están sin ejecutar. O vamos a la gestión de Sanidad y Educación públicas, motores de igualdad. Es decir, porque se clama por la igualdad cuando no se ejecuta y se gestiona. Ah, que es la igualdad territorial, dice López Miras, mientras el Área III de Sanidad en Lorca le mira como mira una lechuga mustia desde el frigorífico a quien prometió ponerse a dieta y a Cartagena le chirrían los dientes.

Libertad, igualdad y solidaridad son valores relativos entre sí y absolutos frente a los demás. No hay libertad sin igualdad, y viceversa. Su relación se regula por la solidaridad, la necesaria generosidad que los equilibra. Milei ha ganado las elecciones en Argentina y muchos de los seguidores del anarcoliberal le han saludado desde los cuatro rincones del planeta, replicando su grito de guerra. «¡Viva la libertad carajo!», escribía Antelo en su cuenta de equis/twitter sin darse cuenta, o quizás sí, de la importancia de la coma que debería ir entre libertad y carajo, porque entonces es una libertad carajo, una libertad de mierda que solo es accesible a quien puede pagarla, como ya lo ha dicho Milei, claramente, con respecto a la Sanidad y la Educación. Como ya pasa un poco aquí, también con la igualdad carajo que afecta a la libertad.

Así que, para que exista libertad, se necesita la igualdad (coma) carajo. Y si no, es un carajo y no es igualdad.