Opinión | Noticias del Antropoceno

Una historia de evolución y extinciones

He visto un multitud de documentales, el género cinematográfico que más disfruto con diferencia. Aún así, no estaba preparado para encontrarme en Netflix con La Vida en nuestro Planeta, sin duda es el mejor documental de naturaleza de los innumerables que se han producido. Y lo interesante es que el 99% de los seres vivos que muestran sus ocho episodios ya no existen. La vida tardó mil millones de años en surgir por primera vez en nuestro planeta, pero en lo que es experto el mundo que habitamos es en cargarse regularmente a casi cualquier bicho viviente en ciertos momentos. 

Si hay un denominador común en las cinco extinciones masivas sucedidas en nuestro planeta, cuatro por catástrofes geológicas extremas y la quinta por el meteorito que acabó con los dinosaurios, es que la especie dominante del momento siempre se lleva la peor parte. Y esto es más que un aviso para nosotros, que hemos invadido el planeta desde que bajamos de los árboles por necesidad, nos pusimos erguidos, liberamos las manos, empezamos a usar herramientas y desarrollamos nuestros cerebros como consecuencia.

Y si tienes la suerte, como yo, de haber leído el libro Los Finales del Mundo y haber visitado en algún momento el Natural History Museum de Londres, podrás disfrutar como un auténtico enano de esta serie documental, producida en asociación con Amblin, la factoría cinematográfica de Spielberg, con efectos especiales de la Industrial Light & Magic, de George Lucas. 

La serie parte con absoluto rigor de los conocimientos actuales de la fisonomía de las especies extinguidas, incluidos colores y tonalidades de piel descubiertos merced a pigmentos fosilizados. Muchas de las escenas utilizan paisajes reales sobre los que discurren las asombrosamente realistas animaciones. Para hacerlo más creíble, el documental recoge comportamientos de animales actuales que poco tienen que envidiar a los de sus ancestros extinguidos hace tiempo. 

Menos mal que las cosas que pasan en el documental se toman sus millones de años para ocurrir (excepto lo del meteorito, que fue como un polvo de gallo), porque la fuerza dramática, el pavor que despierta lo que se cuenta, te hunde literalmente en el sofá.