Opinión | El prisma

Lija poliédrica

La ley de amnistía tiene aún mucho recorrido parlamentario y legal: terreno propicio para que se sucedan las algaradas parlamentarias y callejeras, los insultos y las amenazas

Pedro Sánchez celebra su reelección como presidente del Gobierno tras la segunda sesión de investidura.

Pedro Sánchez celebra su reelección como presidente del Gobierno tras la segunda sesión de investidura. / REUTERS/Susana Vera

Vista la investidura de Pedro Sánchez, la incógnita que queda flotando es la de cómo y cuándo se podrá recuperar la normalidad democrática en Congreso y Senado. No son muy halagüeñas las perspectivas. Como muestra un botón: Abascal y sus diputados abandonaron el hemiciclo de la carrera de San Jerónimo el miércoles a media sesión para unirse a la protesta callejera frente a la sede del PSOE. La insistencia del líder ultraderechista en interpretar la investidura como un golpe de estado solo enseña que él mismo estaría dispuesto a encabezar uno, como reclaman algunos de los que se manifiestan en las calles y que lo quieren «ya». Quién sabe si se lo han pedido los uniformados del manifiesto que se conoció el viernes.

La ley de amnistía tiene aún mucho recorrido parlamentario y legal: terreno propicio para que se sucedan las algaradas parlamentarias y callejeras, los insultos y las amenazas. De momento, solo algunos portavoces de la derecha extrema y toda la extrema derecha han caído en esa tentación, desde el expresidente Aznar hasta Abascal, que se permitió el lujo de amenazar a Feijóo con romper alianzas si no reacciona como el líder voxista cree que debe.

El aparentemente jefe del PP quiere boicotear la legislatura. Lo ha dicho con otras palabras, cuando auguraba una «corta» y cuando ha reiterado tantas veces que deben repetirse las generales cuanto antes. Su incapacidad para aceptar su insuficiente victoria electoral sigue siendo patética y origen indirecto de cuantos excesos se están produciendo desde que perdió su investidura. Desde luego, no progresa adecuadamente.

La crispación auspiciada desde la derecha por la ley de amnistía acordada por Sánchez con ERC y Junts está alcanzando una intensidad que de momento se antoja difícil de detener. Sobre todo porque Vox confía en ese ambiente para balancear los 19 escaños perdidos el 23J y porque el PP parece confiar en que la ultraderecha le haga el trabajo sucio de desgaste del gobierno de coalición: alentar subrepticiamente a los radicales fascistas a mantener el clima de tensión.

El partido de Feijóo también colaborará en el empeño. Teniendo como excusa la amnistía, el PP intentará mantener las protestas masivas contra el gobierno de Sánchez, aunque sepa que las concentraciones más pacíficas pueden convertirse en tremendamente violentas mediante la actuación acertada de unos pocos agitadores, profesionales o no.

Para tranquilidad de todos, sería de esperar que la dirección oficial de los ‘populares’ fuera centrándose en el trabajo parlamentario y el trabajo político, aceptando que la legislatura durará más o menos, pero que poco podrán decir al respecto. Les guste o no, la continuidad del Gobierno de coalición PSOE-Sumar depende más de los apoyos externos que tiene momentáneamente en Junts, ERC, PNV, CC y el conglomerado que lidera Yolanda Díaz.

Será una legislatura con lija poliédrica. Por un lado, Vox rascará a Feijóo, quien también será marcado por Díaz Ayuso y Aznar; Iglesia católica y empresarios aportarán su granito de arena. Por otro, Sánchez y Díaz tendrán sobre ellos las lupas de Puigdemont y Junqueras especialmente; además de la incógnita Podemos, que hará presión con cinco diputados para rechazar o no muchas leyes. El líder aúlico Iglesias ya advirtió al respecto.

Esa es ya la primera escaramuza dentro de la coalición: Montero y Belarra, sí o no. La siguiente importante será la aprobación de los Presupuestos para 2024, una vez que el gobierno en funciones envió a Bruselas su Plan Presupuestario a mediados de octubre. Y así será la legislatura: negociaciones a cara de perro a múltiples bandas, con la derecha ultra salida de madre y la supuestamente civilizada en la senda trumpista de rechazo de las consecuencias de los resultados electorales. Durará lo que dure, pero será entretenida. Eso seguro. Lo de los uniformados retirados con muchas estrellas no será más que otra insensatez intrascendente.