Opinión | las fuerzas del mal

Ars gratia artis

El indultado que vote al indultador para que le indulte bien indultado será, pero no es edificante

Pedro Sánchez entre aplausos después de su reelección como presidente del Gobierno tras la segunda sesión de investidura.

Pedro Sánchez entre aplausos después de su reelección como presidente del Gobierno tras la segunda sesión de investidura. / Alejandro Martínez Vélez / Europa Press

¿Tan malo es un Gobierno de derechas como un Gobierno de izquierdas? O más concretamente, este Gobierno de derechas que se dibujaba como proyecto contra este Gobierno de izquierdas que ha salido de un pacto de ocho partidos. Es un dilema, la elección entre dos males, y depende de donde se ponga el acento así será la solución. Las líneas rojas las marca la Constitución Española.

¿Es legal la amnistía? Lo es. Está dentro del derecho de gracia y es una potestad del legislativo, y por eso se tramita como ley y está excluida de la iniciativa legislativa popular. ¿Tiene esta amnistía encaje constitucional? Va a depender de la valoración que haga el TC de sus motivaciones en la exposición de motivos, entre otras cosas, pero tiene pinta. No como la reforma del reglamento del Senado, confeccionada por el PP, que se salta la CE y la doctrina del TC.

¿Es ética la amnistía entonces? Esta amnistía en particular una magnanimidad del Estado no es, desde luego, aunque podemos concluir que el Estado es magnánimo por el interés. Aznar no indultó a los terroristas de Terra Lliure, sin delitos de sangre, es cierto, gratia artis. Lo hizo tres meses después de los pactos del Majestic y siguiendo indultos del PSOE, que también había recibido el apoyo de CiU en la legislatura anterior. El indultado que vote al indultador para que le indulte bien indultado será, pero no es edificante. Aun así, el interés tras un indulto, o una amnistía, ha existido siempre. En la amnistía del 77 el interés es claro, la concordia. No queda tan claro el interés de los 1.443 indultados por Aznar, salvo que lo pidió el Vaticano. ¿Si el Vaticano hubiera pedido la amnistía, la estaríamos discutiendo?

¿Es la amnistía un fraude al elector? Rajoy hizo la solemne promesa de no traspasar determinadas líneas rojas. Al poco de llegar al poder, se convirtieron en líneas de meta de sus políticas. Nadie pidió repetición de esas elecciones que le dieron una mayoría absoluta que le permitió gobernar, sin negociar con nadie que le obligará a pisar todas sus líneas rojas.

‘Ars gratia artis’, arte por amor al arte, pero nada es por amor al arte en política. Están todos los intereses representados y es curioso que se pide altura de miras cuando se va perdiendo. También es cierto que unos lo hacen más que otros. En aquella legislatura del no es no, donde se descabalgó a Pedro Sánchez de la secretaría general del PSOE, el PP pidió altura de miras, haciendo fuerza para que esa maniobra de descabalgamiento la ejecutaran los barones del PSOE. Había otras cosas en juego, por supuesto. La presunta pasokización del PSOE y el miedo al sorpasso de Podemos activó a esa izquierda caoba que tiene su despacho allí donde Felipe González se siente a fumar un cohiba. Se encontraron con que un perro apaleado era capaz de arrinconarlos en sus baronías a dentelladas de votos de militantes.

¿Saben lo mejor de todo? Que dentro de cuatro años, Junts y Puigdemont pactarán lo que fuere con el PP y nadie se estremecerá. Ese será el regalo del PSOE, por amor al arte, porque, efectivamente, como dijo el otro, la amnistía es lo de menos.