Opinión | La balanza inmóvil

Entre la ambición y la animadversión

La separación de poderes, base de toda democracia y del Estado de Derecho, va camino del precipicio

Pedro Sánchez aplaudido tras finalizar la segunda sesión del debate de Investidura y ser nombrado presidente del Gobierno.

Pedro Sánchez aplaudido tras finalizar la segunda sesión del debate de Investidura y ser nombrado presidente del Gobierno. / Eduardo Parra / Europa Press

Si algo bueno tiene cumplir años, es que las cosas se ven cada vez más claras. Ya ni te hacen comulgar con ruedas de molino, ni te engañan con palabras huecas, vacías y demagógicas. Has superado esa etapa donde no sabes ni lo que quieres. También ese segundo periodo de la vida donde tampoco sabes lo que quieres, pero sí lo que no quieres. Para llegar a lo que se denomina la tercera edad, donde sí sabes lo que quieres. Y lo que quieres es que ni te engañen, ni te tomen por tonto. 

Lo que está pasando en este país es de traca. Los que no quieren a España son los que ponen sus condiciones al Gobierno de España. Y lo malo es que se les acepta. La desigualdad entre comunidades autónomas es patente, pues aquellas a las que Sánchez necesita para gobernar se les da todo lo que pidan: fuera de sus territorios las fuerzas de seguridad del Estado, administración unilateral de la Seguridad Social, recaudar impuestos solo para ellos (pero los del Estado entran en su reparto también), gestión de las prisiones, etc. Y, por supuesto, perdonarles las deudas, y con un poco más de mala suerte, pagarles nosotros también una indemnización. Y cuando digo nosotros, me refiero a todos aquellos que no somos independentistas. Es decir, la mayoría, con mucho del pueblo español; jueces, fiscales, guardias civiles, diplomáticos, inspectores de hacienda y de trabajo, históricos socialistas, juristas, Europa… están en contra de lo que está haciendo Sánchez con tal de seguir en la Moncloa, bajo argumentos tan falsos como la mejora de la convivencia, y para que siga gobernando un partido progresista. 

Eso no es progresismo. Eso es querer ejercer todos los poderes. Llámenlo ustedes como quieran. La separación de poderes, base de toda democracia y del Estado de Derecho, va camino del precipicio. Si los jueces condenan, él amnistía. Si los jueces investigan, él crea una comisión para condenarlos, por judicializar la política. Si los jueces acuden a Europa, él los ignora. Lo que hemos visto es que, a un prófugo de la justicia, se le ríen las gracias por la vicepresidenta del Gobierno, y por el tercero del partido en el poder, se le rinde pleitesía. Es increíble. Eso se llama claudicar, asombrar a Europa y menospreciar al tercer poder del Estado, cuando no al pueblo español.

Todo es cuestión de ambición, por una parte, pues lo importante es hacer lo que se quiera, aunque hunda a otros. Animadversión, por otra, pues está claro que las instituciones le importan poco, y en especial el poder judicial, que ya hace tiempo se la tiene jurada. Recuérdese una intervención en la televisión, cuando Sánchez todavía no era conocido, criticando a los jueces porque metían en la cárcel a la gente sin argumentos. Pero hay una tercera razón, además de la incompetencia que ha dicho Cebrián, que es el dinero. Para qué voy a volver a pasar productos por un escáner en un supermercado, cuando puedo ganar el quíntuple de sueldo, coche oficial, guardaespaldas… Cuando incluso puedo hacer leyes que dejen en la calle a violadores y no pasa nada, ni me cesan ni me desautorizan. Sería absurdo dejar ese chollo. También puede ser que no quiera volver a mi anterior puesto de trabajo, simplemente porque no lo tenía. Desde luego me compensa tragar sables, antes de dejar este chupe que pagan los españoles, que han sido preteridos, ninguneados, ofendidos y humillados con tantas concesiones en perjuicio de la mayoría de los ciudadanos. Y lo que es más grave, cargándose la seguridad jurídica, el principio de igualdad ante la ley y, en definitiva, la separación de poderes y el Estado de Derecho

Desigualdad entre españoles se llama eso y desigualdad entre comunidades se llama también. ¿Hasta cuándo? Yo se lo diré, hasta que los mismos que le han subido al poder lo echen, porque se den cuenta de que también a ellos los ha engañado. 

Lo injustificable es que aquellos que saben lo que está pasando no digan nada. Me refiero a Robles (a la que defendí en un artículo, ya no) y a Marlaska. Señora y señor, no olviden que son jueces y están colaborando con el final de la separación de poderes. No dicen nada tampoco ante la desigualdad de los españoles ante la ley. Principio constitucional básico, que ustedes han evitado que se produjera mientras eran jueza y juez. 

Vuelvan a la realidad, por favor.