Opinión | Error del sistema

Emma Riverola

Un rastro de humanidad

El ataque de Hamás logró volver a poner la causa palestina en el centro del debate… a cambio de sacrificar al pueblo que dice defender

La guerra entre Israel y Hamás cumple un mes: 11.000 muertos y una catástrofe humanitaria.

La guerra entre Israel y Hamás cumple un mes: 11.000 muertos y una catástrofe humanitaria. / Haitham Imad / EFE

¿Qué haremos después? Cuando Israel haya planchado Gaza, masacrado a los palestinos y expulsado o sojuzgado a los supervivientes. ¿Cómo casaremos la defensa de los derechos humanos frente a nuestra indiferencia institucional? ¿Qué haremos con el dolor y la humillación de millones de árabes y musulmanes de todo el mundo? ¿Y con el Estado que está promoviendo un genocidio por venganza y ensoñaciones mesiánicas? ¿Ayudaremos a la legión de mutilados físicos y emocionales que sobrevivan? ¿Qué diremos cuando nos recuerden los crímenes de guerra cometidos con total impunidad?

Deberíamos empezar a pensar en el horizonte tras esa iniquidad absoluta. Porque Gaza es el epicentro de un terremoto y sus ondas sísmicas nos llegarán. De un modo u otro, nos llegarán. El dolor y el miedo manan de esa tierra herida. Su vileza se extiende. Ya crece la islamofobia. También el antisemitismo. ¿Estamos preparados para apaciguarlos? 

El ataque de Hamás logró volver a poner la causa palestina en el centro del debate… a cambio de sacrificar al pueblo que dice defender. Cuesta creer que sus líderes no imaginaran la reacción de un Gobierno enloquecido como el de Netanyahu. Como estrategia es tan terrible como certera. El apoyo a Hamás está creciendo, y no dejará de hacerlo si no se crean unas mínimas condiciones para la paz. Da lo mismo cuántos milicianos o dirigentes de Hamás mueran. Su idea estará más viva que nunca. Cuando no hay nada que perder, solo queda la impotencia, la resistencia o la fe. De ahí bebe el fanatismo. 

El mismo fanatismo que ya se ha apoderado por completo del régimen sionista. Una maquinaria racista y depredadora, que encarcela las voces contrarias a la guerra, que deshumaniza a los palestinos hasta convertirlos en «animales humanos», que jalea crímenes contra la humanidad y que solo aspira a conquistar cada centímetro de su tierra prometida, aunque sea bañada por la sangre de miles de niños. 

Habrá un día en que una lluvia ácida de interrogantes caerá sobre nosotros. ¿Qué hacías tú mientras bombardeaban nuestros hospitales? ¿Qué medidas tomaste para salvarnos? ¿Advertiste a Netanyahu de su caída al abismo? ¿Diste alguna esperanza a los israelís que se resistían a caer bajo el embrujo sionista? ¿Ofreciste algo de luz a los inocentes, a todos los inocentes? Corremos el riesgo de anestesiarnos ante esa sucesión de imágenes devastadoras que nos llegan a través de las pantallas. Pero, algún día, tendremos que responder por nuestras acciones. Ojalá aún queden rastros de humanidad en las respuestas.