Opinión | Pintando al fresco

Extraños compañeros de cama

Mi pueblo ya tiene pacto, ‘de estabilidad’ lo han llamado, qué le vamos a hacer. Cartagena cuenta con gobernantes de extrema derecha en su nómina de concejales activos. Conociendo algo a Fernando López Miras y bastante a Noelia Arroyo entiendo perfectamente que les diera cien patadas en la boca del estómago tener que ceder y aceptar esta situación en sus respectivos gobiernos, pero está claro que un presidente o una alcaldesa lo que realmente quieren es ponerse en marcha y sacar adelante sus presupuestos y sus proyectos. Si para obtener eso tienen que aguantar que un miembro de su gobierno diga que los inmigrantes son terroristas, pues se achantan, aunque la idea les parezca demencial a ellos y a cualquier persona con dos dedos de seso.

O que el líder nacional de sus socios diga que el gobierno nacional actual –en funciones – es el peor que ha tenido España en los últimos ochenta años, es decir, que los gobiernos de la dictadura franquista eran mejores que este, democráticamente elegido, pues que tócate la flor María. También es verdad que siendo el presidente y la alcaldesa tan jóvenes no han vivido aquella época y aquellos gobiernos, pero siempre me podrán preguntar a mí, que sí los viví, y podría contarles cosas que les pondrían los pelos como escarpias.

Porque si hay algo que me cuesta comprender es la manía de los políticos de Vox de dar marcha atrás en los avances conseguidos en cuanto a libertad de pensamiento, democracia, opciones ideológicas personales, cuestiones de género, reconocimiento y restitución de la posición de la mujer en la sociedad tras el franquismo, rechazo a los inmigrantes, etc. etc. ‘Qué manía, joder, de dar marcha atrás’, que dice un amigo mío. Sin ánimo de parecer el abuelo Cebolleta les pondré un ejemplo o dos de lo que era el ambiente femenino en los años cincuenta bajo el palio sonrosado de la luz crepuscular, que decía una canción de la época.

En la calle donde yo vivía en Cartagena, muchas mujeres jóvenes trabajaban, pero casi ninguna de las casadas. Conocí a una sensacional mujer, de una bondad inabarcable, que tuvo en diez años, entre 1940 y 1950, cinco hijos y tres abortos, todos paridos en su casa. Estuvo a punto de palmarla un par de veces y el médico avisó al marido de que, si seguía con los embarazos y las pérdidas de sangre masivas podría morir. Pero él no hizo mucho caso, dados los resultados de la cosa y siguió su marcha. Ella tenía un miedo tremendo y cada vez que se quedaba embarazada lloraba sin parar, pero no podía ‘negarle’ a su marido ‘su derecho’ porque eso era imposible y hasta pecado mortal en aquellos tiempos. ¿Qué? ¿Volvemos a meter a las mujeres en sus casas a parir y a darle una copa de coñac al marido cuando vuelva del trabajo, porque Soberano es cosa de hombres? Porque este era el ambiente que les ofrecía el franquismo a ellas.

En cuanto al rechazo a los inmigrantes, esa manía persecutoria contra tantos seres humanos desgraciados que han pasado las de Caín para poder llegar vivos a nuestras costas, es que no se puede comprender en gente civilizada, con formación incluso. ¿Saben que hay mujeres que comenzaron solas su periplo desde sus pueblos en África y que han llegado a España en un cayuco con un niño en sus brazos fruto de las violaciones a las que ha sido sometidas? ¿Cómo es posible que uno de los socios de López Miras y Arroyo haya podido decir que las ONG que los atienden colaboran con las mafias que los han explorado al máximo para traerlos? ¿Puede una persona que mantiene esas ideas, esa absoluta falta de solidaridad humana, o de caridad cristiana, como más les guste, ser un compañero de viaje de los gobiernos del Partido Popular? Porque conozco a votantes de este partido que trabajan sirviendo comidas a los inmigrantes, enseñándoles español, procurando que aprendan un oficio para ganarse la vida en España, cuidándolos cuando llegan enfermos y agotados, etc. etc.

Ya lo sé, ya lo sé, ha tenido que ser así. La política hace extraños compañeros de cama, que dijo aquel.