Opinión | La balanza inmóvil

Amor y desamor

El amor y el desamor puede afectar no solo a los matrimonios y a los ex amantes, sino que también se extiende a todo tipo de parejas sentimentales

La cantante Shakira ha dedicado varias canciones a su expareja Gerdad Piqué a modo de ‘venganza’.

La cantante Shakira ha dedicado varias canciones a su expareja Gerdad Piqué a modo de ‘venganza’. / Cristobal Herrera

Qué bonito es el amor. Qué triste es el desamor. Y qué fea es la venganza. Cuando una relación sentimental acaba, siempre una parte pierde más que la otra. Y no me estoy refiriendo a lo económico, que también (ya es sabido que el sistema patrimonial del matrimonio es: para uno de los cónyuges, gananciales y para el otro, perdenciales) sino a la sensación de fracaso, despecho y pena. Ni el comprarse ropa interior nueva, apuntarse a un club de senderismo, iniciarse en yoga o empezar a bailar bachata, consuela. Claro, que el tiempo todo lo cura. Pero si la parte que se siente más ofendida decide, no solo poner a parir a la otra parte, ante las amistades comunes, que es lo habitual, sino también dedicar canciones o escribir un libro, la cosa se pone fea de verdad. Recuerdo cuando un matrimonio se rompió y la esposa escribió sobre su relación, relatando escenas de amor entre ellos. El libro se agotó en tres meses, porque además de ser un personaje público, era en una ciudad pequeña, donde todos se conocían. Recientemente, la Audiencia Provincial de Barcelona ha condenado a una mujer a 5.000 euros por intromisión ilegítima al honor de su ex amante, por relatar en una novela sus peripecias amorosas. Ambos estaban casados con sus respectivas parejas de siempre. Lo malo fue que la novela dio demasiados detalles, como que era bajito, con barba canosa e incipiente calvicie, la calle donde vive, fecha de nacimiento... No coló, pues, que se trataba de un personaje de ficción. La novela era más real que la vida misma. Mejor suerte ha tenido -quizás porque no ha sido denunciada y porque ha mostrado mucho más estilo- Shakira, dedicándole letras de sus nuevas canciones a su antaño adorado Piqué. Con sutileza, claramente, comparó a la nueva novia con un coche y con un reloj. Su gracia, aunque con mala uva también, tienen sus éxitos musicales, donde la fuente de inspiración es desamor. Y, de hecho, existen muchas más canciones dedicadas al desamor que al amor. Será porque las musas también sufrieron algún que otro desengaño amoroso.

Pero el amor y el desamor puede afectar no solo a los matrimonios y a los ex amantes, sino que también se extiende a todo tipo de parejas sentimentales. No en vano, el Tribunal Supremo acaba de equiparar a las parejas de hecho con el matrimonio a efectos de conformar una familia numerosa. Eso sí, como no es un contrato -si acaso un cuasicontrato-, se precisa estar inscrito en un registro administrativo de parejas de hecho, o haber prestado una mutua manifestación de voluntad ante notario con anterioridad a pedir un derecho, ya sea de familia numerosa, de indemnización por desequilibrio económico o simplemente para la pensión de viudedad. No vale con haber firmado una hipoteca, haber comprado una casa a medias o incluso tener hijos en común para acceder a esas prestaciones si no se ha hecho previamente una de esas dos cosas. El Supremo, sin embargo -en mi opinión muy acertadamente- está relajando estos requisitos de forma, y espero que en un futuro valgan esas circunstancias, sin necesidad de requisitos administrativos previos. La culpa la tiene, en cualquier caso, la ausencia de una ley nacional de parejas de hecho en condiciones, o una ley autonómica suficiente que lo supla.

No obstante, lo peor de lo peor es cuando abusando de un amor engañoso estafan a otra persona. El caso más reciente se encuentra en dos timadores que han sacado a doce personas 175.000 euros con promesas de amor. Una de ellas fue una mujer, de un pueblo alicantino, que entabló una relación romántica virtual con un presunto célebre cantante español. El engaño consistió en decirle que él vivía en EEUU y había recibido una suculenta herencia en lingotes de oro. Pero como no tenía dinero para pagar las tasas y los impuestos para recibir ese legado, le sacó cerca de 82.000 euros, con la promesa de devolvérselos cuando cobrara el oro. Descubierto el pastel por la alicantina, el engañador tuvo la osadía encima de decirle que si lo denunciaba lo convertiría en un estafador y no vería el dinero, pero que si no lo hacía, le devolvía inmediatamente la cantidad. Menos mal que no le hizo caso y ya está detenido. Esto sí que es un delito. Lo otro, con más o menos gracia, sobre todo para el que lo sufre, es solo una venganza, o un legal derecho al pataleo.