Opinión

Pedro Cano, un pintor con alma

Pedro Cano se encuentra entre los mejores pintores españoles. Un pintor que ha hecho del difícil arte de la acuarela su seña de identidad, porque es tanta la seguridad que Pedro tiene en sus cualidades que, el sí, el sí se atreve a cultivar esta difícil técnica

El pintor Pedro Cano.

El pintor Pedro Cano. / L.O.

Tengo amigos y amigas en Madrid a los que advertí de lo conveniente de visitar la exposición Siete, del pintor de Blanca, Pedro Cano. Una exposición que durante todo el mes de octubre ha colgado de las paredes del centro cultural de Madrid, Casa de Vacas, en el Parque de El Retiro, y que ha recibido la visita de miles de visitantes que, como mis amigos y mis amigas, han quedado asombrados del descubrimiento, para algunos de ellos, de un pintor con la magia de Pedro Cano.

Y ha sido clausurada, dejando en el ánimo de los que han tenido la fortuna de verla, la sensación de que Pedro Cano se encuentra entre los mejores pintores españoles. Un pintor que ha hecho del difícil arte de la acuarela su seña de identidad, porque es tanta la seguridad que Pedro tiene en sus cualidades que, el sí, el sí se atreve a cultivar esta difícil técnica. Una técnica con la que poco pintores se atreven, quizás porque en su práctica no hay lugar para las equivocaciones. Mientras que la pintura al óleo y el acrílico se pueden corregir, e incluso sobrepintar en ellas, la técnica de la acuarela no permite equivocaciones. Un problema que quizás aleje a muchos pintores del ejercicio de este método, porque no todos tienen la seguridad en su práctica que posee Pedro Cano.

Pero como quiera que esta exposición, Siete, sobre todo, refleja con crudeza el mundo de la migración, la técnica elegida por el pintor fue el óleo, para poder utilizar la fuerza del blanco y negro en cada uno de los siete enormes trípticos que dan nombre a la muestra.

Siete trípticos que nos hablan de las vivencias del pintor en sus viajes, pero, sobre todo, de lo que le ha marcado de manera especial en los mismos. Ese mundo de los migrantes que parece haber quedado dibujado a fuego en su alma, pero también en sus pinceles, porque no se puede reflejar así esa sensación de ausencia, de esperanza también, si no se ha viajado con los ojos del corazón muy abiertos para poder captar la verdad de tanta y tanta gente que es despreciada por el solo hecho de existir. Una existencia que, en estos cuadros de la exposición, discurre entre la espera, el atillo al hombro, el traslado de otros cuerpos en un canto a la solidaridad sin límites. Y ese blanco y negro que ha hecho exclamar al crítico Quique Martínez Hueso: «Siete te conmueve. Te hiela».

Leí la entrevista que Asier Ganuza le hacía a Pedro, en las páginas de La Opinión, el pasado lunes. Y emociona que un artista tan grande continúe atesorando esa gran modestia de la que hace gala en la misma. Como cuando le conocí recién llegada a Murcia y Paco García, mi compañero, mi amigo de RNE, me lo presentaba con el orgullo de quien sabe que te está haciendo un favor, al darte la oportunidad de conocer, no solo a un gran pintor; de conocer, sobre todo, a un ser humano excepcional, para quien una de las cosas más importantes de su vida es viajar con un blog de dibujo y captar la verdad de los paisajes, de la gente, pero también charlar con los amigos y si es hablando de las cosas de Blanca, de sus vivencias en Murcia, mucho mejor, porque su sentido de la amistad y el amor por su tierra han ido aumentando a lo largo del tiempo hasta sentir la necesidad de quedarse entre nosotros de manera definitiva, aunque sus viajes continúen estando en su agenda diaria. Como el emprendido ahora a Roma para, entre otras cosas, inaugurar en la sede del Instituto Cervantes su muestra Teatros, y para recorrer, una y otra vez, esos rincones de la ciudad eterna que quedaron plasmados en sus blogs, que llenaron su retina de lugares imposibles y que hicieron que amara esa ciudad donde es Pedro Cano, un pintor con mayúscula, un ser humano excepcional, un artista de Blanca, de Murcia: una tierra a la que ama.