Opinión | Limón&Vinagre

Paris Hilton: Un meme de 1.300 millones de dólares

Fue internet lo que alumbró a Paris Hilton para el planeta en 2004, cuando su expareja filtró un vídeo sexual que se extendió a través de móviles cuya calidad de imagen se intuía más que mostraba

La empresaria Paris Hilton, en un encuentro sobre creatividad en Cannes, en junio de 2022.

La empresaria Paris Hilton, en un encuentro sobre creatividad en Cannes, en junio de 2022. / Eric Gaillard / Reuters

El pasado día 19, Paris Hilton (Nueva York, 42 años) publicó una foto de su bebé, Phoenix Barron, alumbrado por gestación subrogada y nacido poco más de un año después del matrimonio de Paris con Carter Reum, prócer de magnate y milmillonario. Con una Paris sonriente y maternal, madre e hijo posan felices en Instagram. Los haters no repararon en la retocada jovialidad de la copropietaria del imperio hotelero que lleva su apellido, sino en el niño, objeto de burlas por el tamaño de su cabeza. La cuestión aún sigue viva entre quienes defienden a la celebrity, los que comparan a la criatura con un personaje de Marte ataca y médicos de medio pelo que desgranan teorías sobre la hidrocefalia.

Por si no hubieran sido cuantiosos los daños colaterales por exponer a un niño al escarnio, lejos de guardar silencio hasta que la lluvia amaine, la madre alimenta a los trols con doble ración de carnaza. «Simplemente, tiene un gran cerebro», dijo primero. Y después: «Si no publico fotos de mi bebé, la gente asume que no soy una buena madre, y si las publico, hay algunas personas que son crueles y odiosas», lo que confirma que jamás escuchó a El Último de la Fila: «Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir».

La biografía de Paris Hilton la define como empresaria, modelo, actriz, cantante, filántropa, diseñadora y DJ, aunque en realidad no es nada de esto a tiempo completo, acaso empresaria, pues ha convertido su vida en una sociedad limitada que le evita tener que vivir de las rentas del grupo hotelero. Su actividad como influencer, sus programas de telerrealidad, los productos que la patrocinan -perfumes, ropa, complementos- y, en suma, su profesión de celebridad, la han procurado una fortuna que los medios fiables sitúan en 1.300 millones de dólares. Su caché en España como discjockey -llegó a pinchar en Ibiza- es de 260.000 euros la hora.

Hija de la viralidad

Como patrona no destaca por su extrema generosidad. Un empleado suyo gana 35.156 dólares al año y el de más antigüedad obtiene 65.200. Su abuelo Barron donó a una fundación el 97% de su fortuna, aunque su nieta ya es autosuficiente.

Paris desciende de Hilton, pero es hija de la viralidad y se resiste a salir de ese habitáculo. Nació en la red de redes porque fue internet lo que, contra sus deseos, la alumbró para el planeta en 2004, cuando su expareja filtró un vídeo sexual grabado tres años antes que se extendió a través de móviles cuya calidad de imagen se intuía más que mostraba. A diferencia de Pamela Anderson y Tommy Lee, cuyo vídeo se conoció a mediados de los 90, Paris no era mundialmente famosa. Todo estalló. La heredera del imperio Hilton practicándole una felación a su novio. Su viralización por medio de las tostadoras de DVD, los Motorola y las Blackberry coincidió con los primeros pinitos de la socialite como actriz y su aparición en una serie de televisión. Bum. Hasta ese año, por aquí solo conocíamos la marca Hilton por sus lujosos hoteles. La fama mundial de Paris germinó en la cama de un hotel y saltó a la parte de atrás de los videoclubes y a las galas de premios del cine de adultos, hasta su consolidación definitiva en las webs porno.

El DVD no masacraba carreras. De haber existido Instagram por aquel entonces, ninguna marca habría apostado por ella, pero todavía faltaban dos años para que naciera Twitter, cuatro para el primer like de Facebook y seis para la plataforma de vídeos y fotografías donde Paris Hilton acumula más de 25 millones de seguidores. La cifra es paupérrima si la comparamos con la reina del medio, Kim Kardashian y sus 364 millones de followers; muy discreta en relación a it girls con pedigrí como Chiara Ferragni (29,7); a años luz de Georgina Rodríguez (52,4 millones); o sin nada de lo que presumir al lado de Úrsula Corberó (21,6 millones de seguidores).

Para lo bueno y para lo malo, internet es hoy el reino de Paris. A partir de 2007, cuando llegó a ser detenida por conducir borracha, descendió hacia perfiles más bajos. En la red se ha ganado a pulso tanto su lavado de imagen como la mofa de sus detractores cada vez que publica que se le ha muerto un perro, el último el pasado mayo. Es el precio por situar al mismo nivel a un chihuahua de 23 años que a un niño de 10 meses en la plataforma en la que mamá hace caja. «La primera vez de mi precioso ángel bebé Phoenix en Nueva York», tituló el post de la polémica. La primera vez. Habrá otras muchas. Al niño-meme le espera una larga carrera y solo acaba de empezar.