Opinión | Luces de la ciudad

Un conejo en la chistera

En esta, como en tantas otras cuestiones de la vida, nos vemos abocados a posicionarnos en un lado o en otro. O estás conmigo, o estás contra mí

Niñas palestinas jugando.

Niñas palestinas jugando.

Andaba yo aquellos días, casualmente, entre columnas y arcos de sinagogas y mezquitas, en la llamada ciudad de las tres culturas, Toledo, donde judíos y musulmanes, junto a cristianos, convivieron durante siglos; cuando se produjo el terrible atentado terrorista de Hamás y la desproporcionada respuesta militar de Israel. 

Durante un breve espacio de tiempo, tuve la vaga esperanza de que se declarara un alto el fuego en la zona que frenase aquella espiral de muerte y odio. Iluso de mí. Muy al contrario, tres semanas después, la tensión ha aumentado, los bombardeos se han recrudecido y la ayuda humanitaria llega con cuentagotas. Es más, es posible que, a la publicación de este artículo, haya comenzado ya la tan anunciada invasión terrestre de la franja.

Es indudable que, tras los múltiples análisis realizados por auténticos expertos en el conflicto palestino-israelí y la cobertura informativa que ofrecen a diario todo tipo de medios de comunicación, sería una insensatez por mi parte pretender aportar aquí algún dato de interés sobre este asunto. Ahora bien, quede claro que todo esto me parece una barbarie en su conjunto. Una barbarie lo que hizo y hace Hamás. Una barbarie lo que hizo y hace Israel. Y una barbarie el comportamiento de la comunidad internacional. Bueno, pues ya está, si no lo digo, reviento.

En cualquier caso, este conflicto vuelve a poner de manifiesto el estado de extrema polarización en el que vive hoy día nuestra sociedad. En esta, como en tantas otras cuestiones de la vida, nos vemos abocados a posicionarnos en un lado o en otro. O estás conmigo, o estás contra mí. O es blanco o es negro. O eres de izquierdas o eres de derechas. O bueno o malo, alegre o triste, del Madrid o del Barça, de playa o de monte, propalestino o proisraelí.

El asunto es que, en este mundo de antagonismos, donde el antónimo campa a sus anchas, nos vemos continuamente obligados a elegir, y a soportar, por tanto, el tormento crónico de la duda. Y está claro que, según la Ley de la Polaridad, todo en el cosmos, es decir, todos los elementos de la vida, tienen un polo opuesto, pero tal vez no deberíamos ser tan tajantes a la hora de decidir: esto sí, esto no; y plantearnos un ‘podría’ ser esto o aquello y aceptar que igual de buenas o malas, de verdaderas o falsas pueden ser todas las posibilidades. ¿O es que, simplemente, estamos perdiendo el sentido crítico y empezamos a dejarnos arrastrar por ciertas directrices cuyo único objetivo es colocarnos en el polo previamente asignado para nosotros?

En fin, hoy siento la necesidad imperiosa de ser positivo, algo que no resulta complicado en mí, a pesar de que la vida te ponga a prueba constantemente, por tanto, creo que es el momento idóneo para que alguien, a quien corresponda, rescate de su trastero el kit de ‘Magia Borrás’, y utilice su varita mágica para sacar de una vez por todas el conejo de la chistera. Un conejo que acabe definitivamente con los atentados terroristas, con la existencia de rehenes, con las bombas y con las muertes innecesarias de inocentes. Un conejo que establezca el equilibrio entre los polos y permita que todo el mundo regrese a sus hogares, los que aún queden en pie; que se cubran sus necesidades básicas; que su vida continúe con total y absoluta normalidad, como si eso fuera algo tan sencillo; y que los niños vuelvan a correr, a jugar y a reír por las calles de Gaza e Israel. 

Magia.