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Colectivo de Mujeres por la Igualdad en la Cultura

Mujeres valientes

El comité que otorga el Nobel ha resaltado que el premio a Narges Mohammadi es el reconocimiento a todas las mujeres iraníes y su lucha por la libertad

Narges Mohammadi, periodista y activista iraní galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2023.

Narges Mohammadi, periodista y activista iraní galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2023. / AFP

El pasado día 6 de octubre el Comité Noruego otorgó el Premio Nobel de la Paz para el año 2023 a la periodista y activista iraní por los derechos de las mujeres Narges Mohammadi. Esta mujer de 51 años, que desde hace 10 se encuentra cumpliendo condena en una prisión de su país, empezó su lucha «contra la opresión de las mujeres en Irán» y la promoción de «los derechos y la libertad de todos» desde muy joven. La primera vez que fue detenida tenía 26 años y desde entonces ha sido encarcelada 13 veces, la última en enero del año 2022, cuando, además de la condena de prisión, fue castigada con 154 latigazos. A pesar de sus problemas de salud (Mohammadi ha sufrido varios ataques cardiacos en prisión y síntomas relacionados con la epilepsia, provocados por los interrogatorios a los que ha sido sometida tras cada una de las detenciones), asegura que «el reconocimiento a su trabajo incrementará su resolución, su responsabilidad, su pasión y su esperanza».

El régimen iraní es particularmente agresivo y sanguinario con las mujeres, a las que priva de todos sus derechos e impone sus leyes, para lo que recurre a coacciones, detenciones, torturas e incluso penas de muerte. Hay que recordar el caso de la joven Mahsa Amini, de 22 años, que fue arrestada por la llamada «policía de la moral» por no llevar bien colocado el hiyab o velo islámico, y que falleció en circunstancias no muy claras tras el interrogatorio al que fue sometida. Este caso provocó una oleada de solidaridad en todo el mundo y sacó a las calles a cientos de mujeres.

La última acción represiva del régimen de Teherán ha ocurrido hace tan solo un par de semanas. Armita Garavand, una adolescente de solo 16 años, fue agredida por la «policía de la Moral» por no llevar cubierto el cabello con el velo obligatorio. Como consecuencia de la agresión está ingresada en el hospital con un traumatismo craneal. La versión oficial dice que se cayó y se golpeó la cabeza debido a una bajada de tensión. Pero permanece custodiada por la policía sin poder recibir visitas de sus familiares. Su madre, que pone en duda la versión oficial, fue detenida el pasado jueves.

Estos hechos, unidos a que las mujeres siguen ignorando la ley del hiyab, a pesar de la creciente represión respaldada por el endurecimiento de las leyes, ha hecho que las protestas vayan en aumento y también las actuaciones para reprimirlas, que se ceban especialmente sobre las mujeres periodistas. Según Reporteros Sin Fronteras el 44 % de los periodistas detenidos en Irán son mujeres. Esto, según la ONG pone de manifiesto «la intención sistemática del régimen iraní de silenciar las voces de las mujeres».

Pero la voz de las mujeres no se calla. Como señala la periodista y activista Nazila Golestan desde el exilio en París: «Las mujeres son las pioneras de la revolución para la igualdad de género, y han estado en primera línea para la transición de la teocracia a la democracia secular. No temen el riesgo de ser detenidas, torturadas o incluso asesinadas, sino que informan de las noticias inmediatamente». Mujeres como Nilufar Hamedi y Elahe Mohammadi, las primeras periodistas que hicieron pública la muerte de Masha Amini

O como Nazila Maroufian, encarcelada por publicar una entrevista con el padre de la chica en la que este negaba que su hija padeciera ninguna enfermedad.

El comité que otorga el Nobel ha resaltado que el premio a Narges Mohammadi es el reconocimiento a todas las mujeres iraníes y su lucha por la libertad. En su caso se suma, además, el enorme coste personal que le supone su activismo. Desde la prisión en la que cumple condena sigue denunciando los métodos represivos del régimen sobre las mujeres, como los malos tratos ‘sistémicos’ a las presas políticas y detenidas por delitos penales. 

Alzar la voz desde prisión le ha supuesto llevar casi año y medio sin poder hablar directamente con su marido y sus hijos, a los que no ve desde hace 8 años y de los que se separó cuando solo eran unos niños, y que viven exiliados en Francia desde el año 2015.

La lucha por los derechos de las mujeres y contra las injusticias, las violaciones de los derechos humanos, y la violencia sistemática contra los más vulnerables en todos los países del mundo nos compete a todas y a todos. Esperemos que este reconocimiento otorgado a Narges Mohammadi sirva para que la lucha de estas mujeres valientes tenga la visibilidad que merece y no quede sepultada en el olvido.