Opinión | Noticias del antropoceno

Una manada de planetas vaga por la Galaxia

Reconozco que mi interés por el cosmos y la astrofísica se deriva de dos circunstancias: la extraordinaria calidad de los documentales sobre el tema y el hecho de que las voces de sus narradores y el ritmo de lo que cuentan resultan tan sedantes que me ayudan a conciliar la siesta. No son las siestas de la llave, pero se parecen en su extensión.

Después suele ser fácil recuperar el hilo. Apenas me habré perdido unos pocos millones de años de la narración, una nadería cosmológica.

Esa cultura astrofísica me ha llevado a admirarme estos días con el hallazgo realizado a través del telescopio James Webb, lanzado recientemente al espacio y fuente de casi diaria de nuevos y espectaculares descubrimientos, de un cerro de más de quinientos planetas errantes situados que vagan por el espacio sin sujeción a un sistema solar o estructura parecida.

La existencia de planetas errantes es conocida desde hace tiempo, pero lo más sorprendente es que esta horda se comporta con una cierta uniformidad, como si de una constelación de planetas rebeldes se tratara, y que una parte considerable de ellos se agrupan en parejas, como si el destino de una infinita soledad en el espacio no fuera de la entera conformidad de algunos de ellos. 

Hace también pocos días descubrimos unas galaxias formadas apenas unos cientos de millones de años después del Big Bang, brillar con una madurez inusitada. Finalmente, los astrofísicos nos aclararon que se trataba mayormente de un efecto óptico, lo que nos devolvió la tranquilidad perdida. Pensar en términos cosmológicos me aporta una inmensa perspectiva y me hace darme cuenta de lo relativo que son cosas como la muerte o la amnistía a Puigdemont, por no ir más lejos. 

Seguramente el que escribe esto y los que lo leen no lo verán, pero no es imposible que algún día, en el futuro, la manada de planetas que vagan como vacas sin cencerro por nuestra galaxia pasen cerca de una supernova recién estallada y desvíen su curso para entrar en nuestro sistema solar y amargar la siesta de nuestros confiados descendientes.