Opinión | Nombres Propios

Apóstol del árbol y guardián de las dunas

Ricardo Codorniú y Stáric

Ricardo Codorniú y Stáric

Celebra Murcia el centenario del óbito de don Ricardo Codorniú y Stárico, el ingeniero de montes nacido en Cartagena y fallecido en Murcia, en 1923. ‘El Apóstol del Árbol’, se le llama en toda la Región. Fue consuegro y amigo del Ministro de Alfonso XIII, Juan de la Cierva Peñafiel, y tuvo por yerno al no menos insigne murciano Juan de la Cierva Codorniú, el inventor del autogiro, ese elemento primordial para la evolución técnica de la aviación de hélice moderna. Entre grandes hombres de ciencia y de técnica anda la cosa. Juan de la Cierva fue ingeniero de caminos, su padre, abogado.

Pero hablemos de Ricardo Codorniú, que es el celebrado. En el parque del Retiro de Madrid, entre árboles, hay un busto suyo, réplica del que tenemos en Murcia, en Santo Domingo, al amparo del famoso ficus que un día, de infausta memoria, colapsó. Pero si es justo que conozcamos a don Ricardo como ‘Apóstol del Árbol’, habría que añadirle el título de ‘Guardián de las Dunas’, por las de Guardamar. No es más meritoria una hazaña civil que otra, en la biografía como técnico de don Ricardo. Y convendría recordar las dos: la repoblación de Sierra Espuña, entre otras sierras aledañas, de una parte; y la detención del avance de las dunas hacia la población de Guardamar en el cambio de siglo del XIX al XX, de otra.

Fueron dos desastres naturales, en poco tiempo, históricamente hablando: La riada de Santa Teresa, en 1879, y la terca y continua amenaza de las dunas hacia la población de la desembocadura del río Segura, por las mismas calendas, sensu lato. La riada se ocasionó por una descarga fenomenal de una ingente masa de agua que, desde la cabecera del Guadalentín, abocó a la misma Murcia. Esa masa de agua fue aumentada en su camino por todas las entonces peladas sierras que abocan al valle de dicho afluente del Segura, la más significada la de Sierra Espuña. Todas recibían simultáneamente agua y agua de la misma borrasca en la zona anclada. Se llegó los 2000 m³/sg en Orihuela, poco menos en Murcia. El agua discurría sin barrera alguna por las perfectamente lisas faldas.

Por el tiempo, comenzó una larga temporada de vientos de levante norte, fuertes, sobre la costa de Alicante y Murcia. Las olas traían arena, se depositaban en la playa y el viento las empujaba hacia la población. Hasta ocho metros avanzaron las dunas tierra adentro en un año.

Dos grandes retos, que fueron puestos en vías de solución por el ingeniero Codorniú. Y por estas dos causas debe ser recordado: riada y dunas. Mención indispensable para el también ingeniero de montes, Francisco Mira, que, sobre el terreno, dirigió a los mil operarios que encañizaron primero y repoblaron después, según los planos e indicaciones de Codorniú, lo que hoy los naturales denominan como ‘La Pinada’.

¿Cuántos incendios forestales han sido sofocados por la acción de los helicópteros? Los helicópteros son hijos de los autogiros, como las naranjas del naranjo. Imagino a don Ricardo mirando orgulloso como los bosques ardientes son apagados por el invento de su yerno. Y malhaya a los que tachen de cursi este imaginar mío.

Por eso, y, aprovechando la ocasión, este cronista invita al Gobierno Regional a desdeñar la decisión gubernamental del gobierno revanchista de la Memoria Democrática (de parte), de eliminar el nombre de Juan de la Cierva al Aeropuerto Internacional de la Región de Murcia. Recordemos que ese gobierno antedicho no ha prohibido nominar a estadios y otros megaespacios públicos catalanes con el nombre Lluís Companys, en cuyo haber figura la atrocidad de firmar de casi 8000 órdenes de fusilamiento contra sus opositores políticos.

¡Loor a don Ricardo y a don Juan!