Opinión | Nos queda la palabra

Julián García Valencia

Merecidas

Julio siempre termina bien, con más vacaciones, pero en este caso se ha superado, y no solo en calor. Domingo, 23J ,de celebración democrática, derrotada la mentira y el odio. Lunes, con el Fondo Monetario Internacional, situándonos a la cabeza de crecimiento económico. Martes, de despedida matutina de una comunicadora, que ha destilado, a través de la pantalla, todo tipo de veneno, intentando, como un gran número de medios de comunicación, nacionales y regionales, normalizar lo que es una amenaza para la convivencia. Miércoles, de goleada de una sección española de fútbol, ninguneada siempre por ser deporte femenino, pero que, afortunadamente, asalta tanto las porterías como las portadas. Jueves, de una encuesta, la EPA, a la que ya no tenemos ningún miedo pues, cada vez que se publica, marca récord de empleo y ocupación, aunque aumente la población activa. Viernes, de besos en una pequeña localidad cántabra, como desagravio a la censura de la película infantil Lightyear.

Y así «hasta el infinito y más allá», para iniciar el fin de semana que durará un mes para cada vez, más españoles, gracias a una reforma laboral que se acerca al pleno empleo.

No me dirán que la rampa de lanzamiento no se ha puesto estupenda. Es verdad que otros, los de siempre, tienen más que celebrar. Bancos, energéticas y grandes empresas de alimentación no cesan de engordar su fortuna a causa de los hipotecados, y de una factura capaz de vencer a la excepción ibérica y a lo que se ponga por delante. Les daré, no obstante, otra buena noticia. Sus escandalosos beneficios tendrán que seguir compartiéndolos con el común de los mortales, tras soñar con una victoria electoral de los que querían volver a sus reglas de juego.

Sumen a ello un buen libro, la sombra de un frondoso árbol, una cerveza bien fría compartida con los amigos, el mar y la montaña, las risas, pasar el tiempo libre con los tuyos y, ante todo, un horizonte ya despejado. 

Felices vacaciones.