Opinión | Poco nos pasa

Macedonia

Ante la macedonia que nos hemos servido en la mesa, no gana el que más votos tenga, como pretenden unos, sino el que más alianzas puede tejer

Apoderados de Vox y Sumar en las elecciones del 23J

Apoderados de Vox y Sumar en las elecciones del 23J / Iván Urquízar

La España plural ha vuelto a hablar. Y digo plural porque no hay otra. Si no, miren el Parlamento elegido el domingo: derecha, muy derecha, izquierda, muy izquierda, nacionalistas, independentistas de derecha, secesionistas de izquierdas, regionalistas…

Nos gusta la fiesta y la siesta, la tortilla de patatas y las croquetas. A partir de ahí, no hay quien nos entienda. De ahí nuestra magia.

Sin embargo, en este país hay un nutrido grupo de personas que consideran que son los únicos con derecho a defender los colores de la bandera, los únicos con autoridad suficiente para ponerle voz a toda la nación y, como consecuencia, para acallar a lo que consideran una minoría desviada e irrelevante.

Hablan de ‘Gobierno Franskenstein’ cuando ven a varios partidos ponerse de acuerdo para gobernar para la mayoría social. Llegan, incluso, a rescatar el concepto de Frente Popular para darle a la política de consenso un aire ‘guerracivilista’.

No soportan el diálogo porque no lo ejercen o, más grave aún, porque no tienen a nadie con quien hablar.

Ante la macedonia que nos hemos servido en la mesa, no gana el que más votos tenga, como pretenden unos, sino el que más alianzas puede tejer.

Con quien se ha pasado los últimos años escupiendo veneno sobre otros por el mero hecho de ser o pensar diferente, con quien no ha dejado de alimentar la polarización hasta provocar que en las casas no se pueda hablar ni de política o con quien ha sacado a Txapote de la cárcel en campaña para sacar rédito político nadie quiere pactar. Se autoexcluyeron ellos solos de toda conversación.

De hecho, hasta han sugerido ilegalizar a buena parte de esos partidos minoritarios que llenan de color el Parlamento donde reside la soberanía de todos. Resulta que esas formaciones pequeñas son las mismas que se van a unir para cerrarles cualquier posibilidad de alcanzar el poder, en un ejercicio de supervivencia patrocinado por el karma.

Yo no me atrevería a decir que los españoles votaron el 23 de julio por continuar con el proyecto progresista iniciado en 2018. Tampoco diría que han decidido un cambio de rumbo de 180 grados. Está todo bastante confuso como para descifrar si vamos a tener que votar una vez más o Pedro Sánchez, ‘El Renacido’, conseguirá gobernar en un Congreso tan variopinto. Sí digo que los ciudadanos han votado a favor de una macedonia de partidos que aportan color a la Cámara Baja y la aleja del blanco y negro. Que quien quería poner orden por la fuerza se ha llevado un buen rapapolvo. Y que quien quiso apoyarse en el intolerante disfrutará de su misma soledad.