Opinión | Apuntes del natural

Mosquitos, jefes y divorcios

Día importante. ¿Han votado ustedes ya? Yo lo haré esta tarde. Estoy en el Mar Menor y he de ir a Murcia. No, no voté por correo, aunque ahora me arrepiento. Pero, no me quedo sin votar bajo ningún concepto. Estuve sin meter la papeleta más de treinta años de mi vida, y ahora no me para nadie. Por cierto, hoy es el 23 del año 23. Quizás esta cifra nos traiga suerte y haga que gane el mejor, aunque yo, con tal de que no gane el peor, me conformo.

Más madera. No sé si han visto ustedes la segunda entrega de la boda de Tamara Falcó en la revista Hola! Menuda metida, oiga. Otra vez los mismos invitados de chichinabo (he leído por ahí que los de más prosapia no han acudido poniendo excusas). Además, está claro que a los redactores y fotógrafos les ha faltado material aprovechable de la boda porque han llenado la revista de cosas de esas que ellos publican siempre sobre la marquesa de esto o la princesa de lo otro, vestidas de particular, mostrando su casa de verano llena de cachivaches dorados espantosos. Y de la fiesta de la boda solo unas páginas en las que se vuelve a ver a los mismos de la semana pasada. Eso sí, con publicidad de la cara. A lo mejor también le han dado a esta revista la exclusiva del divorcio.

¿Qué será lo de ‘pansía’? Una mujer al empleado de la frutería: ‘La sandía que me llevé el lunes me ha salido más sosa imposible. Está como ‘pansía’…’

Una escena de la serie 'Castigo'.

Una escena de la serie 'Castigo'.

Serie. Estoy viendo una serie interesante. Se llama Castigo, y es nórdica. Dicen que es un Black Mirror, más o menos, pero no llega a tanto. Son 6 episodios independientes basados en unos relatos cortos, y se nota mucho que proceden de un libro y no de un guion para televisión porque son más literarios. Cada episodio está filmado por un director diferente y hay uno que ha querido hacer ‘algo distinto’, ‘creativo’, con un ‘toque personal’. Indudablemente resulta original, pero es una lata seguirlo y además es el más duro de todos y resulta bastante desagradable. Pero es buena televisión.

Carne en venta. Cada vez que leo o escucho en los medios de comunicación que un club de fútbol ‘vende’ a un jugador, o ‘tiene que venderlo porque quiere comprar otro’, o que ‘va a cambiar a uno bueno por dos medianos’ me resulta totalmente desagradable. No sé, antes se usaba más el verbo ‘traspasar’ para estos asuntos, e incluso se decía que se había pagado un ‘traspaso’ de tanto. Pero ahora es como si hablasen de un mercado de carne humana. 

Peligro. Veo a unos pintores trabajando al sol con un calor sofocante. Le digo a su jefe que eso no puede ser. Él, bromeando, me responde ‘Si hubieran estudiado más no tendrían que estar aquí’. Yo insisto, y él se los lleva a la sombra. Veo que tienen botellas de agua frías y que beben continuamente de ellas. 

Asco de censura. El miércoles, en ORM, en la tertulia del programa Tarde Abierta, que tan hábilmente dirige la periodista Lucía Hernández, hablamos de la censura, esa plaga que ha vuelto a aparecer en nuestras vidas como si de la sarna se tratara. Es increíble que de nuevo haya personal en la política que no quiera que pequemos viéndole una teta a una señora o un glúteo a un señor. Y también que prohíba una obra de teatro porque la interpreta Ana Belén, que fue comunista hace aproximadamente un siglo, y que qué tendrá que ver que sea de izquierdas para que veamos en ella a una excelente actriz. Casi se me había olvidado cuando los del grupo de Teatro Isidoro Máiquez teníamos que llevar las copias de la obra que íbamos a representar en Cartagena a que un censor las aprobara, las mutilara, o las prohibiera. Cagondié. 

Una señora a mí. ‘Este año, los mosquitos ya no es que piquen, es que muerden’.

Se está muy bien. Pongo en conocimiento del personal que el agua en el Mar Menor está completamente transparente, que hay algunas medusas, pero son de esas marrones (de ‘huevo frito’, que se llaman científicamente) que no pican y que filtran el agua. No es que haya que agradecer su presencia, pero molestan muy poco. O sea, que vengan ustedes a bañarse y a disfrutar de la excelente gastronomía de la zona. Vengan y lo entenderán. Por cierto, todos esperamos que Carlos Alcaraz venga a visitar a su abuelo que veranea aquí, en Los Urrutias.