Opinión | Pintando al fresco

Oposiciones

Primera prueba de las oposiciones de Secundaria y FP del pasado sábado 17 de junio.  | JUAN CARLOS CAVAL

Primera prueba de las oposiciones de Secundaria y FP del pasado sábado 17 de junio. | JUAN CARLOS CAVAL / a.sánchez

Ajenos a todo lo que no sea su vital tarea de estos días, los opositores andan haciendo exámenes por aquí y por allá, algunos en condiciones terribles por el calor y la falta de aire acondicionado en los lugares a los que han de acudir sufriendo las temperaturas de estos días. Por cierto, a los que se están examinando para acceder al cuerpo de profesores estos calores les sirven de entrenamiento para lo que se les viene encima, si aprueban, porque en esas aulas hace el mismo calor cada año y hay que añadirle el que emana de los muchachos y las muchachas que, en cifras bastante altas, llenan las aulas. Bien es verdad que, a cambio, en invierno hay días que das las clases cayéndosete la moquita por el frío. Vaya una cosa por la otra.

Estos días, nosotros sabemos más de los opositores a la Enseñanza que de las otras porque en nuestra Región se están llevando a cabo esos exámenes. Pero hay bastantes hombres y mujeres que se han presentado a otras especialidades en distintas comunidades autónomas, o están presentándose a las estatales, que no son moco de pavo, y que llevan estudiando años para intentar aprobarlas. Muchos suelen decir que las oposiciones son muy duras pero que, si se aprueban, traen consigo una vida de relajamiento total. Esto, obviamente, no es así. Es cierto que cada mes el Ministerio paga los sueldos, pero, como en cualquier otro empleo, tienes que currar y con una tremenda responsabilidad en lo que haces, y no creo que un inspector de Trabajo, un juez, un médico o un profesor, puedan estar mano sobre mano en sus lugares de trabajo, tocándose, y esperando la paga.

De esto de las oposiciones, cada uno de los que hemos pasado por ellas siempre tiene algo que decir, como las historias de la mili. Yo he contado que a mí me salió ‘el adjetivo’ y que lo llevaba perfecto, por lo menos cinco mil veces. Bien es verdad que, cuando voy por la mitad de la historia y veo la cara de aburrimiento de mis interlocutores, ninguno de la enseñanza, ni de mi especialidad, suelo cortar el rollo y pedir perdón a la audiencia. En cualquier caso, y aunque les parezca extraño, desde mi punto de vista, es preferible mil veces presentarse a unas oposiciones que estar en el tribunal que ha de juzgar a los examinandos. Nunca he oído decir a nadie que le haya tocado esa responsabilidad que la haya disfrutado. En general, hay pocas plazas y muchos opositores, y tienes delante a hombres y mujeres que han estudiado lo suyo, que merecen una plaza, pero que solo ha sacado un 8.5 de nota y para obtenerla necesita de un 9 hacia arriba, y esto hace que los miembros del tribunal se encuentren muy incómodos, y a veces hasta cabreados de verdad.

Por último, debemos señalar que hay dos tipos de opositores, los que las preparan entregados al estudio y sin más obligaciones que meterse los temas en la cabeza, y los que lo hacen a la vez que trabajan en un empleo que tiene que ver con esa oposición, o en otra actividad, como la hostelería, la albañilería o la cría de marihuana para la exportación. Les aseguro que no es lo mismo estar 10 horas poniendo horchata en una heladería, o desasnando nenes en un colegio, y después ponerte a estudiar, que levantarte, ir al gimnasio y tras una ducha y un buen desayuno, ponerte delante de los temas de Derecho Civil o el de Usos y Omisiones del artículo ‘the’, que es un rollo infumable, mientras que escuchas a alguien decir: ‘por favor, no hagáis ningún ruido, que está Paquito estudiando. 

En cualquier caso, pocas sensaciones hay mejores que las de leer en un BOE tu nombre en la lista de aprobados de una oposición, sobre todo porque es muy duro llegar a ello, porque recuperas la vida normal de un empleado y porque dejan de crecerte las nalgas al no tener que estar horas y horas sentado, sacándole brillo a la silla.