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Antonio Balibrea

La inestabilidad de los «hombres fuertes»

Un hombre camina junto al Kremlin, este jueves en Moscú

Un hombre camina junto al Kremlin, este jueves en Moscú / EFE

El avance sobre Moscú de los blindados del grupo Wagner, dirigidos por el propietario del ejército privado mercenario, Yevgeniy Prigozhin, ha sido la gran sorpresa de junio en el escenario internacional. Los chinos con su cachaza milenaria lo han calificado de un «asunto interno». Sin duda lo es, pero con unas repercusiones internacionales y alcance difíciles de valorar en estos momentos y seguramente durante meses. El intento de golpe de Estado contra Gorbachov tuvo sus efectos, en la desaparición de la antigua URSS, meses después. 

La élite rusa se divide en lo que la analista rusa Tatiana Stanovaya llama los «tecnócratas», que son altos burócratas, gobernadores regionales y otros implementadores de las políticas de Putin, y los «patriotas», que son los jefes de los servicios de seguridad, altos funcionarios en el partido Rusia Unida de Putin, y los mercenarios de Prigozhin. Estos grupos tienen diferentes visiones para resolver los problemas de Rusia y dar forma al futuro del país. Por lo tanto, existe un riesgo muy real de que un movimiento de un grupo no sea apoyado por el otro, porque derrumbaría el sistema del cual todos se benefician. Putin ha tratado de dividir a sus funcionarios para protegerse mejor de un golpe. Por ejemplo, el campo «patriota», que comprende los servicios de seguridad de Rusia y el origen más probable de un movimiento de élite contra Putin, está intencionalmente segmentado en el Servicio de la Guardia Federal, la Guardia Nacional y el Servicio de Seguridad Federal (FSB, el antiguo KGB), lo que dificulta el tipo de unidad y coordinación necesarias para un golpe de estado. Que los tanques hayan llegado a doscientos kilómetros de Moscú muestra la debilidad de Putin; pero que lo hayan hecho sin el más mínimo apoyo de otras fuerzas militares ni de las élites nacionalistas y de seguridad muestra que la táctica divisiva de Putin le mantiene a salvo de golpistas. Ahora ha reforzado el regimiento que protege el Kremlin con mas unidades y armamento pesado. La intentona ha mostrado su debilidad, pero también su asombrosa capacidad de supervivencia. 

El acuerdo de Prigozhin con Putin establece su salida a la Bielorrusia de Lukashenko y la integración de sus mercenarios en el ejército regular ruso; o bien su salida, tras su jefe, hacia el país vecino donde se les ofrecería una base militar abandonada para su uso. Todo podía ser un montaje para desplazar al grupo Wagner hacia Bielorrusia donde establecerían un frente nuevo en el norte de Ucrania, mucho más próximo a Kiev, aunque Prigozhin ha desmontado todo el argumentario de Putin justificando la invasión de Ucrania. En cualquier caso, es un peligro porque pone a su alcance las armas nucleares rusas recién instaladas allí. Prigozhin está en Bielorrusia y es un posible candidato menos alternativo a Putin. Eso no resuelve la cuestión de qué sucederá con la treintena de operaciones militares e industriales de Wagner en lugares como Siria, la República Centroafricana, Malí, Libia, Sudán y Venezuela, por nombrar solo algunos. También financió la «granja de trolls» rusa que interfirió en las elecciones presidenciales de EE UU, en 2016, a través de las redes sociales. Durante años, los mercenarios de Prigozhin han estado actuando como agentes del Kremlin en todo el mundo, aunque Rusia lo negaba, cometiendo atrocidades mientras fomentaban la inestabilidad y la corrupción donde aparecían. Financiados con diamantes, oro y recursos naturales. Además, Rusia pagó al Grupo Wagner más de mil millones de dólares desde mayo de 2022 hasta mayo de 2023, según ha reconocido ahora el propio Putin.

Putin llegó al poder en 2018 con el apoyo del 77% de los votantes, eliminó desde entonces la discrepancia y los posibles candidatos alternativos y fortaleció el carácter autoritario del régimen. La inquietud creada sobre la solidez del poder en Rusia endurecerá todavía más la guerra de Ucrania. Es una fase de mayor incertidumbre para la seguridad mundial. Aunque es pronto para saberlo, una Rusia con los pies de barro, guiada por un presidente fragilizado, rodeado de jefes militares en lucha entre ellos por la sucesión del líder, es el peor escenario. Eso no significa que lo vaya a sustituir un régimen liberal democrático, lo más probable es que lo reemplace otro régimen autoritario. Los «hombres fuertes» como Trump, Orbán, Abascal o el mismo Putin dirigen sus guerras culturales contra la ideología de género, la inmigración, la globalización, la igualdad, apoyan a las élites económicas nacionales; pero la oleada de ultraderecha crea incertidumbre e inseguridad en sus regímenes iliberales o autoritarios; son menos inmunes y flexibles que las democracias.