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Pity Alarcón

Lo veo así

Pity Alarcón

Una ley que regule los debates electorales

No les voy a hablar de lo ocurrido el pasado viernes en el único debate electoral que se celebra en la Región de Murcia. Porque aquí, quien tiene algo que perder, se niega a debatir, en un claro ejemplo de espíritu poco democrático, aceptando solamente ese fallido enfrentamiento. Y lo acepta, porque visto el formato podríamos decir que «así se lo ponían a Fernando VII» (expresión que comenzó a utilizarse para referirse a las facilidades que se le da a alguien a la hora de ejecutar algún proyecto, examinarse o realizar alguna tarea sin complicación alguna), así es que cuando la cosa se torció, por ese negarse la candidata de Podemos a abandonar el set donde se celebraba la contienda, algunos vieron el cielo abierto y se apresuraron a abandonar su espacio, antes de que pudiera arreglarse el entuerto.  

No, no les voy a hablar del espectáculo ofrecido por unas y otros; en la pantalla y tras las bambalinas también, que dieron un ejemplo burdo de no saber estar, de desconocer las más elementales normas de comportamiento. No les voy a hablar de ello, porque algunos medios de comunicación, y las redes sociales también, se han encargado de difundir y comentar lo ocurrido esa noche en La 7: con alguno encantado de no tener que continuar debatiendo, con otros y otras sin saber qué hacer y con otro perdiendo las formas hasta dejar al personal perplejo.

De lo que voy a lamentarme es de la poca conciencia democrática de la que hacen gala algunos de nuestros políticos cuando llegan las campañas electorales y se les plantea participar en debates donde tienen que dar cuenta de su gestión. Porque sí, los y las aspirantes sí están prestos y prestas a debatir, pero los que ocupan el sillón son más reacios, porque eso de rendir cuentas no va mucho con ellos

Así es que cuando llegan las elecciones, y cuando es tan difícil que unos y otros se pongan de acuerdo para debatir, para exponer ante los ciudadanos sus ideas sobre la gobernanza, es inevitable acordarnos de EE.UU.... Un país que desde aquel 26 de septiembre de 1960 en el que se celebró el primer cara a cara entre John F. Kennedy y Richard Nixon abría un nuevo camino, cuando un casi desconocido, joven y atractivo Kennedy ganaba la batalla a un Nixon vestido con traje gris y sin maquillaje (se había negado a ello) en un momento en el que no se le daba importancia a la telegenia. Pero aquel debate puso de relieve el valor de la misma, y desde aquel momento, Estados Unidos se convirtió en el país más fiel a los debates, que es tanto como decir a la democracia, a dar a conocer a los ciudadanos lo que esperan de sus líderes.

Francia cumple casi cincuenta años haciendo debates electorales. Alemania lleva muchos años también. En el Reino Unido se vienen haciendo desde el 2010, pero sin que exista nada que regule dichos debates. Es Italia el único país europeo que sí cuenta con una ley que los regla y que obliga a hacerlos en la televisión pública. Algo que echamos a faltar en España, donde este tipo de contiendas carecen de una regulación específica en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (Loreg). Porque la ley obliga a los medios de comunicación de titularidad pública, en período electoral, a respetar en su programación el pluralismo político y social, así como la igualdad, proporcionalidad y la neutralidad informativa, garantizados por la organización de dichos medios y su control previsto en las leyes durante el mismo período; exigencia que se hace también a las emisoras de titularidad privada, de acuerdo a las instrucciones que, a tal efecto, elabora la Junta Electoral competente, pero no contempla nada sobre la realización de debates en los medios públicos. Y lo echamos en falta. López Miras se hubiese sentido obligado a hacer otro debate en TVE, algo que le fue ofrecido y que declinó. Al parecer, no quería salir de su zona de confort.

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