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Gary Lineker: el delantero que tuitea

Gary Lineker

Cuando aún no existía Twitter, Gary Lineker pronunció la frase más famosa de su vida, la que figura en todos los manuales de frases famosas del fútbol. «Es un deporte que inventaron los ingleses, que juegan 11 contra 11 y que, al final, siempre gana Alemania». Tuvieron que pasar casi 30 años para que la frase «descansara en paz». Fue en 2018, cuando la Die Mannschaft fue eliminada por Corea del Sur en el Mundial de Rusia. Entonces, Lineker escribió un tuit que también está en los libros de citas: «El fútbol es un juego sencillo. Hay 22 hombres que persiguen la pelota durante 90 minutos y, al final, los alemanes no siempre ganan».

El famoso delantero, que jugó con el Barça entre 1986 y 1989, cuando dejó el deporte profesional después de pasar por el Tottenham y el Nagoya japonés, se dedicó a hacer de periodista. Lleva casi un cuarto de siglo presentando The Match of the Day, el programa de fútbol más visto del Reino Unido, en la BBC. Una de sus aficiones, como hemos visto, es construir sintagmas contundentes con voluntad de pasar a la posteridad, generar polémica o practicar un finísimo humor inglés.

Twitter es uno de sus terrenos favoritos. Escribió en contra del Bréxit y de la política de Johnson con la pandemia y dijo, por ejemplo, después de saber que Ibrahimovic había dado positivo, que sus pensamientos estaban «con el virus, en estos tiempos tan difíciles». Seguidor del Leicester desde pequeño (el equipo de su ciudad natal), también prometió que si ganaban la Premier de 2015-2016 presentaría el primer programa de la nueva temporada en calzoncillos. Y así fue y así lo hizo. Tan tranquilo, en septiembre se plantó ante las cámaras, y anunció que no había nada nuevo: los mismos cambios de siempre, entrenadores, fichajes, todo normal. Todo normal, excepto los calzoncillos exhibidos a todo el mundo.

Ahora, otro tuit le ha hecho estar en el ojo del huracán. Se declaró en contra de la política inmigratoria del Gobierno de Rishi Sunak y escribió que la ley de inmigración ilegal era «increíblemente cruel, dirigida contra las personas más vulnerables, con un lenguaje que no está tan lejos del que utilizaban en la Alemania de los años 30». Azuzó el fuego de la rabia conservadora y le dijeron de todo, que se limitara a anunciar patatas fritas y que solo cantara los resultados de los partidos, y no los políticos, sino los de fútbol. Y la BBC le suspendió y le echó de The Match of the Day y los compañeros de la televisión le apoyaron y tuvo que suspenderse media programación por una huelga solidaria. Y la BBC tuvo que rectificar y Lineker ya vuelve a ser el conductor estrella, con o sin tuits.

Lo cierto es que Lineker es un tipo sensato y bastante calmado, tanto ahora como cuando marcaba goles. Admite que le gusta más moverse por el lado izquierdo, pero también reconoce que no es hombre de extremos. Aparte de la metáfora, lo dice sobre todo por el recuerdo que tiene de su etapa azulgrana.

Venables le hizo venir, Luis Aragonés no le hizo mucho caso y Johan Cruyff se empeñó en hacerle correr en una posición que no le gustaba nada, la de extremo justamente. Un tipo capaz de reconocer que el encuentro de los cuartos de final del Mundial de México entre Argentina e Inglaterra (1986) es el partido «más famoso de todos los tiempos». Y que él mismo estuvo tentado de aplaudir, en el campo, el gol de Maradona: «Fue la única vez que me ha pasado, pero no lo hice, porque no me habrían dejado volver a casa». Ese encuentro fenomenal solo tiene un problema, que «nadie recuerda quién marcó por Inglaterra». Fue él mismo, cómo no, el máximo goleador, por cierto, del campeonato.

Lineker es uno de los pocos futbolistas que, en toda su carrera, no ha sido expulsado ni ha visto nunca una tarjeta amarilla. En su último partido pensó en golpear al árbitro: «Habría sido divertido, pero realmente estúpido». Más que nada por no pasar a la historia como un santo. Más que nada, para poner algo de pimienta (humor, ironía) a una trayectoria tan impecable. En una entrevista en la BBC, hace dos años, explicó las tres reglas que se había impuesto a la hora de escribir mensajes. La primera, «no tuitear si he bebido»; la segunda, «no tuitear si estoy cabreado, pero nunca lo estoy»; y la tercera, «revisar el tuit: si hay un 1% que no me gusta, borrarlo». En el caso que nos ocupa, el goleador realmente se cabreó y pensó que luchar a favor de los derechos humanos no era una mala idea.

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