La Opinión de Murcia

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Fulgencio

ASÍ LO VEO

Fulgencio Martínez

Contra el maltrato legal

De la leya la ley, del solo sí es sí a la trans. La mancha de una mora con otra se quita. Esa lavandería de Podemos es la que Pedro Sánchez trata de imitar impulsando leyes cada vez más disparatadas que afectan a las mujeres. Ahora se ha echado en campaña con la ley de la paridad. Supongo que se la autoaplicará y dejará durante seis meses la presidencia a una mujer. Ah, no: lo que se da no se quita, lo que el pueblo vota y deciden sus representantes, eso no se toca. Vaya, las empresas sí deberían adaptarse por ley a la paridad en los cargos; la presidencia del Gobierno, no. Pienso que mejor nos iría con dos presidentes, uno en versión hombre y otra en versión mujer, que se alternaran anualmente en el poder durante seis meses (eso haría posible que en el verano trabajara alguno, incluso que hubiera más competencia el resto de los meses. Durante el período de no presidencia, el ocioso tendría tiempo para estudiar, viajar por el país, consultar a los que saben, que no suelen ser de su partido, y sobre todo, a los que saben y no tienen interés alguno en medrar en política, que los interesados suelen dar los consejos más útiles para su propio medro y conveniencia).

Ley que ha abaratado el delito sexual en este país, y que, pretendiendo culpabilizar a todos los sospechosos varones, por machistas y capaces de actitudes groseras, y dando a entender que el que denuncia no ha de probar sino el denunciado, ha conseguido: a, confundir el Derecho, y b, diluir delitos graves como violaciones, agresiones con o sin violencia, pero con intimidación y abuso cuando se trata de menores, conductas todas que merecen un severo castigo, en algunos casos, como en Roma, la lex Julia de vi publica les aplicaba la muerte a los que se apropiaban con violencia del cuerpo ajeno, lo más íntimo de una persona.

Leí hace unos meses la opinión de una partidaria de esa ley que pertenecía a una ‘asociación de mujeres feministas’. «Nosotras no queremos que pasen mucho tiempo en la cárcel» (se refería a los violadores y agresores sexuales). La activista murciana expresaba, quizá con ingenuidad, un contraargumento dirigido a aquellos que piensan que el temor a la ley hace que el abusador se lo piense y que la firmeza de las penas sirve para disuadir a algunos, no a todos los delincuentes, no a todos. (En realidad, su cínica argumentación era un apoyo ad absurdum de la ley de su jefa. Valentía, la justa; compromiso, cero).

Es una pequeña corrupción, pero tolerada, el derroche de dinero público que los políticos en el poder destinan a su clientela: en particular, me refiero a asociaciones de mujeres feministas, cómplices vergonzantes de esa Ley del sí es solo sí, pero que disponen de espacio en Ayuntamientos, ministerios, universidades, calles... Disfrutan de un’ todo pagado’ por todos los españoles, incluidas las víctimas de las leyes que esas seudofeministas ven bien, mientras les llegue la pasta de papá y mamá-Gobierno. Han perdido todo criterio moral, y siguen, como el rey desnudo, haciendo el ridículo histórico, con pancartas del 8 de Marzo que hacen evidente su hipocresía y servilismo a todo lo contrario de lo que dicen defender. Indignas de representar el movimiento histórico de emancipación de la mujer, algún día, esperemos que pronto, unas mujeres nuevas les pedirán cuentas y las pondrán en su sitio.

Hay un frase muy justa: «Contra el maltrato, tolerancia cero». También, «contra el maltrato legal de la Ley del solo sí es sí, tolerancia cero». Fuera ya esa chapuza. Y que paguen quienes la hicieron. Por todo el dolor infligido a las mujeres. (Y de paso, algún fiscal investigue si hay cohecho en las subvenciones a aquellas asociaciones buitre: muchas políticas están a la vez en el cargo y en la asociación: en el cazo y en la mano que recibe el posible cohecho).

Animo a los partidos y a las asociaciones de mujeres verdaderamente feministas a tirar a la papelera esa ley que abusa insensiblemente contra los menores y las mujeres. Por ahora, solo la habían mantenido (aparte de algunos ciudadanos despistados) Irene Montero por tozudez y Sánchez por oportunismo, aunque este último ya va saliendo de la convicción equivocada.

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