La Opinión de Murcia

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Gema Panalés

Todo por escrito

Gema Panalés Lorca

Grouchy y el kairós

El 18 de junio de 1815, el mariscal francés Grouchy tuvo en sus manos, durante un segundo, el destino del mundo entero. Grouchy no era ningún héroe ni un estratega, solo un obediente hombre de confianza de Napoleón que se limitaba a cumplir órdenes. Incapaz de pensar más allá de las directrices del emperador, Grouchy se ciñó al plan inicial y persiguió a los prusianos en lugar de mandar refuerzos contra los ingleses, lo que supuso la histórica derrota de Napoleón en Waterloo. «Fracasó en el instante grandioso, aunque imperceptible, de la decisión», relató Stefan Zweig en su célebre Momentos estelares de la humanidad.

Las personas normales y corrientes, las que no dirigimos ejércitos ni sobresalimos de la multitud, también nos enfrentamos, en algún momento de nuestras vidas, a ese instante decisivo en el que miramos cara a cara al destino. De repente, sin más preparación que la vida misma, esa bifurcación en el camino, esa línea invisible que traza una dicotomía ante nosotros, pone a prueba nuestra audacia.

Casi nunca los vemos venir y, a veces, esos momentos cumbre se presentan en forma de decisiones triviales cuya influencia, sin embargo, marcará nuestras vidas. Desviarte del camino y encontrar la casa de tus sueños, entablar conversación con esa desconocida que se convertirá en el amor de tu vida, obtener la mejor nota del examen por tan solo una décima… Intuiciones, encuentros proféticos o golpes de suerte que escriben con letras de oro nuestras azarosas y anónimas biografías.

Podemos atribuir a la diosa fortuna la responsabilidad de nuestro destino, pero somos nosotros los que, en última instancia, tomamos la decisión. Nuestra voluntad es la que guía nuestros pasos. Ahora bien, ¿es posible reconocer esos momentos clave? ¿podemos identificarlos y convertirlos en aliados? Los griegos utilizaban el concepto ‘kairós’ para referirse a ese instante fugaz en el que algo importante sucede, el momento en el que lo trascendente llama a nuestra puerta.

El kairós es una ventana de oportunidad que se abre hacia todo ‘lo posible’, es el tiempo adecuado para hacer algo. Al contrario que Cronos, el dios del tiempo lineal y cuantitativo, Kairós es el momento justo, el tiempo cualitativo de la ocasión, del aquí y el ahora. Cuando el kairós te encuentra, las dimensiones del espacio y el tiempo conspiran a tu favor: puedes llegar tarde al aeropuerto y, aun así, lograr subirte al avión y que te cambien a primera clase; quedarte en el paro y descubrir en ese intervalo ocioso una idea de negocio millonaria.

El kairós llega o no llega, sin embargo, las personas con ‘suerte’, a las que les van bien las cosas, parecen tener una conexión íntima con él. Yo estoy convencida de que esa sensibilidad para captar ‘el momento de la oportunidad’ se entrena con el cambio. La rutina mata la sensibilidad, mientras que lo nuevo la estimula. Sentirnos vivos y rodeados de estímulos nos mantiene despiertos y alerta ante el kairós.

Dicen que el sedentarismo nos volvió más inteligentes, pero el exceso de sedentarismo acaba con la imaginación y nos impide ver la oportunidad cuando la tenemos delante de nuestros ojos. Para que, como en el caso del bueno de Grouchy, no nos paralice la indolencia en el instante grandioso de la decisión, debemos ejercitar esa sensibilidad para actuar con lucidez en el momento y tiempo oportunos.

Enfrentarnos al cambio nos vuelve siempre más intuitivos y audaces.

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