La Opinión de Murcia

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Angel montiel

La Feliz Gobernación

Ángel Montiel

Que viene López Miras

Ilustración de Leonard Beard.

Lo más interesante de la encuesta del Cemop reside en el dato de los indecisos que declaran sufrir dudas entre dos partidos: 18,7% entre PP y PSOE, y 12,6% entre PP y Vox. El PP está en el centro de la alternativa: de él no salen apenas votos hacia ninguna de sus alas, sino que le vienen de ambas.

Cuerpo a tierra, que viene López Miras. ¡Ah! pero ¿no estaba ya aquí? Sí, pero ahora viene con todo el equipo. Los amigos del Cemop le han hecho una encuesta que para mí la querría yo si la consulta tratara sobre belleza. Incluso le han hecho el favor de restarle expectativas: lo ponen al borde de la mayoría absoluta para animar a los indecisos a darle el último empujón. Según fuentes del propio PP, a este partido le correspondería un diputado más, es decir, estaría a un solo paso de que le saliera el único número que aún le falta para que le toque el gordo. Pero se reservan esa gracia para el último envite, con cuidado de no desmovilizar.

Las sucesivas encuestas del Cemop señalan el avance progresivo del PP de López Miras desde que en 2019 obtuviera los peores resultados para esa formación en el largo periodo en que está en el poder y registrara su primera derrota autonómica y municipal. De ahí a ganar con solvencia en las inmediatas elecciones e incluso a recuperar la mayoría absoluta hay un salto de gigante que es difícil de explicar por la gestión de los últimos cuatro años. 

El arraigo del 60%/40% (derecha e izquierda respectivamente) desde 1996, a pesar del fraccionamiento de las opciones políticas y de la suma de generaciones nuevas a las urnas provoca la tentación de resolver el prolongado enquistamiento con un pretexto, no ya sociológico, sino antropológico. Pero acudir al determinismo es una solución fácil y autoconsoladora para las formaciones alternativas. A la vista de que la gestión del PP, por sí misma, no puede generar ilusiones desbordantes, tal vez habrá que señalar las razones del inmovilismo electoral, por mucho que escueza, en un déficit estructural de la izquierda.

El chequeo electoral del Cemop publicado el pasado jueves recoloca al PSOE en su ‘suelo’, haciéndole perder un buen número de escaños respecto a la mayoría de la actual legislatura, señalando con claridad que su resistencia obedece a razones estrictas de fidelidad histórica, sin levantar un voto más. Respecto a Podemos, le dona un tercer escaño tal vez por sumarle los restos de IU, una vez que ambas formaciones han pactado, pero esa subida parece frágil, y lo más probable es que esa emergencia sea restada en el próximo envite en favor del PP. 

El vaivén en el bloque de la izquierda es curioso. El decaimiento de la ‘vieja guardia’ socialista por observar un arrastre del sanchismo hacia el podemismo resta un cierto impulso al PSOE. Por el contrario, a Podemos le refuerza su pulso con los socialistas, esto más aún que su crítica a la derecha, pues la pugna con el PSOE les permite recuperar las esencias. 

En realidad, lo más interesante de la encuesta reside en el dato de los indecisos que declaran sufrir dudas entre dos partidos: 18,7% entre PP y PSOE, y 12,6% entre PP y Vox. El PP está en el centro de la alternativa (de él no salen apenas votos hacia ninguna de sus alas, sino que le vienen de ambas), de modo que aunque solo la mitad de cada porcentaje resolviera a su favor le supondría un abono decisivo para alcanzar su objetivo. 

He ahí otro mensaje de la encuesta: el cultivo del voto útil. Útil para que, ya que va a ganar inevitablemente la derecha, al menos lo haga la derecha moderada, sin tener que pagar peajes a Vox. Entre todas las variables estratégicas, el PP de López Miras parece preferir la del voto útil antes que la de asumir políticas de Vox, lo cual podría inquietar a una parte de su electorado ‘centrista’, pues también se señala que los populares son quienes más han imantado a Ciudadanos

La izquierda no puede pretextar siquiera un ambiente de desmotivación, pues la encuesta advierte sobre un leve refuerzo de la participación, si bien es cierto que el número total de indecisos es muy alto, un dato que a los encuestadores les gusta subrayar a fin de justificar las variables futuras. 

Lo cierto es que el partido que en teoría podría hurgar más en la bolsa de indecisos es el PSOE si dinamitara las tendencias actuales que la encuesta observa en ella. Y es que Pedro Sánchez, de quien es sabido que no le falta osadía para hacer piruetas en el espacio, todavía no ha dicho la última palabra, y puede revocar los efectos negativos de su imagen con algunos cambios audaces. La única, aunque pobre, esperanza que queda a los socialistas habría de venir por ahí, pues en el ámbito regional es imposible que se produzcan aceleraciones con un candidato electoral, Pepe Vélez, que es, a su vez, delegado del Gobierno y, en consecuencia, está sometido a soportar e incluso a tratar de hacer buenas las políticas que se perciben adversas del Gobierno central para este territorio. 

La gran paradoja de esta situación es que, en teoría, el PSOE debiera haber aprovechado electoralmente, desde la mayoría que conquistó en 2019, la coincidencia de disponer de una herramienta fundamental como es el Gobierno de España. 

Por el contrario, algunas decisiones sin anestesia referidas a la política hidrológica han vuelto a colocar la cuestión agua en la cumbre del hit de problemas prioritarios de los murcianos cuando hasta ahora dormía hacia la mitad de la tabla y, sin embargo, el Mar Menor, que suponía para el PP el recordatorio permanente de su negligencia histórica, ha dejado de campear. (Por cierto, creo recordar que el pasado domingo advertí que este fenómeno se iba a producir, y para no ponerme méritos concederé que no hacía falta ser adivino). 

Así se las ponían a López Miras. El agua, que por arte de una retórica hiperbólica sostenida a lo largo de las legislaturas se ha convertido en un fetiche de la derecha a la misma vez que el PP ha ido sumando respecto a los trasvases tantas renuncias como los socialistas, es un probado acicate electoral por el que la inmensa mayoría de los murcianos, en la práctica, no se siente afectada más que a efectos simbólicos, y es sabido que los símbolos, por lo común, ejercen más fuerza que la propia realidad. 

Esta semana, el presidente ha acudido a la Asamblea Regional por propia iniciativa para promover mediante una iniciativa legislativa en el Congreso de los Diputados el blindaje del trasvase Tajo-Segura, un gesto estupendo que le podría salir caro si tal iniciativa hubiera de votarse pronto en la Cámara Baja, pues es dudoso que el PP la apoyara, pero para cuando esto haya de suceder, si antes no se retira, habrán pasado ya las elecciones. Mientras tanto, si rula no es chamba.

Pero es verdad que los populares tienen en este capítulo el campo abierto, y nunca mejor dicho. Y es que una política de Estado que no es consensuada, planificada y financiada no es política de Estado, ni siquiera es política. Las consecuencias electorales vienen por sí solas. 

Aparte del legítimo oportunismo de aprovechar los errores del contrario, hay que admitir que a López Miras no le ha faltado habilidad política para despejar su camino hacia la conquista de la mayoría absoluta. Ha firmado un pacto con los representantes del sector sanitario que ha convertido a la Región de Murcia en uno de los pocos lugares del mapa nacional donde no se hacen notar las mareas blancas. Y esto a pesar de que las lista de espera son un dolor crónico, pero aquí reina la paz sanitaria y no hay manifestación que importune al Gobierno.

El PP tira con bala contra el PSOE, y suele dar en la diana porque el bulto es gordo, pero en realidad la mirilla enfoca a Vox, que es en realidad el verdadero problema electoral de López Miras. El pasado domingo, toda la atención de los populares estaba puesta en la plaza de toros por si Abascal no llenaba los tendidos o si lo hacía con autobuses provenientes de otras provincias. La cuestión, sin embargo, no es si quedó algún asiento vacío, sino la propia seguridad que Vox mostró al alquilar uno de los cosos más grandes de España y pasar la prueba, cosa que el PP, con toda su progresiva emergencia, no va ni a intentar. Los votos, no se sabe, pero la movilización es cosa de Vox, y esto ha de significar algo, por molesto que resulte. 

La encuesta del Cemop, sin embargo, rebaja las expectativas de los abascales, y les resta un diputado respecto del anterior sondeo (algo que también ponen en duda las fuentes del PP aludidas al principio), dejándolos en siete, lo cual no es poca cosa, pues casi duplica los cuatro que obtuvieron en 2019. 

Aun si fuera ese el resultado, sería espectacular, y supondría un dolor de cabeza para López Miras si éste no consigue los 23 diputados de la mayoría, que por otra parte es el listón encomendado por Génova. Por eso, todos los esfuerzos del PP están encaminados a hacer un Juanma: recordemos que, en Andalucía, Olona incrementó la representación de Vox, pero el partido quedó en el limbo por ser su colaboración innecesaria para que el PP formara Gobierno por sí solo, y así se fijó la imagen de que Vox había fracasado cuando en realidad avanzó electoralmente. En Murcia ocurriría otro tanto, aunque Vox alcanzara la alta representación que se le asigna, pues de obtener López Miras la mayoría pasaría a la irrelevancia. De ahí que Vox, una vez que PSOE más Podemos aparecen en la lejanía, sea el objetivo a batir, a lo que se espera que contribuya involuntariamente la izquierda con sus críticas a la ultraderecha. Es imposible separar de esta estrategia la propia colaboración de los sondeos del Cemop, con independencia de la verosimilitud de su auscultación, pues ésta se basa en una tendencia obvia.

El PSOE se ha rebotado contra el Cemop, no tanto a causa de los reducidos registros que le atribuye, aunque sin duda esa es la espoleta, sino por el hecho de que uno de sus directores hiciera durante la presentación del sondeo un comentario que puede leerse como despectivo hacia la izquierda. Por su parte, Ciudadanos, al verse fuera del virtual hemiciclo, ha solicitado la suspensión del convenio establecido entre este organismo y la Asamblea Regional. Son rabietas tardías. En su día, junto a otros comentaristas, fui tanteado para que pusiera la alfombra a la necesidad de ese contrato, y pareciéndome bien que la Región dispusiera de un instituto demoscópico para sondear periódicamente a la opinión pública, no tragué con que necesariamente ese instituto tuviera que ser el Cemop. Pero el pacto de todos los grupos parlamentarios así lo decidió, a sabiendas de que desde esa instancia se ha asesorado y se asesora de una u otra manera al Gobierno, y de que su dirección está repartida para dar confianza a los dos primeros partidos, el PP y el PSOE.  

Es curioso que si un alto cargo de cualquier Administración otorga un contrato a dedo por encima de los límites económicos marcados cometa prevaricación, pero si todos los partidos se ponen de acuerdo sea perfectamente legal. La Asamblea Regional debiera sacar este encargo a concurso público, y tal vez lo ganara el Cemop u otro instituto sobre el que no existieran sospechas de colaboración extra o simpatías previas con cualesquiera de las partes. Y así las rabietas de los perjudicados no tendrían razón de ser.

El caso es que viene López Miras. Y esta vez gana. Pero ganar, ganar, es llegar a 23. Cuerpo a tierra, que a por ellos va.

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