Alertada por los vecinos que denunciaban el exceso de ruido, la Policía Local de Madrid desalojó el domingo un ‘after’ ilegal de la capital por exceso de aforo: el local con capacidad para 99 personas albergaba en realidad a 228 más Froilán, el sobrino mayor del rey Felipe VI. Últimamente, el hijo mayor de la infanta Elena aparece más veces en la sección de sucesos que en las páginas de ¡Hola!. El lugar en que se identificó al nieto mayor de los reyes eméritos posee licencia como sauna, y en sus reservados VIP habilitados para dos personas había más de una docena de jóvenes, algunos menores de edad, y casi 200 en su espacio principal consumiendo alcohol, drogas como tusi (cocaína rosa) y fumando en cachimbas. Hasta un gran cuchillo decomisaron los agentes en la redada. Froilán no es menor, cumplirá los 25 en julio, sin más oficio ni beneficio que calentar el banquillo, ocupando el cuarto lugar en la línea de sucesión al trono de España. Así que tras el pequeño incidente en el ‘after’ que oferta masajes sensuales se pudo ir tan tranquilo a otro garito por la zona de Vallecas, que no acabe la fiesta. Puede que el muchacho sea una de las personas más transparentes de la Familia Real, ya que como frecuenta a youtubers, tiktokers e influencers sus andanzas etílicas quedan registradas en las redes sociales. La publicación Vanitatis, por ejemplo, ha reconstruido las 72 horas de jarana desde que su fin de semana comenzó el jueves anterior, de tapas con su hermana Victoria Federica y enlazando marchas una tras otra. La semana de cuatro días laborables es para pringados. La semana de príncipes consiste en cuatro días de desfase y tres para descansar.

El peligro sobrevuela al primogénito de los duques de Lugo, rebautizado magistralmente en internet como Felipe Juan Froilán de Todos los Antros. Mientras celebraba su cumpleaños en una discoteca de Marbella el verano pasado se produjo un tiroteo con cinco heridos de bala, tras el que declaró a la prensa «estoy vivito y coleando» y prosiguió sus inacabables vacaciones. En diciembre se vio implicado en una reyerta tumultuaria a navajazos en la puerta de una discoteca, a resultas de la cual hubo un lesionado. Aunque días después en un comunicado relató que solo pasaba por allí, y se confesó «una víctima» del lamentable episodio, pocos le creyeron, y menos su madre, que le envió a vivir con su abuelo Juan Carlos I en Abu Dabi. El nieto no ha sido tan fácil de exiliar, y ha regresado muerto de sed para retomar su eterna adolescencia donde la dejó. Que otro muerda el polvo del desierto.

Me pregunto si algún día conseguiremos emancipar a este Borbón en concreto. Evitarnos el presupuesto de sus francachelas, de sus viajes y de la seguridad que le acompaña. Parece una labor de titanes reconducir su decadente y diletante existencia que no entiende de crisis ni de inflaciones. No sé en qué consejo de administración va a tener cabida si sigue por este camino, qué banco, empresa del Ibex 35 o fundación filantrópica le va a querer como patrono con su reputación digital por los suelos.

Tampoco parece que vaya a ser capaz de producir un libro de memorias al estilo Enrique de Inglaterra con las experiencias vitales que acumula: un par de manifestaciones ultraderechistas por aquí, un tiro en el pie por accidente por allá, un escándalo por haber usado las tarjetas black del abuelo, otro por saltarse las restricciones de la pandemia. Va a dar para un reality y justo.