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Opinión | 'Cociendo habas', por Andrés Torres

No sé si es mejor pedir la dimisión enseguida y sin esperar más explicaciones de quien ha sido tu aliada, como hizo Castejón, o hacerlo tras haber escuchado todas las versiones, como ha hecho Arroyo

Yolanda Muñoz, presidenta de la APC. Iván J. Urquízar

Fue Miguel de Cervantes mediante su sabio y alocado don Quijote quien acuñó la expresión de que en todas las casas cuecen habas. Por si acaso alguien no conoce su significado, conviene aclarar que este manido dicho se refiere a que los problemas, disgustos y enfrentamientos pueden surgir y surgen en todos los lugares y circunstancias. ¡Qué acertado estuvo nuestro ilustre escritor del Siglo de Oro al utilizar para este mensaje el término casa! Porque es en el seno del hogar, en la familia, de los que supuestamente más queremos y más nos quieren, donde hay grandes posibilidades de que surjan confrontaciones y, sobre todo, son las que más nos afectan y más nos duelen. Será por aquello de que el roce hace el cariño, pero también puede provocar que salten chispas.

Ahora que se lleva eso de los distintos tipos de familia y parece que la tradicional se ha quedado obsoleta y anticuada, se encuentran familias de todo tipo y condición, como también nos concedemos llamar familia a los colectivos donde nos sentimos a gusto, adaptados, entendidos y queridos, aunque como ocurre en todas las casas, también en estas cuecen habas.

Las familias políticas no escapan a este razonamiento. Es más, son unas de las más sensibles a que surjan desencuentros que pueden culminar como el rosario de la aurora, porque son donde más evidente se hace eso de que el peor de los enemigos es el que tenemos en nuestra propia casa.

No es necesario irse muy lejos. Nuestra política local y regional es rica en cocer habas entres en la casa que entres, porque ningún partido ha salido indemne de las confrontaciones o los desajustes internos en una u otra época.

 Por ceñirnos a nuestro Ayuntamiento, comenzaremos por la lista más votada en las últimas elecciones municipales de 2019, la de Movimiento Ciudadano. La formación cartagenerista (término por el que todos pugnan en estos momentos) vive su mejor momento en lo que a resultados y cohesión interna se refiere. Su líder llegó a ser alcalde dos años en el anterior mandato, en el que se asoció con el PSOE de Castejón y logró más concejales que ningún otro partido en la última cita con las urnas, aunque el tripartito de PP, PSOE y Cs le arrebató una alcaldía que ya rozaba con los dedos. Ahora, ante los comicios del próximo mes de mayo, suena para muchos como el favorito y hace cuentas ante posibles y probables pactos para volver a sujetar el bastón de mando, con el permiso de la actual alcaldesa y su principal rival en todas las quinielas, Noelia Arroyo.

El tránsito hasta esta época dorada de MC no ha sido siempre un camino de rosas ni una balsa de aceite. La formación es, o mejor dicho fue, el resultado de una coalición de pequeños partidos con poco éxito en las municipales, cuyo principal nexo era la defensa de la comarca de Cartagena, con la creación de la provincia como uno de sus mayores anhelos. De hecho, el clásico PCAN formaba parte de esta coalición. La unión logró hacerse hueco en el salón de plenos del Ayuntamiento en 2003, con un concejal y unos 4.500 votos. Cuatro años después, en 2007, lograba dos mil papeletas más y otro edil. Sin embargo, en 2010, un año antes de la siguiente cita electoral surgieron disputas internas, que desembocaron en la escisión de los independientes del PCAN, aunque los primeros lograron mantener las siglas. Lo que no consiguieron en ese momento es mantener los resultados y cayeron de nuevo a unos 4.500 votos y un solo concejal, mientras que el PCAN lleva desde entonces peleando por llegar al Consistorio y, sobre todo, por recuperar la seña de identidad del cartagerismo que parece tener completamente perdida, si nos fijamos en los resultados. Además, ese único edil que MC logró en 2011 era José López, que comenzó a desplegar una estrategia de denuncias de supuestas corruptelas y un mensaje de que Murcia nos roba cuyas formas y cuyo fondo son más que discutibles, pero que le ha funcionado en las urnas. En 2015, triplicó el número de votos que tenía y logró cinco concejales, lo que le permitió derrocar a la ‘todopoderosa’ Pilar Barreiro y encumbrarse como alcalde. Lo hizo asociándose con Castejón, que lo relevó en la alcaldía a los dos años. Pero ese binomio fue un despropósito, con descalificaciones y disputas que llevaron a la entonces líder del PSOE a expulsar a MC del Gobierno local. Otra vez, el peor enemigo estaba en casa.

 El siguiente mandato es el actual, el de la victoria de MC, pero sin mayoría, con la bicefalía en el poder de Arroyo y Castejón, con el apoyo de Padín, de Ciudadanos. Los cuatro años han sido de buen entendimiento y colaboración entre los que han integrado la formación de Gobierno, aunque a raíz del pacto, surgieron los desencuentros en el PSOE. Su líder regional prohibió el acuerdo expresamente, pero Castejón hizo caso omiso. El resultado fue la expulsión de los ediles socialistas que pasaron a denominarse concejales no adscritos, de modo que el PSOE se quedaba por primera vez en años sin representación municipal. Ahora, de cara a las elecciones de mayo, los socialistas tendrán la palabra sobre quién tenía razón, ya que tendrán que elegir entre las siglas de siempre, con Manuel Torres al frente, o las nuevas siglas de Castejón, Sí Cartagena.

Donde también se cocieron habas fue en Vox, que pese a conseguir dos concejales, se enfrascaron en disputas que acabaron con la expulsión de su portavoz en el Ayuntamiento. Hace unos meses, el juez decretaba la nulidad de esa explusión de Vox y Gonzalo Abad recuperaba la portavocía, pero la división ya había hecho su daño. A ver qué opinan sus votantes en mayo.

Por su parte, al edil de Cs y teniente de alcalde Manuel Padín llegó a abrirle un expediente de expulsión su propio partido, por criticar la aventura de la moción de censura fallida en la Asamblea Regional que promovió la entonces líder en la Comunidad, Ana Martínez Vidal. Al final, ese expediente se archivó a finales del año pasado, pero Padín ha acabado dejando el partido él solito a cuatro meses de las elecciones, ante la acumulación de despropósitos de la formación naranja.

Era de esperar que al inicio del año electoral, la alianza del Gobierno municipal entre Arroyo y Castejón se resintiera, ya que serán rivales en las urnas dentro de cuatro meses, pero el maremoto en el Puerto de Cartagena con la investigación a su presidenta, Yolanda Muñoz, ha irrumpido de lleno en este previsible distanciamiento. La líder de Sí Cartagena tardó cero coma en pedir la dimisión de la dirigente portuaria, nada más publicarse las sospechas de corrupción de la Fiscalía. Estos días, Arroyo ha reprochado esta precipitación de su aliada, «por pronunciarse sin haber escuchado antes la otra versión» de la presidenta. Parecía que el choque era inevitable. Lo curioso es que al día siguiente, las dos han apoyado la moción en el pleno que pide la cabeza de Muñoz, inseparable de ambas durante sus bienios como alcaldesas. No sé si es mejor pedir la dimisión enseguida y sin esperar más explicaciones de quien ha sido tu aliada, como hizo Castejón, o hacerlo tras haber escuchado todas las versiones, como han hecho Arroyo y el portavoz del Gobierno regional, que es el que la nombra. Por no hablar de que es, o al menos ha sido, su familia política. 

El peso de la presión mediática y política sobre Muñoz es insoportable desde hace más de una semana. Quizá hubiera aguantado las peticiones que vienen de fuera, pero las de su propia ‘familia’ seguro que la han rematado. Ella trató de aferrarse a esa presunción de inocencia tan cacareada, pero que, en estos casos, no sirve de nada. Pesa más la inminente cita electoral. Al fin y al cabo, todos saben, hasta los más longevos, que los cargos políticos son pasajeros y que, en todas las casas cuecen habas. Lo que no logró popularizar Cervantes fue cómo remata don Quijote esa frase: «Y en la mía, a calderadas».

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