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No al Murcia Central

José Ángel Antelo.

Cuando la ideología de ‘cambio climático’ contamina la legislación de ‘tráfico viario’ el resultado es la política de ‘movilidad sostenible’. Una falacia que consiste en cambiar coches por bicicletas y arruinar a los trabajadores y empresas que dependen de las posibilidades de desplazamiento por el medio urbano.

Hoy las ‘consultoras’ timan a los Ayuntamientos con planes de movilidad para aumentar la calidad de vida y al mismo tiempo contribuir a la salvación del mundo. Las Zonas de Bajas Emisiones son una estafa institucional con dos caras de estampita falsa. Por un lado, sonrisa de niños jugando felices en calles sin tráfico y, por el otro, multas, prohibiciones, privilegios para unos cuantos y cabreo generalizado para todos los demás.

Vivimos bajo la tiranía de un relato zumbado, estrangulados por una ideología fanatizada, que impone restricciones a la libertad de circulación para descarbonizar la economía y cumplir los preceptos de una religión climática que tiene como papisa a una joven sueca con trastorno mental. El Murcia Central iniciado por el PP y culminado por el PSOE es el ejemplo más acabado de esta torpeza en perjuicio de los ciudadanos.

La idea de salvar el planeta usando la regulación del tráfico se ha encajado en la cabeza de los políticos (socialistas y populares) que todavía tienen en sus manos las ciudades españolas. Conforme a esta consigna los municipios de más de 50.000 habitantes (y algunos de más de 20.000) deben aprobar Zonas de Bajas Emisiones con tráfico restringido, e incluso sometido a un peaje urbano por el simple hecho de circular. La norma fue impuesta por Zapatero, mantenida por Rajoy y aumentada por Sánchez.

Eliminar los vehículos a motor del medio urbano es mandato de la Agenda 2030. ¿Cómo lo van a lograr? Subiendo los precios de los combustibles hasta hacerlos prohibitivos, obligar a la compra de coches eléctricos, suprimir aparcamientos para desesperarnos buscando un hueco libre, establecer zonas exclusivas para patinetes, bicicletas y vehículos de movilidad personal, colocando barreras en el suelo y metiendo la perspectiva de género en las señales de tráfico. Pero la clave es freírnos a multas con un sistema de videovigilancia automatizada que conecta el boletín de denuncia con la cuenta corriente del conductor.

Los gobiernos locales nos arrojan a la cara planes de movilidad con tontunas y limitaciones que arruinan la economía urbana y colapsan el tráfico. Van a pagar las obras con fondos europeos porque no saben hacer aparcamientos ni proyectos que eviten atascos. La contaminación de las ciudades es un problema grave donde la incompetencia municipal es incapaz de ordenar el espacio público o no controla el cumplimiento de los niveles de emisión de industrias o vehículos, pero reducir la contaminación cortando el tráfico es un remedio excepcional que solo tiene encaje en ciudades con atmósfera contaminada por encima de los límites legales.

En Vox queremos ciudades limpias y prósperas, donde se cumplan las normas protectoras del medio ambiente frente a todas las formas de contaminación. Hemos señalado a los alcaldes que provocan o consienten vertidos de aguas residuales. Denunciamos la suciedad que padecen barrios y pedanías donde la basura se acumula porque no hay una política regional de residuos. No toleramos el ruido nocturno ni la polución de la atmósfera. Apostamos por incrementar las zonas verdes, la reforestación y las explotaciones agrícolas que funcionan como sumideros de gases contaminantes.

Y por supuesto, Murcia y todos los municipios de la Región, deben tener planes de movilidad multimodales, pero desacoplados de los objetivos de la Agenda 2030, que no aportan fondos para obras sino cargas ideológicas para estropear la convivencia. De la movilidad depende toda la ordenación urbana, la prosperidad de una ciudad y la calidad de vida de los vecinos. La política de movilidad es demasiado seria para dejarla en manos de incompetentes sin ideas ambientales o fanáticos del eco-feminismo que odian las furgonetas y el diesel.

Hay que revertir los planes de movilidad diseñados por los que nos obligan a ir en bicicleta mientras ellos dejan la peor huella de carbono acudiendo a las cumbres climáticas en aviones privados y en coches oficiales.

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