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Bernar Freiría

Del puente a la sentina

Bernar Freiría

El ratón en la jaula

Pues no, señoría, sobre las reformas en la sede del partido tampoco tengo mucho que decir. Lo aireado por la prensa de las anotaciones de Troncoso que entregó su abogado a un diario madrileño; parece ser que reflejaban las cantidades entregadas al arquitecto que se encargó de las obras. Ahí no tengo yo arte ni parte. Pero queda claro para cualquiera que en las altas esferas del partido tenían mucho miedo de lo que Troncoso pudiera tener en su documentación. No le voy a negar que fui contactado por algunos peces gordos que querían estar al tanto de lo que se iba sabiendo de la contabilidad B que llevaba. Ya le digo que había mucha preocupación por lo que pudiera haber en aquella documentación.

No, no, yo no llevaba el caso para la policía judicial y por lo tanto no tenía ninguna obligación de contarle nada al juez instructor. No, señoría. Yo no llevaba ninguna investigación paralela y al margen de la judicial. De sobra sé que no se puede hacer eso. Y no lo hice. Ya le he dicho que yo me limité a facilitar el contacto con el chófer de Troncoso. Y en último término, si los altos cargos del partido me preguntaban, era por su preocupación y porque suponían que yo estaba al tanto de cualquier cosa que sucediera en este país. Porque es cierto que he intervenido en muchas investigaciones y que he hecho grandes servicios al país. No, señoría no voy a poner ejemplos, por la propia naturaleza de muchas de esas investigaciones. Además, no viene al caso. Sí le puedo contar, porque es del dominio público, aunque ahora nadie quiera acordarse, que la detención del narco Marcial Sardiña cuando estaba en Grecia huido de la justicia se llevó a cabo gracias a mí, que, a través de mis contactos, fui capaz de dar con su paradero y le hice caer en una emboscada montándole una reunión con un traficante de armas a la que acudió como un pardillo y donde lo esperaba la policía.

Sí, bueno, era del dominio público que Kachaturian se dedicaba al tráfico de armas. No, señoría, yo no tenía ninguna prueba de que así fuera. Sólo sé lo que todo el mundo sabe. Que Narek Kachaturian era un traficante internacional de armas, si hasta lo citaban así en los periódicos. Le hizo creer a Sardiña que estaba interesado en un alijo de coca, porque Sardiña, fugitivo, seguía moviendo algunos hilos del narco desde Grecia, y quedaron citados para cerrar el trato. El ratón en la jaula y a la trena en España.

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