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La Opinión de Murcia

La cápsula del tiempo

¿Qué conservarías del patrimonio de la Región? Las pedanías de Caravaca de la Cruz

Ermita vieja de La Encarnación. Caravaca

Un paseo por las pedanías que desde la ciudad de Caravaca de la Cruz, pertenecientes a la misma, y en paralelo con las de los municipios de Lorca y Moratalla se extienden hasta los límites de la vecina Andalucía, esta es la propuesta de José Alberto Sáez de Haro que, con muchísimo gusto, les hago llegar desde estas páginas.

Catorce son las que ocupan el municipio caravaqueño: Archivel, Barranda, Benablón, Caneja, El Hornico, El Moral-Entredicho, El Moralejo-La Junquera, La Almudema, La Encarnación, Los Prados, Los Royos, Navares, Pinilla y Singla; nombres sonoros de orígenes remotos que nos remontan a un pasado de larga historia, desde los asentamientos de la edad del bronce, como el de Archivel, cuyo nombre parece derivar del ibero Arcilacis, a lugares fronterizos entre los reinos nazarí y cristiano, La Almudema (del árabe Al-Mudayna, ciudadela) o Benablón (lugar de Ibn Ab Harum), o territorios bajo las órdenes del Temple y Santiago. 

Si bien la mayoría de ellas no son muy conocidas para los propios murcianos, todas cuentan con el atractivo de su autenticidad rural, abundantes vestigios de su pasado histórico y de un entorno de parajes naturales de gran belleza y, hasta ahora, poco contaminados por el desarrollo urbanístico. 

Los ríos Quipar y Argos, afluentes del Segura, dejan a su paso por estas tierras pequeños bosques ribereños de abundantes frondas, otros pequeños nacimientos de agua, como Las Tosquillas y Los Ojos, nutren del preciado líquido el subsuelo de la zona. En la sierra de Mojantes, con su cumbre a 1.612 m de altitud, pinos, encinas, arces y sabinas dan cobijo a una fauna rica y variada de aves, pudiendo observarse con facilidad el majestuoso vuelo del buitre leonado, acechante sobre algún ejemplar de cabra hispánica.

Sería interminable hablar de esta hermosa zona de nuestra Región y sólo tenemos una página para ello, por eso voy a señalar dos de mis rincones favoritos, con permiso de José Alberto: la vieja ermita de La Encarnación y la Cueva del Rey Moro. 

Sobre un cerro en la pedanía del mismo nombre se encuentra la solitaria y cargada de historia ermita vieja de La Encarnación, lugar ancestral de culto religioso, ya que en él se han encontrado restos de un santuario íbero, sobre el que los romanos construyeron un templo en el siglo II a. C. y más tarde, en el siglo I a. C., un segundo templo, siendo uno de los ejemplos más antiguos de la Península. Sobre este mismo enclave se levantará la ermita cristiana, siendo la actual del siglo XVII. Estos lugares sagrados y en plena naturaleza, que han permanecido por siglos y civilizaciones dedicados a sus diferentes cultos religiosos, están impregnados, especialmente cuando los visitas en soledad, como de un halo telúrico que te conecta con el universo presente y pasado, toda una experiencia espiritual.

Muy cerca del anterior, en un paraje llamado el Estrecho de las Cuevas, junto a las tranquilas aguas del Quipar, por el antiguo camino que discurría entre Caravaca y el Reino de Granada, se encuentra la Cueva del Rey Moro. Su visión es de lo más pintoresca. Cerrando una amplia oquedad, en el roquedal de la parte mas alta de un cerro, se levantó estratégicamente, entre los siglos XII y XIII, un muro a modo de fortificación, con la función de albergar a los encargados de controlar el paso de los antiguos transeuntes por este valle. Una curiosa construcción que da carácter y deja la huella histórica del pasado de estas tierras, rincón donde la vegetación abunda junto al agua y se alzan los paños rocosos, horadados por la erosión, en un entorno de serena belleza natural.

Dicho esto, les invito a conocer un poquito más de nuestra Región, introduciendo en la Cápsula las pedanías de Caravaca de la Cruz.

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