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La Opinión de Murcia

Crítica

'La matanza de Texas' (2022): no es culpa del director

Es infinitamente más sangrienta que 'La matanza de Texas' versión 1974 y, sin embargo, es muchísimo menos intrigante o asfixiante que la original

Imagen de 'La matanza de Texas' versión 2022, disponible en Netflix

Llevaba tiempo escuchando aquí y allá (básicamente, en redes sociales) que la última versión de La matanza de Texas (1974), que se puede ver en Netflix, estaba muy bien. A mí me extrañó profundamente que algunos críticos de cine hablaran tan bien de ella, sobre todo porque esta película no entraba en el cupo de las dos películas buenas que ofrece Netflix al año.

Además, La matanza de Texas fue una película muy particular, hecha en un momento muy particular, por un puñado de gente muy particular, en un momento muy particular. Fue un hecho tan único que, sin ir más lejos, su propio director, Tobe Hooper, jamás rozó el hacer una película que pudiera jugar en la misma liga que La matanza de Texas.

Seguramente tampoco fue culpa suya. Hooper, por más que los amantes del fantástico le tengamos cariño, nunca fue un gran director, y esto que no salga de aquí. Pero es que La matanza de Texas, como he dicho, fue una de esas propuestas particulares, de momentos particulares, en épocas particulares.

Dejando a un lado los delirios del cine gore que se cimentaron a principios de los sesenta por obra y gracia de Herschell Gordon Lewis, otros directores menos escandalosos, pero algo más serios, entendieron que una pizca de exceso también podía tener cabida en sus películas. Así fue como nació La noche de los muertos vivientes (1968) y, desde luego, también La matanza de Texas.

Además, los monstruos clásicos, Frankenstein y Drácula dejaron de dar miedo y además comenzó a llevarse un cine algo más ‘sucio’, menos cuidado hasta el milímetro y más espontaneo. El resultado es que, por aquel entonces, con una cámara de cine (aún no había móviles) cualquiera con una buena idea y un puñado de dólares podía rodar una buena película.

Este fue el caso de La matanza de Texas, una película irrepetible, sucia y salvaje en la que, pese a su fama, no veremos una sola gota de sangre. En efecto, La matanza de Texas es una película muy dura, pero no porque sea gore ni por su violencia explícita, sino por la implícita.

En este sentido, la película de Hooper es un ejemplo de manual de cómo confeccionar una atmósfera irrespirable hasta el límite de la angustia. Es una película del exceso que no vemos, del extremo que intuimos y en cambio, de lo horrible que casi podemos tocar con los dedos de la mano.

Huelga decir que nada de esto está en La matanza de Texas versión 2022. Y, créanme, en realidad no es culpa de su director, David Blue García. Han pasado casi cincuenta años y las cosas han cambiado demasiado.

Contar dos historias parecidas provocando efectos similares es inviable cuando hay medio siglo de historia entre medias. Desgraciadamente, y salvo genio que esté por llegar, hacer algo como La matanza de Texas en la actualidad nos limita a una historia de asesino enmascarado (objeto punzante, en este caso, también mecánico, en mano) y muerte tras muerte sin mucho o poco sentido.

Lo más que un director ha podido llegar hoy día en este tipo de películas es que las muertes tengan un poco de más sentido, o que estén mejor rodadas que la media o que sean más o menos sanguinolentas que el resto. Y, en este sentido, hay que admitirlo, esta nueva La matanza de Texas no destaca en ningún aspecto.

Es cierto que todo pasa con cierta fluidez, pero para eso no hace falta ser brillante. Hay slashers (películas de asesinos enmascarados) mejores que esta, La matanza de Texas, para qué nos vamos a engañar. Por lo demás, La matanza de Texas versión 2022 es infinitamente más sangrienta que La matanza de Texas versión 1974 y, sin embargo, es muchísimo menos intrigante o asfixiante que la original.

Honestamente, no le voy a dar más vueltas a la perdiz. Hay cosas más interesantes y mejores y del mismo género que ver que una enésima versión de La matanza de Texas que, como todas las secuelas, no hacían falta (y me van a disculpar los fans de La matanza de Texas 2, que los hay por doquier).

Mucho más costoso y desde luego, menos lucrativo, sería educar a las nuevas generaciones sobre los valores de una película que se vende como gore pero que en realidad es la quintaesencia de la atmósfera de lo terrorífico. Y esto, por más que fuera una cinta que a veces pienso que fue fruto de la más pura casualidad, es un valor irrenunciablemente cinematográfico. Y no como La matanza de Texas versión 2022. E, insisto, no porque sea culpa de su director.

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