La enigmática historia de la imagen de la Patrona de Murcia ha ido produciendo a lo largo de los siglos diferentes versiones y leyendas, muchas de ellas fruto de la imaginación popular. Sin embargo, hay datos y referencias que están bastante claros en que ya en 1522, en un inventario del santuario, se menciona que su iglesia está presidida por una imagen de la Virgen de bulto redondo, vestida con un manto y coronada. 

La Virgen de la Fuensanta es una imagen de origen medieval, de talla completa en madera policromada, de 1,43 metros de altura. Durante los siglos XVI y XVII era vestida únicamente con un manto sobre la talla. Fue en el siglo XIX cuando se conformó la iconografía que se ve en la actualidad.

Así, la Patrona de Murcia se presenta con una peluca de tirabuzones, vestida formando con su manto un amplio triángulo, haciendo así referencia a la silueta de uno de los símbolos del Padre Eterno y de la Trinidad, la pirámide. A sus pies y también desde finales del XIX, aparece una luna de plata. Porta atributos de realeza, como son el cetro en su mano derecha y la corona de imperiales en su cabeza y la del Niño, quien también porta en su mano izquierda un globo terráqueo coronado por una cruz mientras bendice con la derecha. El rostro de la Virgen se muestra siempre enmarcado por rico rostrillo de plata y piedras preciosas, que viene a realzar aun más si cabe la belleza sin comparación de su “cara morena”. Los ricos pectorales que luce en su pecho y que se le siguen regalando, devienen de la tradición secular en que los obispos ofrendaban sus pectorales episcopales a la Virgen de la Fuensanta. Por último, el bastón de mando y el fajín de Generala fueron incorporados a la imagen en 1808, como se ha visto más arriba.

Su ajuar: un tesoro

Pese a los distintos robos documentados que ha sufrido el ajuar de la Patrona de Murcia, éste sigue siendo un auténtico tesoro. Destacan sus trajes, que sobrepasan la treintena, siendo los de gala los más importantes al ser los que luce la imagen en sus dos estancias anuales en la Catedral y en ocasiones extraordinarias.

La Virgen también ha sido obsequiada frecuentemente con joyas y prendas, como el que en 1928 le regaló el Comisario de la Seda, un traje de raso morado, bordado con sedas y oro, representando las distintas fases de vida del gusano de la seda.

En 1958, la Virgen recibió su más rico traje bordado. Fue ofrendado por Valencia en agradecimiento a Murcia por las ayudas prestadas tras la catastrófica riada del Río Turia. Es de raso azul celeste, bordado por entero en oro.