26 de noviembre de 2016
26.11.2016
El lugarico

Brisas alfonsinas

25.11.2016 | 21:06
Brisas alfonsinas

Primera promoción C.O.U. Curso 1972/73: para un joven de pueblo, recién llegado a Murcia como alumno oficial era todo novedad, recuerdo que entrar al Museo Arqueológico era más que apasionante, te sentías atraído por un fuerte imán,.... de pronto, te encontrabas en una sala con ánforas, vasijas, planos, esquemas, agujas de hueso, trozos de sílex, monedas, columnas,....unas escaleras,... y la gran biblioteca, con su iluminación entre tenue y misteriosa, que invitaba a la lectura, al estudio, al sosiego, al silencio,... todo ordenado. Allí descubrimos los entresijos literarios de Azorín (se celebraba el centenario del nacimiento), las bellas descripciones y paisajes pincelados de Gabriel Miró, los entresijos y costumbres del mundo huertano entremezclados con la sociedad del momento novelados por la maestría de Blasco Ibáñez, el mágico mundo de la poesía de los Machado, Vicente Medina, García Lorca, Miguel Hernández,... ¡Qué grandes tardes con Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Cervantes, Quevedo, Lope, Bécquer, Homero, Aristóteles o San Agustín!

La universidad era un hervidero político y los 'vapores' se percibían en los niveles superiores de la enseñanza media. Una sencilla muestra fue la edición de Brisas Alfonsinas, revista literaria del Instituto Alfonso X El Sabio fechada en marzo de 1973. La portada -sobre la paz- fue motivo de «investigación política», también un trabajo que firmamos sobre el poeta Miguel Hernández. En ese número aparecían otros artículos «bastante atrevidos para el momento», denuncias sobre destrucción de la naturaleza, sobre el hambre y los países desarrollados, los platillos volantes, el espectáculo erótico del cine, poemas críticos sobre el hombre, se advertía de la violencia en el deporte y el papel de la prensa.

La publicación de la revista fue retenida, intervino la 'autoridad competente', algunos colaboradores fuimos llamados a jefatura de estudios a dar explicaciones. Al final, después de varios días, la revista se pudo repartir. Poco a poco se abrían ventanas y comenzaban a entrar aires nuevos.

Releyendo aquella publicación 43 años después encontramos nombres que encaminaron su vida por diversos caminos: docencia, judicatura, sacerdocio o periodismo. Uno de aquellos antiguos alumnos y compañeros del grupo COU-E, Antonio González Barnés, fallecido el día 22 del pasado octubre, también dejó su colaboración como incipiente periodista deportivo en aquel histórico número. Sirvan estas líneas como póstumo homenaje al compañero que nos enseñó a callejear por Murcia, nos llevó a La Condomina y nos mostró el taller-almacén de las carrozas del Entierro de la Sardina de su padre, el genial Antonio González Conte.

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