Arrodillada, con mirada pensativa y las manos sobre el pecho con los dedos entrelazados, procesionaba una pequeña de corta edad recreando a la Santísima Virgen de la Soledad, titular del Paso Encarnado. Escoltándola, un grupo de niñas ‘tocadas’ con mantilla. Mantillas que habían hecho ellas mismas con bolsas de plástico. Y poco antes, desfilaban los estandartes del Cristo de la Sangre y de la Soledad, en cartulina y papel de brillo dorado.

La Archicofradía del Santísimo Cristo de la Sangre abría este viernes la ‘Procesión de Papel’, en la que participaban más de un millar de figurantes que fueron seguidos a lo largo de toda la Corredera por unas cinco mil personas. Los más pequeños del Paso Azul, Paso Blanco, Paso Encarnado, Paso Morado, Paso Negro y Archicofradía de Jesús Resucitado, recreaban los Desfiles Bíblico Pasionales, en los que llevan trabajando semanas.

Un pequeño recreaba al Cristo del Perdón, del Paso Morado. Pilar Wals

Encarnados y azules protagonizaban un ‘encuentro’ entre sus titulares, el Cristo de la Sangre y la Virgen de los Dolores. Y comenzaba el cortejo de la Cofradía del Cristo del Perdón, Paso Morado, que destacaba porque las imágenes de todos sus tronos las recreaban pequeños de corta edad. La Santa Cena, con Jesús y los apóstoles comiendo gusanitos y palomitas; la Piedad, con una niña que llevaba a un pequeño entre sus brazos; El Calvario, con otro niño que aparecía en la cruz lleno de Mercromina; y el Cristo del Perdón, con la cruz a cuestas. Penitentes, estandartes y mayordomos integraban el cortejo morado.

La Legión del Paso Blanco estaba al completo, incluida la cabra. Pilar Wals

Detrás desfilaba el Paso Azul, con los ‘armaos’, carros y caballerías. Destacaban los ‘etíopes’ que no pararon de correr de un lado a otro con caballos hechos de cañas y cartón que levantaban una y otra vez. Decenas de egipcias tiraban flores mientras escoltaban al trono de la princesa Meiamen. Nefertari, Cleopatra, Nerón… les seguían. Debora, las Profetisas, la Caballería Egipcia, Julio César y Flavia Domicia Longina. El Triunfo del Cristianismo y los tronos de la Coronación de Espinas, del Cristo de la Buena Muerte y de la Virgen de los Dolores. No faltaron los estandartes del Medallón, el Reflejo, San Juan, la Magdalena y el Ángel Velado. Y pequeñas ataviadas con la clásica mantilla negra.

‘Miura’ y ‘Pepe’, las cabras de la Legión, acompañaban a los pequeños legionarios

Los atuendos estaban repletos de creatividad e ingenio. El Paso Negro procesionó a la Virgen de la Soledad, hecha de cartulina rosa y negra. Delante iba el estandarte que recrea al de Emiliano Rojo. Con bandera y estandarte de Jesús Resucitado desfilaban los más jóvenes de la Archicofradía de Jesús Resucitado. Y, detrás, el Paso Blanco. El estandarte del Rosario abría el cortejo blanco. ‘Armaos’ y carros de dos, cuatro, seis y siete de cartón. Blancos y azules ‘rivalizaban’ con caballerías y carros. Santa Elena, la reina de Saba con su corte, la Capeta del Negro, Nabuco, los Cuatro Jinetes del Apocalipsis y el Anticristo.

El desfile blanco lo cerraban los tronos de San Juan Evangelista, con su característica decoración floral a base de flores de palma; la Oración en el Huerto; el Cristo del Rescate, escoltado por un amplio grupo de legionarios a los que no les faltaba ni siquiera sus dos mascotas, las cabras ‘Pepe’ y ‘Miura’; la Verónica; y la Santísima Virgen de la Amargura, entre un mar de claveles rosas. Un año más, los pequeños de las cofradías sorprendieron a propios y extraños con un desfile que terminaba al caer la noche.