18 de diciembre de 2019
18.12.2019
Invertir 2020

Cómo invertir en 2020

Para ser un buen inversor no existe una fórmula mágica, pero sí hay caminos hacia la rentabilidad con menos obstáculos y en los que el factor humano en forma de asesoramiento financiero es clave

18.12.2019 | 16:47

Ralentización, desaceleración, recesión o crisis son conceptos que planean por la mente del inversor ante la llegada de un 2020 en el que se atisban claros y oscuros. La búsqueda de la rentabilidad no admite trazos gruesos. Tampoco improvisación. Cuando hablamos de inversión, dudas y certezas se funden en un escenario complejo y cambiante donde la fórmula del éxito no recaerá tanto en el qué sino en el cómo.

Ante un futuro lleno de oportunidades, el asesoramiento financiero se convierte en la mejor carta a la hora de tomar decisiones que tengan como objetivo obtener el máximo rendimiento teniendo en cuenta las circunstancias externas (difícilmente previsibles), y también las peculiaridades del inversor particular.

Planificación, largo plazo, automatización y diversificación

Se trata, según destacan desde Banco Mediolanum, de asesorar teniendo presentes "cuatro atributos que deben prevalecer en cualquier producto financiero". El primero de ellos, la planificación. "Una inversión de éxito debe ser planificada en el tiempo y fundamentada en el análisis del perfil del inversor y no solo de su entorno. De esta manera, es posible seleccionar y cribar aquellas propuestas que encajan con sus características, expectativas y metas", señalan.

En segundo lugar, la inversión "debe entenderse como un proceso a largo plazo: en su naturaleza y en su fin". Para entenderlo mejor podemos fijarnos en la Bolsa: es difícil prever un valor a corto plazo, pero la visión general en el tiempo sí indica con mayor seguridad la dirección que este tomará. Además, "históricamente la inversión en renta variable a largo plazo es la que ha dado mejores resultados. El largo plazo es, de hecho, un aspecto inherente del ahorro pues la previsión reduce de forma exponencial el riesgo, trabajando con un ritmo sostenido y progresivo", explican.

El tercer punto importe es la automatización. Como indican, "automatizar permite liberar al inversor de la toma de decisiones continuada, reduciendo proporcionalmente el margen de error. Al mismo tiempo le permite aprovechar las oportunidades en tiempos de volatilidad y, paralelamente, evita la carga emotiva que conlleva esa toma de decisiones".

Y, por último, la diversificación, es decir, aplicar una mirada lo más amplia posible que mejore las posibilidades de nuestras inversiones. ¿Cómo? "Conectándolas al impulso y crecimiento de la economía mundial, cada vez más heterogénea y dinámica", sostienen. "Aplicando una estrategia global, más allá de lo que pone en nuestro pasaporte, protegemos nuestras inversiones al no limitarlas al ritmo y los riesgos de una economía concreta, un sector o una divisa. Sin embargo, la diversificación no es simplemente 'comprar un poco de todo', por eso es muy aconsejable el acompañamiento de un profesional de las finanzas", argumentan desde Banco Mediolanum.

El factor x: el humano

Estamos ante un sector complejo y ser expertos en finanzas no es algo asequible ni asumible para el inversor particular. De ahí que cobre más fuerza la figura del asesor financiero, un profesional formado que acompaña al inversor a lo largo del ciclo financiero de su vida, ofreciéndole las soluciones que mejor se adaptan a las necesidades, sueños y objetivos que vamos trazando durante el camino.

El asesoramiento financiero apuesta por fortalecer la relación directa y unipersonal fundamentándose, en primer lugar, en la escucha activa, necesaria para conocer el punto de partida, las metas y las circunstancias que rodean al inversor. En segundo lugar, un buen asesor financiero está siempre disponible y dispuesto a moverse hasta donde el cliente lo necesite y debe acompañarle de principio a fin, aplicando un seguimiento exhaustivo.

Ser asesor financiero implica ser experto en el sector y, además, tener la capacidad de comunicar y hacerse entender hablando el mismo idioma que el ahorrador de a pie. Por último, es importante destacar que esta figura no tiene un vínculo emocional con el patrimonio o ahorro del cliente y, por tanto, puede a aconsejar con la mayor objetividad.

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