31 de julio de 2020
31.07.2020
La Opinión de Murcia
Caminando juntos por la Región

Cieza, la ciudad encontrada

La capital de la Vega Alta del Segura rezuma historias, leyendas y sabores y es uno de los emplazamientos con más posibilidades para desarrollar el turismo interior de la Región

31.07.2020 | 04:00
Cieza, la ciudad encontrada

Hace unos días, el Rey de España, Felipe VI, elegía Cieza como punto de destino en la Región de Murcia en la gira que está haciendo por toda España. Y es que, como dice su alcalde, Pascual Lucas, Cieza «es mucho más de lo que ves». Rodeada de arte rupestre e historia por los cuatro costados, en el centro neurálgico de la Región de Murcia se encuentra una ciudad que está llamada a convertirse, junto a Calasparra y el cañón que les une, Almadenes, en uno de los proyectos turísticos a medio plazo más importantes de turismo interior del Mediterráneo.

Una ciudad que rezuma mil historias, cien leyendas y diez sabores, con museos que te envuelven y te cuentan su historia, su pasado, su memoria, pero también su futuro.

Es fácil imaginar el día que su Centro de Estudios e Investigación de Arte Rupestre se convierta en realidad, ya que el alma de sus abrigos y cuevas llenos de mensajes y pinturas se respira por la ciudad.

Lo mejor sin duda para conocer esta ciudad a fondo es contactar con quien mejor la conoce y dejar que te lleve de la mano mientras te cuenta la historia de la ciudad. José Antonio Gázquez, de la empresa Stipa Servicios Turísticos, es el ejemplo perfecto de que turismo, calidad y alta cualificación no son términos incompatibles.

Iniciaremos nuestro recorrido en su popular y transitado paseo, donde el artista local Pepe Lucas plasmó en sus 32 columnas y en su suelo una pequeña parte de su rompedor estilo. Lástima que hoy en día no se haga un esfuerzo en rehabilitarlo correctamente, y no a base de parches hirientes.

En este paseo haremos nuestra primera parada para entrar en el mundo de Joaquín, maestro artesano pastelero que dirige Delicias. Prepárense para entrar en una confitería pastelería que parece sacada de un cuento. Sus pascualicos y manjar de Cieza, serán motivo suficiente para acercarse a la ciudad. Encontrar profesionales que buscan la excelencia siempre es una gran noticia.

Enseguida, a unos cien metros, llegaremos al Convento / Iglesia de San Joaquín, siglo XVII, hoy transformado una parte en biblioteca. A partir de aquí, comienza su triángulo mágico, donde el Museo Siyâsa se erige como una de sus particulares joyas de la corona. Entrar en él es apostar por conocer mejor la historia de la ciudad y de su yacimiento, unos cuarenta y cinco minutos andado por un zigzag que debería convertirse en una de las sendas más visitadas de la Región, una zona a la que también se puede llegar en coche. En el Museo podrá encontrar la reproducción de dos de sus casas a tamaño real, una lástima que a veces se apueste por convertirla en sala de exposiciones que en nada tiene que ver con su historia, en vez de recrear la vida, la música y hasta los olores de antaño.

De aquí les recomiendo, antes de acercarnos a uno de los balcones naturales más espectaculares de la Región -su Balcón del Muro-, pasar por otros dos museos que albergan sus pasos de Semana Santa (imprescindible el próximo 2021 la noche del Martes Santo, El Prendimiento, donde una magnífica puesta en escena le hace saltar a uno ciertas alarmas del interior, aunque no sea creyente) y el Centro de Interpretación del Folklore, muy bien ideado y recreado, por cierto.

En apenas cinco minutos, llegaremos al único lugar de España donde la batalla entre Moros y Cristianos se resuelve con victoria de los primeros.

Cuenta la historia que el 6 de abril de 1477, una mujer muda vio llegar a las kábilas moras al otro lado del puente. La mujer entró en la iglesia y, ante la situación que estaba viendo, consiguió gritar que venían las tropas moras. Los allí presentes cogieron lo que pudieron y tuvieron a mano y cruzaron el puente para encontrar allí la muerte, tal y como reza el escudo de la ciudad: «Por pasar la puente nos dieron la muerte».

Pero si las vistas desde aquí son espectaculares, en la Iglesia de San Bartolomé, justo a espaldas del propio Balcón, Placeta del Santo, y con una estatua de la muda bajo un San Bartolomé «que hasta cinco veces sudó», otra leyenda que pida que le cuenten, se encuentra uno de los espacios que hacen de esta ciudad algo diferente. No se vayan sin subir a su Conjuratorio circular, sólo hay tres en la Región (Murcia, Caravaca y Cieza).

Desde aquí hasta la Plaza Mayor, donde el Ayuntamiento y la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, hay apenas unos pasos. La primera parte de nuestro recorrido ha llegado a su fin.

La Plaza de España, a escasos minutos de la Plaza Mayor, será nuestro próximo destino. Allí se encuentra la Oficina de Turismo, una lástima que no abra casi nunca en fines de semana, aunque imagino que conforme el turismo vaya creciendo, sus horarios se irán amoldando a la realidad turística. Allí se nos facilitará información sobre alojamientos, muy escasos, por cierto, uno de sus talones de Aquiles, y su gastronomía rica y variada. En este lugar se encuentra otro de los edificios llamados a convertirse en uno de sus símbolos gastronómicos a corto y medio plazo: La Plaza de Abastos o Mercado.

Antes de ir a comer ya solo nos queda visitar un museo diferente, vivo, lleno de memoria, de historias y recuerdos: el Museo del Esparto. No olvidemos que la cultura del esparto fue reconocida recientemente como Manifestación Representativa del Patrimonio Inmaterial de España por el Real Decreto 295/2019.

Un museo donde Pedro, Agustín o Jerónimo, o muchos otros, se esmeran en enseñar lo que fue, sin duda, la gran industria de Cieza, que tuvo años dorados y oscuros, momentos esplendorosos y decadentes, pero que siempre tuvo en las trabajadoras y trabajadores de este difícil arte su verdadero pulmón, su razón de ser.

Si existe un museo que debería ser obligatorio que todos los institutos de la región pasaran por él, sin duda aquí lo tienen.

Como dijo Miguel Hernández en uno de sus poemas:

Entregad compañeros el sudor a las frentes,
Qué con su espada de sabrosos cristales, con sus lentos diluvios,
Os hará transparentes, venturosos, iguales.

Llegó la hora de sentarse a disfrutar de la gastronomía en Cieza, y aquí podrán encontrar no solo cantidad, sino calidad. En la Oficina de Turismo informarán muy atentamente de los distintos lugares que pueden disfrutar, así como de los alojamientos y horario de museos.

De todas formas, recomiendo para tapear a Paco y su pequeño restaurante Gomis. Te sorprenderá, no solo por su puesta en escena sino por su creatividad. Su timbal de verdura en movimiento es de nota.

Restaurante Tarradellas, otra pequeña historia detrás de su nombre, también en una apuesta segura, donde Maria José y Joaquín han conseguido un equilibrio en sus propuestas difícil de conseguir. Su alcachofa con trufa y parmesano es especial, menú diario de lunes a viernes con una relación calidad-precio muy alta.

Para la tarde dejaremos uno de los rincones más salvajes y diferentes que tiene todo el Mediterráneo. Llevo años pidiendo que el cañón de Almadenes sea puesto en valor, nunca una Región desaprovechó una auténtica maravilla de la naturaleza para convertirla en un referente turístico internacional.

Si El Caminito del Rey, en la provincia de Málaga, ha sido capaz de cambiar el presente y futuro de una comarca que estaba llamada al abandono, el cañón de Almadenes podría cambiar no solo el futuro de Cieza, sino del turismo de interior de toda la Región.

Gracias al esfuerzo de un puñado de valientes, podemos disfrutar, a través de Stipa, de las pinturas rupestres de la Cueva de la Serreta, lugar mágico, lleno de futuro y pasado, y con un balcón que parece sacado de un cómic de aventuras. Si no la conoce, no pierda el tiempo siguiendo leyendo, y verá como el futuro turístico de la Región pasa por su pasado.

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