02 de julio de 2018
02.07.2018
Música

Reviviendo Ally McBeal

Primera noche de jazz en San Javier a cargo de Pepe Bao y la cantante neoyorquina Vonda Shepard

02.07.2018 | 04:00
Reviviendo Ally McBeal

Vonda se mostró relajada y simpática, incluso cantó en español. Su concierto fue un perfecto equilibrio entre lo nuevo y lo viejo.

Era la tercera visita a San Javier (llegó a grabar un album llamado Vonda Shepard Live in San Javier), pero la primera vez que la cantante neoyorquina –esa rubia que cantaba y tocaba el piano en el bar al que acudían Ally McBeal y sus compañeros abogados– venía a su festival de jazz.

«La de Ally McBeal». Muchos reducen a esta artista y compositora a cantante pop normalita venida a actriz cuya carrera alcanzó el culmen en una serie televisiva de los 90. Aunque obviamente Vonda ha recorrido un largo camino como artista, en su concierto demostró que el nuevo material sigue anclado en los tonos soft rock que le dieron fama, con esos arreglos musicales que parecen sacados del estilo acústico y californiano de Carole King, con quien es difícil no relacionarla, aunque la actitud de Shepard es aún más almibarada.

Desde el principio se le notó seguridad; no en vano lleva décadas en la profesión, y el calibre de su banda es impresionante. Le puso pasión, y presentó orgullosa a Jim Hanson, bajista de Johnny Cash y Springsteen, a James Wolston, guitarrista de Tina Turner durante más de dos décadas, y al eficiente baterista Christopher Hafer. El talento individual no siempre garantiza una buena faena de conjunto, pero en este caso, se deducía de las bromas y complicidades entre ellos que les gusta tocar juntos.

Vonda comenzó con una canción de su último álbum, Rookie, mostrando su habilidad para emprender viajes líricos directos desde el corazón. Con su amable calidez conectó con el público instantáneamente, sentada al piano sonriente. Respaldada por su excepcional banda, lo nuevo de Shepard suena sentimental y conmovedor. Walk On The Water reflexiona sobre cómo la fama se desvanece al igual que las imágenes de una foto barata. No obstante, tampoco tarda mucho en dar lo que el público espera: canciones de los tiempos de Ally McBeal. Walk away Renee, de Left Banke, se llevó las primeras ovaciones.

De hecho, hubo un perfecto equilibrio entre lo viejo y lo nuevo. Se mostró relajada y simpática, tanto que se atrevió a chapurrear (incluso cantar) español. I Just Don't Get It, de su album Rookie, es un medio tiempo lleno de tensión con un ritmo insistente y alguna referencia a Tina Turner, en la que le asisitían sus músicos con sutiles armonías vocales.

Turn It Up, funky con estribillo melódico, fue otra de las canciones nuevas llamativas. Con un guitarrista que tocó más de dos decadas con Tina Turner, Vonda emitió fuertes eco de Tina: llena de poderío, pero siempre sabiendo cuando reducir para crear contraste dinámico.

Hacia el final llegó la esperada Searching My Soul, el tema de Ally McBeal, con el público bailando y haciendo palmas. La energía de Shepard es contagiosa, y no sorprendió que en un momento dado dejara el piano y se situara en el centro del escenario con una pandereta para una arrebatadora interpretación de Tell Him, que puso en pie al personal y descendió al foso para acompañar una impecable versión acústica de I Only Want To Be With You de Dusty Springfield, sola con su guitarrista, para después volver al piano totalmente entregada con la versión de Hooked on a Feeling de Blue Swede. Para despedirse, cantó You Belong To Me, con cierto aire de nana. Fue como revivir un capítulo de Ally en la vida real. Los fans de la serie lo disfrutaron y, para el resto, fue como si amenizaran un coctel al borde de la piscina. Nostalgia.

El groove de Pepe Bao

Abrió la velada el superbajista Pepe Bao, el Jaco Pastorius español, con su Group, funkeando. Fuimos esperando alardes de virtuosismo, 'tocones', y nos encontramos con una de las actuaciones más especiales y dinámicas en la historia del festival: una jam session con invitados entrando y saliendo. La improvisación fue la tónica.

Bao y los suyos desplegaron una amplia paleta de colores que van desde el flamenco al jazz, la bossa-nova brasileira, y como no podía ser de otra forma, el funk. Cada uno de los invitados tuvo su momento de Gloria y aportó su grano de arena, y esto dice mucho de Bao y de su visión, donde el conjunto es lo importante, y no el 'bass-guitar hero' como cabría pensar.

Solo hubo guitarras en temas contados, como cuando salió Santiago Campillo derrochando clase y técnica en Funky mañanero. El propio Bao hizo sonar su bajo como una guitarra, mostrando su técnica con el 'tapping' y el slap. Obviamente el bajo era el elemento principal, de ahí que suene con esa tonalidad tan baja que le acerca al jazz. Pero el protagonismo lo compartió con todos los invitados que pasaron por el escenario.

Funk, agilidad, mucho cachondeo y mucho groove. Sina, de Djavan, en clave más funk que brasileira, con una joven invitada, Alba Marbá, que tampoco sabía muy bien dónde se encontraba; Bao la presentó diciendo que era «su primera vez», y homenajeó a Camarón con unos 'Tanguillos de valencina' muy patanegreros. Homenaje también a Roger Blavia, batería de Benavent fallecido recientemente, con una versión de Hotel California, de los Eagles, por bulerías, que les hubiera quitado el 'sentío' a sus autores, con el stickysta argentino Guillermo Cides.

Venía con el Group, pero Bao se presentó con una troupe de amigos y colaboradores que improvisaban con gracia y mucho arte. Joselin Vargas, que empezó tocando el cajón, salió para interpretar Alegría de vivir, del malogrado Ray Heredia, uno de los precursores del flamenco, y ya se quedó hasta el final dándole un toque más 'canastero' a Red Baron, que terminó en pura fiesta, una flamenco jam que dejó un magnífico sabor de boca. Una noche de magia como pocas.

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