23 de febrero de 2018
23.02.2018
Ruta para ir con niños

El regalo de la luz

El paseo ribereño de Cieza es un lugar perfecto para disfrutar de la naturaleza, aprender del agua y concienciar a los pequeños de la necesidad de cuidar el medio

28.02.2018 | 22:30
El regalo de la luz

Consejos

1. Se puede comer por la zona, en cualquier bar te atenderán estupendamente.

2. Lleva bocadillos, agua y galletas para el camino.

3. Muda, estamos en zona de agua.

Esta semana nos vamos a Cieza, un lugar con muchas rutas para recorrer. En esta ocasión nos hemos decantado por seguir el Paseo Ribereño junto al Río Segura.

Y es que, aprovechando los días en los que el tiempo acompaña, Cieza es un regalo para los sentidos. Se aprecia el agua transparente del río, su corriente, y todos esos sonidos que nos regala la naturaleza, como los que hacen las distintas aves que por allí hacen sus nidos.

Uno de los aspectos que podemos trabajar con los niños allí es la importancia de los puentes o pasarelas a la hora de conectar distintas partes en un mismo lugar. Pueden visualizar las dificultades que en otros tiempos existían al no disponer de los mismos, y de la facilidad con la que se accede en varios tramos del paseo de un extremo a otro, a ambos lados del río, gracias a la construcción de los puentes.

Recomiendo dejar en el coche junto a uno de los puentes, recientemente construido, la pasarela peatonal junto al parque La Cuesta del Río, ya que no hay problema de aparcamiento en esa zona y tenemos el parque por si tras la ruta a pie queremos comer allí mismo, ya que disponemos de buena sombra y el río a escasos metros.

Hay que prestar atención a las cajas-nido para murciélagos y los paseriformes –pequeños pajarillos– que habitan la zona. Éstas forman parte de un proyecto para la recuperación de ciertas especies –que se habían quedado sin árboles en los que poder anidar– ante la degradación del bosque de ribera en Cieza. Gracias a ello, allí encuentran cobijo el gorrión molinero, el murciélago grande de herradura, el carbonero garrapinos o el herrerillo común, entre otros. También veremos muchos terrenos con sus árboles empezando a teñir sus ramas de color, de ese rosa y blanco que inunda Cieza en esta época.

Aunque, esta semana, el río es el protagonista. Cuando hablemos con los niños, hemos de darle la importancia que tiene, por ejemplo, en la agricultura. Podrán darse cuenta de que por donde pasa agua hay vida y mucha vegetación. Además, en concreto el Segura, el río que pasa por nuestra Región, va haciendo un recorrido desde su nacimiento en Jaén por distintos lugares a los que tenemos fácil acceso para observarlo, aprender del mismo y, por qué no, ayudar a la conservación de su naturaleza con pequeños gestos.

En esta ocasión, hemos ayudado a la limpieza de los márgenes, retirando bolsas de plástico, envases metálicos y restos de basura que no han de estar ahí, sino en una papelera. Les explicamos a los más pequeños que todos esos desechos llegan hasta allí por culpa de los olvidos, del propio viento que los arrastra y, principalmente, de la dejadez en el cuidado del medio.

Valorando el entorno –lo que es de allí, cada rama, cada hoja, cada piedra en su lugar–, pasamos a ser meros observadores de este regalo de la naturaleza; y así, llevando a los más pequeños a donde la naturaleza nos habla con sus sonidos, les enseñamos a devolver, con nuestras pequeñas acciones, el favor de un paseo de natural belleza. Los papeles, a la basura; la galleta que te comes a medio, a la mochila de vuelta; el tetrabrik, a la papelera. Todo lo que viene con nosotros se ha de ir con nosotros, y esto se aprende cuando los niños nos ven a nosotros hacerlo primero, tomándonos como modelo de acción y de actuación con el entorno en el que nos movemos.

Además, durante el paseo, estamos desarrollando nuestra capacidad de observación, de apreciación de la mirada, no sólo con lo que tenemos a medio metro de distancia, sino la lejanía, el paisaje a corto y medio plazo. El asfalto de la ciudad da paso a la tierra, al agua, a los sonidos de gallos y gallinas de algún huerto cercano, al olor a leña por la quema de ramas, al sonido del pisar de nuestro calzado sobre la hierba, las ramas o el propio paseo. No hacen falta móviles más que para hacer fotos.

No dejemos que pierdan ni un solo detalle, y consigamos que se fijen en la corriente del agua, en los peces... La curiosidad de los niños se pondrá en marcha y darán vida a una rama en el suelo como si fuera una varita mágica con la que jugar; dejemos que ellos improvisen también, sin prisas, simplemente acompañando a quien tenemos al lado en esta conexión junto al río Segura y a los pies de Cieza. Seamos por un momento la pausa y observemos el maravilloso regalo de la luz.

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