Como perros y gatos

Una junta vital para Felipe, pero no para el Real Murcia

Felipe Moreno en la sala de prensa de Nueva Condomina. | JUAN CARLOS CAVAL

Felipe Moreno en la sala de prensa de Nueva Condomina. | JUAN CARLOS CAVAL / a.m.

Ángela Moreno

Ángela Moreno

Apareció Felipe Moreno este domingo en la sala de prensa de Nueva Condomina, pero no lo hizo para dar explicaciones tras la dura derrota encajada ante el Málaga. Ni lo hizo para aclararnos por qué el Real Murcia, ese Real Murcia planificado para pelear por el ascenso directo, aparece en el puesto once de la clasificación. Tampoco nos dijo qué piensa de que el líder Castellón esté ya a quince puntos ni nos detalló qué falla en un vestuario que no da la talla ni con el cambio de entrenador.

Felipe Moreno compareció en sala de prensa para avanzar que el 12 de diciembre habrá una nueva Junta Extraordinaria de Accionistas. Lo que toda la vida se ha hecho en un simple comunicado, este domingo se escenificó en una comparecencia de cuatro minutos en la que se impidió a los periodistas hacer preguntas. Una comparecencia con un único objetivo, el de dar pena, y es que dar pena se ha convertido en el hobby favorito de Felipe Moreno.

En un comunicado, la información hubiese sido simple: fecha, hora y lugar de la convocatoria, y luego ya los puntos del orden del día y la típica retahíla de artículos legales que nadie se lee; en cambio, aparecer en rueda de prensa permitía a Felipe Moreno soltar las dos únicas frases que quería soltar. La primera para decirnos, como si hubiésemos nacido ayer, que esa cita es «importantísima para la viabilidad del club» y la segunda para recordarnos que aprobar el Plan de Reestructuración es «un pilar básico». Y, casualidades o no, la viabilidad económica aparecía justo el día en el que el Real Murcia se hundía un poco más en lo deportivo y en el que el Real Murcia había sido goleado por el Málaga.

Y yo me pregunto, ¿por qué es tan vital esa Junta para el Real Murcia?, ¿por qué de esa Junta depende la viabilidad del club?, ¿está el Real Murcia en riesgo de desaparición? Pues ya le digo que, por mucha cara de pena que ponga Felipe Moreno, no se crean nada de todas esas advertencias. Porque la Junta que se celebrará el 12 de diciembre no es vital para el Real Murcia. ¿Cómo va a ser vital la aprobación de un Plan de Reestructuración para una Sociedad Anónima Deportiva que acaba de aumentar su capital social en cuatro millones, alcanzando ya los 11 millones de capital social? ¿Cómo va a estar en riesgo la viabilidad de una entidad por la que hace solo seis meses Felipe Moreno fue capaz hasta de subirse al ring para quedarse con el control?

Vital fue la Junta de Accionistas que se celebró en 2015, cuando, con Jesús Samper al frente, se rechazó la liquidación de un club prácticamente sentenciado económicamente. O vital fue la de junio de 2017, cuando, ya con Raúl Moro, se tuvo que reducir en un 90% el capital social para evitar de nuevo la disolución. Como luego fueron vitales la ‘asamblea’ que aupó a PARMU o la que confirmó la llegada de un Agustín Ramos que ponía 500.000 euros vitales para seguir adelante. Incluso la del pasado mes de marzo, en la que se producía el traspaso de poderes entre el de Abarán y el andaluz, podría tener cierta transcendencia, porque la entrada de Felipe Moreno significaba espantar los fantasmas de la liquidación como él y su abogado señalaban en febrero.

Pero para nada es vital la Junta que se celebrará el próximo 12 de diciembre, o por lo menos no es vital para el Real Murcia, un Real Murcia, repito, que tiene un capital social de 11,3 millones cuando a finales de 2018 no llegaba ni a 200.000 euros.

¿Entonces por qué las advertencias de Felipe Moreno? Porque aunque la Junta de Accionistas en la que se va a sacar adelante el Plan de Reestructuración no es vital para el Real Murcia, sí lo es para Felipe Moreno. Porque ese segundo concurso al que se va a someter a la entidad solo servirá para que el dueño del club, ese que el pasado mes de febrero lo iba a pagar todo, se ahorre hasta un 90% de la deuda privada, deuda privada en manos de pequeños acreedores, pequeños acreedores condenados a no cobrar después de muchísimos años dando vida a la entidad, cuando lo fácil era acudir a los Juzgados y pedir la liquidación. Esa buena voluntad, ese no querer hacer daño, se lo agradecerán ahora metiéndoles en un nuevo concurso que les va a dejar sin un euro.