Como fue en la semana del Día del Libro, y empezando por lo menor, aquello de hierba alta, suelo seco y sol es el relatillo lastimero de alguien que opta por ser un juntaletras en lugar del escritor de postín que podría ser.

Xavi, igual que el gran Barça que lideró con Messi, demostró lo bueno que era sobre terrenos de juego aceptables, malos y regulares, y en circunstancias ambientales y atmosféricas de todo tipo. Y, aunque prologó su perorata aduciendo que no quería que sonaran a excusas por el mal partido realizado en Getafe, consiguió exactamente lo contrario, provocando, además, el cachondeo consiguiente de Quique Sánchez Flores y un aluvión de memes que le ha hecho desorientarse y abundar en que continuará denunciando lo mismo hasta que se obligue a que los campos estén bien, es decir, a su gusto. Eso se podría normalizar, pero a ver cómo arreglan lo del sol. ‘Sostenella y no enmendalla’ no es inteligente, y siguiendo con el símil literario, sería reiterar un cuento rematadamente malo.

Su presi, Laporta, optó por el sainete y la leyenda para dirigirse a su parroquia; único objetivo de la tardía rueda de prensa sobre el caso Negreira. Bien sabía que periodistas y público en general no le creerían ni una palabra. Como tampoco sus colegas de la Liga de Fútbol Profesional. Pero jugó el papel que le correspondía, aunque le sobró su alusión al Madrid como equipo del Régimen.

Mandando Franco, los culés ganaron ocho ligas y nueve copas del generalísimo, por las catorce ligas y seis copas de los merengues, con la particularidad de que ocho de esos diecisiete trofeos fueron en los años de dictadura más severa, hasta la temporada 1952/53, y que, por el contrario, en esos mismos años, los madridistas solo consiguieron tres de los veinte trofeos señalados. Sus trayectorias cambian radicalmente con la llegada de Di Stéfano al Madrid. A partir de 1953 los blancos arrasan también en Europa, donde el general gallego no pintaba nada. Para verlo con perspectiva, la Saeta Rubia supuso con sus ocho ligas y cinco Copas de Europa blancas lo que Messi y sus diez ligas y cuatro Champions para el Barça. Con la diferencia de que antes de su llegada a Chamartín el Real no era nadie.

Para culmen de tamaño cinismo, el Barcelona no ha devuelto por indeseables ninguno de sus trofeos con Franco, siendo pura cosmética retirarle décadas después de muerto las dos insignias de oro y brillantes que le concedieron por sus relevantes favores desde la lucecita del Pardo. A buenas horas, mangas verdes.

Y lo más llamativo es que hasta mentes letradas de distinguidos culés, como Toni Freixa, le compran el relato, añadiendo, para pasmo de clubes y aficiones, que quienes aducen que el Madrid y el Barça han sido desde siempre los grandes beneficiados en todos los sentidos frente al resto, son madridistas confesos. Deberían preguntar a los aficionados de toda España. Habría pocas dudas al respecto. Según querencias y épocas, lo único que variaría sería el orden de agraciados entre los dos grandes.

Y vayamos a la traición en ciernes. A Laporta, razonablemente, solo le importa ahora su público y la UEFA. A los primeros, lamentablemente, parece que les convence y conforma el cuento victimista del secular centralismo madrileño. Pero en Europa eso no funciona. Y el presidente culé iría a ver a Ceferin con otra estrategia. Ni leyenda ni victimismo ni que todos hacen lo mismo ni leches. Y tampoco, claro está, flagelándose como gilipollas. Es más taimado que todo eso. Como político, aunque frustrado, maneja bien la doble cara y conoce las servidumbres por permanecer en el palmito a toda costa. Por tanto, es muy probable que haya ofrecido la cabeza de Florentino Pérez: tú no me sancionas mientras la justicia española no lo haga -largo e improbable me lo fías y argumento defendible- y yo me apeo de la Superliga cuando convenga. Esto es, pasado junio y antes o después de que la justicia europea se pronuncie sobre la pretendida competición liderada por el mandamás blanco. De paso, se la sirve también a Tebas —los tres ganan—, quien puede aflojar la soga que le acogota de cara a la próxima plantilla con Messi de engañabobos. El tiempo dirá.

El indeseado peaje puede ser que el Barça, por su inmisericorde deuda, se encamine hacia una sociedad anónima deportiva.

Como cantara Miguel Hernández, «vientos del pueblo me llevan…».