José Manuel Ruiz Ibáñez (Murcia, 9 de diciembre de 2000) se proclamó hace unos meses subcampeón de Europa júnior en la clase 49er. De padre futbolista y madre bailarina, estuvo compaginando la vela y el balón hasta que entró en la Universidad para estudiar Fisioterapia, pero realizó una apuesta por el mar y ahora está en la órbita del equipo español para los Juegos de 2028. Su reto más inmediato es ir este año al Mundial.

¿Desde cuándo estás vinculado al deporte?

Desde pequeño siempre he hecho deporte. Mi padre fue futbolista y mi madre bailarina, por lo que en mi casa era todo deporte y los fines de semana salíamos a correr o con la bicicleta. Siempre hemos sido aficionados.

¿Y qué practicaste antes de la vela?

Prácticamente todo. He hecho tenis, fútbol, golf, atletismo, natación y baloncesto.

¿Teniendo un padre futbolista también se te daba bien el fútbol?

No se me daba mal, pero realmente me gustaba mucho más la vela y, encima, se me daba mejor.

Porque empezaste a navegar con tu abuelo.

Sí, con ocho años, incluso un poco antes. Teníamos un velero en Los Urrutias y salía con él a la Perdiguera y a dar paseos por el Mar Menor, pero fue a los ocho años cuando me metí en la escuela de vela. Me lo pasaba muy bien con mi abuelo en el barco, pero después, entrenando, ya me sentía que en el barco era yo, me encontraba muy cómodo.

Le darías un disgusto a tu padre.

Sí, pero hasta mediados de la ESO aún seguíamos ahí por si finalmente me quedaba con el fútbol. Me gustaba y lo practicaba, pero si tuviera más tiempo, lo habría dedicado más a la vela que al fútbol.

¿En qué equipos jugaste?

Estuve una temporada en el Real Murcia y después en el Vistalegre, el equipo de mi barrio.

¿De qué jugabas?

Empecé jugando de extremo derecho e interior. Después me retrasé al centro del campo y mi último año jugué de central.

Fuiste hacia atrás.

Parecido a mi padre, que también empezó en ataque y acabó atrás. A mí me gustaba dirigir y de central me sentí muy a gusto.

¿Qué tiene la vela que le hace diferente a otros deportes que has practicado?

Que es un deporte imprevisible. Tienes que estar todo el tiempo con los cinco sentidos puestos en el barco, el agua, el viento, es algo que te embauca. Una regata es como una partida de ajedrez, pero contando con factores externos que son muy importantes como el viento, el mar y las corrientes. Al final, tener tantas variables en tu mano hace que sea un deporte muy diferente a los demás.

Desde fuera, para quien no lo ha practicado, puede parecer monótono, pero es al revés.

Totalmente al revés. No hay ninguna regata que sea exactamente igual. El mismo día podemos hacer cuatro y todas son diferentes porque los vientos oscilan.

Es que no es solo navegar, también tenéis que saber interpretar los vientos.

Y también la puesta a punto del material, que es muy importante, así como la meteorología y la psicología, que es fundamental en todos los deportes. Es muy completo.

¿Cuándo te diste cuenta que eras bueno en la vela?

En la Región era uno de los punteros de mi generación y a mí me gusta ganar. Estaba muy cómodo en esas posiciones altas y cuando me di cuenta que podía dar un paso más fue cuando acabé Bachiller y me metí en la carrera. Pensé que le podía dar una vuelta de tuerca porque había hecho buenos resultados y en la Federación Española había un buen plan para los deportistas jóvenes. Me vi que podía encajar ahí echándole muchas horas. Otros compañeros se han ido porque no han sabido gestionar bien la oportunidad, pero yo he seguido.

En la vela siempre el objetivo es llegar a los Juegos Olímpicos, pero es muy complicado.

No es fácil y, por suerte o desgracia, en España estamos teniendo unas generaciones muy buenas y la clasificación nacional para ir a los Juegos está muy cara. Pero cuando llegas a ese escalón, al estar un poco por encima del resto del mundo, estás mejor situado.

El problema es que cuesta mucho dinero.

El otro día hicimos números y una temporada para un chico de 22 años como yo cuesta 60.000 euros. Los componentes del equipo olímpico, por ejemplo, se dejan entre 100.000 y 200.000 euros al año. Hay muchas cosas que cubren la Federación y los patrocinadores, pero no todo.

¿Te sigue costando dinero la vela?

Me sigue costando dinero navegar, sobre todo las comidas. Como no estoy dentro del equipo olímpico, todas las dietas aún no me las cubre la Federación. Dentro de lo que yo trabajo aquí cuando vengo, que estoy de entrenador en varios clubes, y el dinero que me dan mis padres, voy pagándome todo lo que necesito. Para el material sí que tengo ayudas a través de la Federación Española, Murciana y algún patrocinador. Voy sobreviviendo totalmente. El otro día estaba tiritando la cuenta y sufrí un poco.

Entonces el problema es que no te puedes centrar en el deporte.

Es una presión que no se ve. Por ejemplo, el material cuenta con un papel muy importante y hay muchos gastos. Cuando te tienes que comprar un juego completo de velas se te van 10.000 euros y cuando vas a tope te puede durar una o dos regatas. Tenemos que gestionar fechas, días de uso y demás. Tengo un excell con todos los días de uso para contabilizarlo porque no es lo mismo un día de mucho viento que de poco.

¿Cuál es la edad de madurez en la vela?

Realmente es muy difícil porque en categorías olímpicas la mejor edad está entre los 25 y 30 años, porque acumulas toda la experiencia y la compaginas un buen estado físico. En otras clases de barcos grandes, la madurez llega más tarde porque vas almacenando en tu disco duro muchas situaciones vividas hasta ese momento.

¿Te da tiempo a llevar bien los estudios?

Bueno, los llevo un poco a pie juntillas, sacándome tres o cuatro asignaturas por cuatrimestre. Mis padres también me aprietan y quieren que la acabe ya para centrarme en navegar porque cuando vengo aquí tres días también me apetece descansar un poco, ver a mi familia y mis amigos, pero no puedo hacerlo porque tengo que levantarme temprano para ir a clase.

Vida social, poca.

Poca. Cuando vengo aquí y me puedo tomar una cerveza en La Merced con mis amigos, tengo que ir corriendo. Es lo único que me permito.

¿Tienes la sensación de que renuncias a muchas cosas por el deporte?

Sí, se renuncia a muchas cosas. Al final, quien algo quiere algo le cuesta, pero renuncias a una vida social o a un mayor descanso, en definitiva, a una vida normal de universitario, pero al final es lo que más me gusta y no lo veo como un sacrificio grande. En los descansos más grandes, cuando tengo una, semana sí que pienso que me gustaría tener más tiempo para estar con mis compañeros, pero luego se me pasa. Lo que más me apasiona es navegar y, por ejemplo, arreglar un cabo en el barco, que soy muy friki para eso. Me apasiona.

¿Es muy elitista la vela?

Sí que lo es. Hay muchos rangos bien marcados y, por ejemplo, cuando llegas siendo un novato, tienes que saber con quién te vas a colocar al lado en la salida porque si vas como loco ya te tachan de que no respetas nada. Y luego es importante tener muchas alianzas. Es esencial tener un amigo en Malta, otro en Uruguay o en Australia, por ejemplo, para hacer entrenamientos de calidad.

¿Y es difícil ser novato?

Sí, pero si haces buenas alianzas, te comportas bien y eres coherente navegando en el agua, no tienes problemas. A mí me gusta hacer alianzas y socializar.

Vamos, que socializas en el mar.

Y en tierra también porque me gusta mucho hablar con la gente, prestarle mi ayuda. Es algo muy importante para crecer como deportista.

¿Qué importancia tiene este año para ti?

Creo que es, de momento, el más importante de mi carrera, pero eso me pasa todos los años. No es vital porque para nosotros, que tenemos 21 y 22 años, nuestro objetivo está en 2026 y 2027 para intentar clasificarnos para los Juegos de Los Ángeles 2028. Ahora es como un punto de partida muy bueno porque conseguir plaza para el Mundial, para consolidarnos dentro de la Federación y que se nos vea como herederos importantes del equipo olímpico.

¿Ahora estáis consolidando vuestra candidatura?

Exactamente. Venimos de ser segundos de Europa en categoría sub-23, que es un buen resultado, pero necesitamos consolidarnos a nivel absoluto para demostrar que nuestra candidatura es sólida.

¿Hay mucha competencia en vuestra clase?

A nivel internacional te diría que es de las más competitivas. Es un barco que rompe con cualquier otro canon de la vela ligera y necesitas mucho tiempo para adquirir esa técnica. No te puedes despistar un momento porque la técnica se te va. Necesita un timonel muy fino y un tripulante con la vela mayor bueno.

¿Las embarcaciones de dúos son más complejas?

Así es porque tienes que ir compenetrado. Mi compañero lleva el timón, que es la dirección del barco, pero yo llevo el acelerador, que es la vela. Es como si partes un coche en dos. Para que el barco funcione al cien por cien, es muy difícil llegar a ese acuerdo, porque cada uno lo siente de forma distinta en algunas ocasiones, y llegar los dos a la misma página conlleva un trabajo de comunicación y de estar muchas horas juntos.

¿Y no cuesta trabajo mirar a tantos años vista?

Nosotros también lo veíamos lejos cuando empezamos en 2019, pero al final vas sumando horas, entrenamientos, viajes y regatas, y se te pasa un año volando. Como vas pensando todo el rato en el presente y mirando más allá, con la ambición de hacer las cosas bien, al final no se te hace tan pesado. Hay gente a la que sí se le hace pesado, pero esa es la que va saliendo del barco.