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El Palmar, cuna y refugio de Carlos Alcaraz

El pueblo murciano comparte la emoción y el orgullo de las recientes victorias del tenista, que hoy ha vuelto a casa arropado entre el cariño de sus vecinos

El Palmar, cuna y refugio de Carlos Alcaraz

El Palmar, cuna y refugio de Carlos Alcaraz Eva Moya

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El Palmar, cuna y refugio de Carlos Alcaraz Eva Moya

"Humilde", "familiar" y "trabajador" son los adjetivos más repetidos por los palmareños al ser preguntados por Carlos Alcaraz, ganador del Mutua Madrid Open, y vecino de esta localidad murciana.

La primera parada del pueblo es obligatoria: acudimos al Club de Campo donde desde muy pequeñito comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo del tenis. Su primer entrenador, Kiko Navarro, ya lo recuerda con cuatro años yendo a las pistas con su padre y dando "unos buenos raquetazos". Más tarde, con nueve, comenzó con Navarro quien explica que desde pequeño ya se le veía algo especial y que estaba claro cuál era su camino en la vida. "Ahora se están apuntando muchos socios nuevos porque dicen que quieren entrenar en el club de Carlitos Alcaraz", explica satisfecho el entrenador. Además, cuenta que sigue cada torneo del palmareño con la misma ilusión que cuando estaba en el club: "Cada vez que juega una final tengo los nervios a flor de piel, como si estuviera todavía con él en el banquillo".

Esta formación deportiva, se complementa muy bien con la recibida durante la ESO y el primer año de Bachillerato en el instituto del pueblo, el IES Marqués de los Vélez, donde coinciden con el testimonio de los vecinos de que siempre ha sido una persona muy trabajadora, que ha logrado todo lo que se ha propuesto con esfuerzo. "Carlos tenía unas condiciones muy complicadas para compaginar el deporte con el instituto, por eso siempre se ha esforzado el doble", cuenta Mariano Soto, director del centro. Soto destaca que Alcaraz es un chico muy inteligente: "Su capacidad de trabajo lo ha llevado a ser un fuera de serie jugando". Asimismo, mientras nos enseña la orla del palmareño en el instituto cuenta emocionado que el claustro de profesores está volcado con él: "Estamos muy orgullosos de haberlo tenido como alumno".

Aunque si hablamos de emoción es imposible no mencionar a Andrés Marín, copárroco de la Iglesia de La Purísima Concepción de El Palmar, quien el sábado, con el triunfo del tenista, revolucionó a toda la parroquia con su alegría. En el momento de la victoria de Alcaraz, Antonio, el otro párroco de la iglesia se disponía a oficiar la misa de la tarde, cuando, en mitad de la monición de entrada, los feligreses vieron entrar a Andrés muy contento. En ese momento, transmitía la noticia a su compañero, quien no dudó en subir a tañer las campanas del templo. "Cuando acabó la lectura, cogí el micrófono y pregunté si sabían por qué estaban volteando las campanas y el grito fue atronador: ¡Por Alcaraz!", dice Marín. "La cara de alegría de la gente era un poema, se creó una energía muy bonita", cuenta, "es muy hermoso ver ese orgullo y agradecimiento en la gente del pueblo".

Unas cuantas calles pasada la Iglesia, cientos de vecinos del pueblo se agolpaban en unos jardines donde el Ayuntamiento de El Palmar había instalado una pantalla gigante para ver jugar a Alcaraz. Todos los asistentes coinciden en que lo allí vivido fue emocionante: "No cabía ni un alfiler, todo el mundo estaba contento, saltando de alegría", recuerda Santi, vecina del tenista, quien hace hincapié en que tanto Alcaraz como su familia son personas muy buenas y humildes y que se alegra mucho de verlo triunfar. Luz María, por su parte, reconoce que jamás había visto el tenis hasta ahora y que ha empezado a seguirlo gracias a Alcaraz: "Desde que el muchacho está ahí no nos perdemos ni un partido, se nos ponen los pelos de punta con él". Además, dice que es muy emocionante ver cómo el tenista se acuerda de su tierra en cada partido: "La gente está muy orgullosa, fue muy bonito ver la dedicatoria que escribió en la cámara". Guiños a su lugar de origen que suele acompañar en cada victoria junto con el gesto de hacer unas gafas con las manos como saludo a su grupo de amigos, conocidos por el pueblo como 'Los Lupas'.

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