04 de julio de 2020
04.07.2020
La Opinión de Murcia
In Memoriam

Recuerdo inacabado de Pepe Vidaña

03.07.2020 | 22:49
Recuerdo inacabado de Pepe Vidaña

Se nos ha ido como del rayo, que diría Miguel Hernández, pero los hombres como Pepe nunca se acaban porque unen su nombre para siempre a la pasión de su vida. Y si el fútbol fue cuna de sus sueños, el Real Murcia acunó sus emociones; esas que cuando son tan auténticas como apasionadas contagian la grandeza que las inspiran. Las que no engañan. Las de los hombres indiscutiblemente grandes.

Traté a Vidaña en sus años brillantes, cuando pusimos CajaMurcia en el pecho grana. Y compartí muchos ratos con él y aquellos futbolistas foráneos distinguidos a quienes capitaneaba desde su aparente timidez, que no era sino humildad ejemplar; quizá su grandeza más íntima y junto a la honradez y la lealtad las que mejor lo definen.

Se sentaba esquinado, por no figurar, observando mis reacciones ante los comentarios de Guina, Figueroa, Manolo, Tente Sánchez o Tendillo, con su media sonrisa de buena gente; sabía que disfrutaba con aquellos compañeros suyos que tanto nos hacían vibrar en La Condomina y por esos grandes estadios donde lucieron con orgullo y honor el escudo de nuestro Real Murcia. Tal vez creyera que apreciaba más sus deslumbres que la leyenda que él era para mí desde que empecé a seguirlo de juvenil, cuando lideraba a los chavales que llevaron al Murcia a los más alto de las promesas del fútbol español para en solo dos años, desde los dieciséis que llegó de Padules, ser titular indiscutible de la selección nacional juvenil con el legendario Andoni Goicoechea de suplente.

Aún no sabía lo que me apasiona el fútbol de cantera. Y él lo representaba como nadie, hasta el punto de asegurar toda su vida que el mejor camino de un club como el Murcia es potenciar a sus jóvenes de un modo profesional organizado. Y esa carencia es una deuda eterna que tendremos con Pepe Vidaña; siempre se ofreció a trabajar en tan hermoso proyecto.

Así, un día caluroso del verano del 93, recién ascendidos a Segunda, me hice el encontrado y le ofrecí a bote pronto hacerse cargo del Murcia B. Y nuestro amigo Pepe, que disfrutaba en el Cieza del prestigio de haberlo ascendido con poco a Segunda B, no dudó en responderme que nunca negaría al club de su vida; un apretón inmediato de manos selló nuestro compromiso.

¡Cómo jugaba nuestro filial! A algunos compañeros de directiva les sorprendía que no me perdiera un partido de aquellos fenómenos que pusimos en sus manos, con Pepe Ruiz Berenguer al frente, a quiénes Vidaña hizo mejores hasta pasar varios al primer equipo. Meses antes habíamos fichado a Vicente Carlos Campillo, con quien fuimos campeones y Pepe había compartido momentos inolvidables que gustaba recordar; en caso de duda, los nuestros siempre.

Cuando dimití en Navidad para no malvender La Condomina, una de mis tristezas fue perder el contacto diario con gente como Pepe o el vitoriano Juanjo. Otro capitán que se hizo tan murciano de corazón como su inseparable vasco extremeño Manu Núñez, quien más veces ha jugado con el Murcia en primera y compañero de ilusiones en la escuela de fútbol del Barnés. Tan distintos y tan parecidos en pasión deportiva, siempre con el grana en sus almas.

Un día me contó cómo otro recordado murcianista, José Víctor Rodríguez -a quien fichamos también-, lo llamó para explicarle que su sitio no era de extremo, como vino a probar al Murcia, sino de defensa central. Y cómo le enseñó a saltar de cabeza lateralmente con el hombro por delante y no de frente con el pecho para ganar impulso, efectividad y contundencia. E inteligente como era, aprovechó al máximo eso y cuanto le enseñaron quienes sabían. La humildad de quien empieza es la base de todo éxito posterior, le decía yo. Y hasta la de los verdaderamente grandes en cualquier actividad, como demostró él enfrentándose a los Butragueño, Quini, Maradona y tantos otros figurones.

Por eso, fue una delicia durante años escucharle a él y al irrepetible Maestro Ibarra en nuestra Peña del Pavo infinidad de anécdotas de aquellos tiempos de lustre y menos lustre pimentonero.

¡Cuánto vacío! Me cabe el triste honor de haber escrito despedidas emocionadas sobre el presidente Pepe Pardo, el periodista Juan Ignacio de Ibarra y los futbolistas Antonio Ruiz Abellán y Pepe Vidaña. Cuatro amigos. Cuatro números uno. Cuatro historias vivas inacabadas porque brillan en la memoria colectiva del murcianismo militante.

Hasta luego, Pepe. Otro día nos sigues contando abonico.

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