Entrevista

Víctor Manuel: "Actuar es como ir al psiquiatra y desahogarte"

El veterano músico asturiano visita este domingo la ciudad de Cartagena en una nueva parada de la gira 'La vida en canciones', con la que celebra sus 75 años

El cantante Víctor Manuel.

El cantante Víctor Manuel. / Eduardo Parra / E. P.

Amparo Barbeta

El escenario, para Víctor Manuel, lo es todo. Dice, entre risas, que no podría vivir sin la adrenalina que este le genera. Pero también que quiere ser consciente, de cuando deberá decir: «Hasta aquí». De momento, con «mucha ilusión y ganas» celebra sus 75 años con la gira La vida en canciones, que el domingo trae al Auditorio El Batel de Cartagena.

¿El escenario lo cura todo? 

 Sí, la verdad. Esta es una frase de una canción que Ana y yo grabamos en 1985, en el disco de La Puerta de Alcalá. La canción se titulaba No seré nunca juguete roto. Es una canción de principios. Por ejemplo, yo sé lo que no quiero hacer en el escenario. Una de las frases que más me gusta de la canción es: «El escenario lo cura todo». Cuando salimos de la pandemia y empecé a cantar todavía con restricciones, me dio un subidón ver a la gente ahí abajo en las condiciones en las que estaba. Yo todas las noches se lo agradecía y solo me faltaba bajar del escenario y besarles los pies. Fue una sensación de curación total.

¿Temió convertirse en un «juguete roto»?

Lo que pasa es que me puse la venda antes de la herida. Nunca quise serlo y creía que con escribirlo lo conseguiría. El problema es que a lo mejor, al final, no vale para nada porque eres juguete roto y no te das cuenta.

¿Ha visto muchos de esos en su carrera?

Sí. Es muy difícil desengancharse. Primero, porque es un medio de vida para mucha gente y porque tampoco adivinan cuándo ha dejado de serlo. Y eso ocurre cuando la gente no saca entradas para ir a verte. Ese es un indicador clarísimo. Nos cuesta mucho ver eso y por eso muchos se excusan en que ese día ha llovido, hay fútbol... Siempre hay excusas para seguir cantando porque esta es una profesión muy atractiva. No conozco ninguna profesión mejor que esta, un trabajo en el que te aplauden cada tres minutos. Y eso engancha muchísimo. Ojalá yo me dé cuenta de cuando llega mi momento.

¿Por qué cree que, tras el adiós de los escenarios de Serrat, nos empeñamos en quererlo jubilar?

El edanismo está de moda. No encuentro otro argumento. A la gente hay que aplicarle el recetario cuando se lo merece, pero si uno está bien y quiere seguir cantando y la gente le apetece seguir viéndolo, pues adelante. Este es como cualquier otro oficio, y si tú quieres seguir escribiendo, ¿por qué coño te vas a jubilar a los 65 años? Hay determinados oficios en que uno no se jubila o te jubilan otras circunstancias ajenas a ti.

No se jubile aún. Antes hablaba del subidón que le produjo actuar tras la pandemia. ¿De qué males le ha curado el escenario? ¿Se le olvida hasta el dolor de ciática?

En el escenario es increíble, porque no te duele nada; se te pasan todos los males. Algún día puedes tener un resfriado fuerte que te impide estar a pleno rendimiento, pero nada más. Para mí es como ir al psiquiatra y desahogarme. Yo, que de naturaleza soy tímido y me cuesta trabajo relacionarme en la corta distancia, cuanto veo ahí sentados a mil aplaudiendo, se me pasa todo y me convierto hasta en un ser extrovertido. Es una cosa muy rara.

¿A través de sus canciones se siente inmortal?

¿Inmortal? Hay canciones que se quedaran ahí pero creo que se borrará la huella de que las escribí y por qué las hice en su momento. Creo que ya está ocurriendo. Hay canciones que dejan de pertenecerte. El otro día veía a Revilla, el expresidente de Cantabria, en YouTube, vestido de cántabro, lanzarse a cantar El portal de piedra, una canción mía del año ‘69, y decía que era una «canción popular». Eso es lo más parecido a la inmortalidad que yo conozco, cuando se borra el nombre y al final queda la canción.

¿Le gustaría sentirse más libre en sus conciertos y no tener que cantar siempre lo que el público quiere escuchar?

Cuando arranco el concierto y llevo dos o tres canciones, le digo a la gente que, esa noche, no voy a estrenar nada, y aplauden. Pero también le digo que si el montón de canciones que cantaré no las hubiese estrenado, no estaría ahí. Entiendo perfectamente al público y el repertorio es, creo, del gusto del 90%, porque son canciones muy conocidas. Después hay tres o cuatro que son las que yo llamo ‘desgraciadas’, que son canciones que no tuvieron éxito en su momento, pero que a mí me gusta mucho cantarlas.

¿Una carrera tan larga se puede resumir en un concierto?

Es muy difícil, y siempre escuchas a alguien que pide algo fuera del repertorio. Además, ahora se lleva todo programado y armado, por lo que es muy difícil que una actuación se salga de los cauces previamente establecidos. Eso está bien, pero al mismo tiempo, te incapacita para improvisar (porque es muy difícil movilizar a iluminación, sonido...), y, con mucha rabia, no puedes cantarla.

En una época en la que todo es de usar y tirar, ¿qué tiene su música que, pasan los años, y sigue vigente y no chirría?

Porque son canciones construidas y, sobre todo, difundidas a lo largo de los años. En las canciones se crean capas que, aparentemente, no se ven, pero que están solidificada. Al final de los conciertos se me acerca gente que me dice que no sabía que conocía tantas canciones mías y es porque he cantado en décadas diferentes y las canciones se van quedando almacenadas en la cabecita y de ahí no se mueven. Mis canciones no son de Tiktok; tienen base, argumento, una historia que te puede interesar..., y eso las hace resistir al paso del tiempo.

Son letras que, además, son el mejor compendio de la historia de las últimas décadas.

Yo le canto mucho a este país.

¿Su éxito es su coherencia?

Supongo que la gente lo tiene en cuenta. Ven que no doy bandazos, que no hago cosas extrañas..., y todo eso creo que pesa en el aprecio que se me tiene. Creo que uno aguanta aquí por las canciones. Yo las programo y las vendo desde un escenario, pero si no hubiese canciones no habría nada más. O sea, si no hubiese canciones no habría coherencia, no habría música, no habría cantante, no había nada. 

Con la perspectiva de los años, ¿reescribiría alguna canción?

En general, no.

¿Qué les dice a quienes aseguran que antes había más libertad?

Que eso es mentira, que no sé dónde han vivido ellos. Yo sí sé donde he vivido. Lo que pasa es que ellos seguramente hablan de una cosa, pero que no se atreven a manifestarla del todo. El problema actual son las redes sociales y cómo castigan y coartan, pero no por una censura que no existe. En las redes sociales siempre hay alguien al otro lado con el hacha dispuesto a matarte. Cualquier tiempo pasado fue peor, con toda seguridad.

¿A quien le gustaría escuchar cantar una canción suya?

A mucha gente. A Ana Belén. 

Otra, por favor.

Pues, por ejemplo, a una joyita como Sílvia Pérez Cruz. Me gusta mucho todo lo que hace y me la comería a besos. Tiene una sensibilidad y un talento especial, y estoy seguro de que dentro de treinta años ella estará ahí cuando el soufflé del reguetón haya desaparecido del panorama musical. Ella, sin embargo, será una viejecita dulce, y seguirá maravillando desde los escenarios.

FICHA

Fecha: Domingo, 19.00 horas.

Lugar: Auditorio El Batel, Cartagena.

Precio: 42, 48, 56 euros.