El escritor madrileño Pedro Ramos defiende los videojuegos como «otra forma de contar historias», tan válida como la literatura, y rompe una lanza por los adolescentes que, en su opinión, «leen igual o más que los adultos» y desarrollan un gran interés por libros sobre temas de los que se sienten cercanos. «No es que no les guste leer, lo que no les gusta es que les digan todo el tiempo lo que tienen que hacer. ¿A ti te gusta que te obliguen a leer un libro? Pues a ellos, tampoco. Si les obligáramos a jugar a videojuegos, también les cogerían manía», señala.

Con su novela Héroes (Edebé, 2021), que gira en torno a un videojuego online que hace que se crucen las vidas de tres jóvenes muy diferentes, Ramos es uno de los tres finalistas del Premio Hache, la sección para adolescentes de entre 12 y 14 años del Proyecto Mandarache de fomento de la lectura que organiza el Ayuntamiento de Cartagena. El madrileño ya estuvo conversando en el pasado mes de enero con los alumnos del IES Carthago Spartaria, de La Palma, y en los próximos días visitará la ciudad junto a los otros dos autores aspirantes al galardón: Daniel Hernández Chambers, por Departamento de asuntos mágicos (2020), y Chiki Fabregat, por El cofre de nadie (2021).

«Esta novela es la peor campaña de mercadotecnia que he podido hacer», señala entre risas Pedro Ramos. «A los chavales no les gustan los libros y a los profesores, que son los que suelen seleccionar las lecturas de los adolescentes, no les gustan los videojuegos», explica, de broma. Sin embargo, en su opinión, los juegos online, al igual que las redes sociales y otras formas de ocio relacionadas con las nuevas tecnologías, son también «otras formas de contar historias». Es decir, que «no son malas por sí mismas», y pueden abrir la puerta a nuevas relaciones, amistades y aficiones. «Lo malo es que es muy fácil caer en el abuso, pero ocurre en todos los campos. Igual que un señor se volvió loco leyendo novelas de caballería –apunta en referencia a Don Quijote–, a un chaval se le puede ir la pinza si no hace otra cosa que jugar».

Autor de ocho novelas y un poemario, además de guiones de televisión, obras de teatro y cuentos, Ramos huye de la etiqueta de ‘literatura juvenil’ porque, asegura, no escribe pensando en la edad de sus lectores, y critica a los escritores que hablan a los adolescentes «con superioridad, mirando de arriba hacia abajo». «Toda mi obra es crossover –señala en referencia entre esa distinción entre libros para jóvenes y libros para adultos–, la puede leer cualquiera que tenga curiosidad, sea cual sea su edad. La cuestión es que, si el protagonista es alguien joven, las editoriales automáticamente lo etiquetan como literatura para jóvenes», lamenta.

No obstante, el madrileño asegura sentirse «muy cómodo» con ese tipo de protagonistas porque le permiten abordar asuntos que rara vez se llegan a publicar en novelas consideradas «para adultos». Así le ocurrió con su última obra, Un ewok en el jardín (2022), que trata sobre el autismo, y con la que ganó el Premio Edebé, uno de los más reputados en literatura para adolescentes. Sin embargo, Ramos asegura que ser finalista del Premio Hache le parece «mucho más importante» que cualquier otro galardón literario, ya que en este concurso no hay un jurado profesional, sino que son los propios chavales que han leído el libro –más de 2.200 en esta edición– los que votan por su obra favorita de entre las finalistas, algo que harán a lo largo del mes de abril (la entrega de galardones será el 12 de mayo).

Visita a Cartagena

Como es habitual, la actual edición de los Premios Mandarache está dividida en dos categorías: por un lado, la que da nombre al certamen y que está dedicado a lectores de 15 a 30 años, que este año reúne –en concreto, el próximo día 29 en el auditorio El Batel de Cartagena– a Yeison García, con Derecho de admisión (2021); Margaryta Yakovenko, con Desencajada (2020), y Pablo Remón con Doña Rosita, anotada (2020). Y, por otro, el Hache, que hará lo propio con Hernández Chambers, Fabregat y Ramós un día antes, el 28; un acto que el madrileño espera con ilusión, en vistas de lo positivo del encuentro virtual que tuvo hace semanas con estudiantes de la ciudad portuaria.

Y es que autor de Héroes agradece la honestidad de este joven-jurado-lector. «Lo mejor de todo es que son sinceros», señala, y no dudan en decir «a la cara» lo que no les ha gustado de la novela, «argumentando y razonando». Por ello, el escritor asegura que «se aprende mucho de este tipo de encuentros; yo me llevo muchas cosas para casa. Es el mejor caldo de cultivo para tomar el pulso a los lectores de cara a una futura obra», señala. Porque, «para saber lo que a los jóvenes les interesa leer, hay que escucharlos»: «Yo no escribo pensando en el adolescentes que fui. Tampoco podría: todas mis obras están ambientadas en el presente. Porque no me gusta ponerme nostálgico; hablo del aquí y el ahora, y de los problemas e inquietudes que tienen hoy los adolescentes, y de eso me entero compartiendo con ellos», asegura. Y sentencia: «Se habla mucho de ‘la mirada del escritor’, pero es mucho más importante el oído del escritor».