"Hay tanto libro bonito que yo creo que ya no voy a escribir más", comenta, risueña, Marisa López Soria. Pero no se tomen la amenaza muy en serio (ni siquiera ella lo hace). "¡Pero es verdad! A veces digo: ‘Ya no soy escritora’, y la gente se parte de risa", reconoce –también entre carcajadas– la gran dama murciana de la literatura infantil y juvenil. "Porque muchas veces me planteo qué necesidad hay de que yo siga con esto, pero es que me produce tal placer...", apunta, zanjando su propio debate interior (al menos, de momento).

Para ella, sentarse ante el teclado y escribir es «como un chute, un cohete; me entusiasma». Y aunque sigue todavía sin saber responder con exactitud a la pregunta de cuántos libros ha publicado hasta el momento –por más que este redactor insista en cada una de sus conversaciones conjuntos–, asegura que en realidad no es tan prolífica como se cuenta. "Me paso muchas temporadas en blanco, absolutamente inane. Pero luego empiezo, me sale un texto de tres o cuatro páginas, lo dejo descansar, lo recupero, lo reviso, lo mando y..., la verdad, yo tengo la inmensa suerte de que me suelen querer publicar", reconoce López Soria, una autoridad en su campo, una garantía para las editoriales. 

De hecho, en los últimos tiempos hasta cuatro sellos distintos han confiado en su firma: Iglú (Valencia), Abresueños (Málaga), Gato Sueco y Bookolia (estas dos últimas, radicadas en Madrid). Con los primeros lanzó hace unos meses El hijo de la amazona; con los segundos, Félicette, gata espacial; con los terceros, Tesoros, las historias de Conejito Zanahoria, y, finalmente, con Bookolia, una suerte de reedición de ¿Me das tu palabra?, que cuenta con ilustraciones de la murciana Eva Poyato. Porque cada uno de estos libros son lo que su autora llama ‘álbumes ilustrados’.

Muchas veces no pienso en si al niño le atraerá [la historia], sino en si me atraerá a mí"

"En la actualidad, las editoriales se han concienciado de que este es un género distinto al del cuento. Estos son casi libros-objeto en los que he tenido la suerte de trabajar con grandes artistas", afirma orgullosa López Soria. En concreto, además de Poyato, para esta última remesa de títulos ha unido fuerzas con Alejandro Galindo, en El hijo de la amazona; Miguel Cerro, que se ha encargado de dar vida a Félicette, y Bárbara Perdiguera, que ha dejado su particular huella en el ‘librojuego’ Tesoros, las historias de Conejito Zanahoria, una lectura "para muy chiquitines". "Contar con gente así es un plus, evidentemente. De hecho, yo casi nunca hablo con ellos; prefiero dejarles hacer, que lean el texto y usen su imaginación, y en muchas ocasiones realmente son capaces de darle otro vuelo al proyecto. Es algo muy mágico", añade.

Y eso que la escritura de López Soria dista mucho de ser la evidente, la que cualquiera (que no conozca el género) podría esperarse de un libro infantil. "Tengo un libro, Papi Comeniños (Galimatazo, 2021) que..., bueno, no es una narración al uso. Diría que es hasta ‘difícil’. Trata sobre una niña que ha pintado las paredes de su casa y que empieza a imaginarse barbaridades sobre cómo su padre la va a castigar. Y yo lo que pasa es que voy a mi bola y a veces escribo cosas que los adultos me dicen: ‘Esto no lo van a entender’, pero luego lo reciben con la mayor naturalidad. Te pongo un ejemplo: Ulula el viento. Zarandeo. Meneo. Soy la insignificante. Pizca alelada. Tendré que gritar: ¡Basta, basta! Nunca jamás volverá a suceder’ –recita–. Pues igual no alcanzan a comprenderlo todo, pero se dejan llevar por el ritmo, por el sonido, por la música del lenguaje poético. Y no es algo extraordinario –añade–: todos nos hemos aprendido cosas que no entendíamos, como ‘la luna en el mar riela’", señala en alusión a la Canción del pirata de Espronceda, tratada habitualmente en colegios e institutos.

LAS OBRAS ESENCIALES

El hijo de la amazona - Iglú Editorial, 2022

Este álbum tiene una doble lectura, señala López Soria. Los lectores más jóvenes solo entenderán que hay un niño, Martín, al que no le divierten en absoluto las exigencias de su madre: que le mande a hacer los deberes, a ducharse, a cenar... "Pero un día ella no está y se da cuenta de lo importante que era para él esa rutina, esos días aburridos", explica la autora. Sin embargo, el lector adulto, conocedor del mito de la amazona –mujeres valientes pero muy salvajes, que se cortaban el pecho para poder llevar el arco y las flechas–, entenderá que la ausencia de la madre se debe a que se encuentra en tratamiento por un cáncer de mama. "El libro tiene esa doble versión, pero la enfermedad no se menciona en ningún momento. Y finalmente ella vuelve para decirle a Martín que tiene que hacer los deberes, ducharse, ir a cenar...".

Félicette, gata espacial - Abresueños, 2022

Este es el más narrativo de los cuatro, según López Soria. Y es que está inspirado en una historia real que un día encontró en un periódico francés y que le provocó una necesidad irrefrenable de escribir (y así trasladas este suceso a su público). "Porque todo el mundo conoce a Laika, la perra astronauta –que en 1957 se convirtió en el primer ser vivo terrestre en orbitar la Tierra–, pero casi nadie recuerda a Félicette, la primera gato en ser enviada –y sobrevivir– al espacio exterior, en 1963", señala su autora. Por supuesto, la escritora murciana se encarga en esta obra, con dibujos de Miguel Cerro, de imaginar la intrahistoria de este histórico felino, del que nadie cree sus aventuras espaciales. Eso sí, la conclusión a la que llega tanto la protagonista como el lector es la misma: en ningún lugar se está como en casa.

Tesoros, las historias del conejito Zanahoria - Gato Sueco Editorial, 2022

Cuenta Marisa López Soria que este libro responde a un autodescubrimiento: "Me di cuenta de que no tenía nada para niños muy pequeños". Y..., bueno, no tardó mucho en rellenar ese vacío con este libro-juego en el que los pequeños deberán descubrir los pequeños misterios que se esconde en el interior de sus páginas: un garabato con los ojos de cristal, dos brujas pirujas bañándose en una tinaja... Usando solapas para ocultar sus poéticas creaciones e invitar a sus jovencísimos lectores a ser partícipes de la lectura, la escritora y docente murciana tiene con Tesoros un firme propósito: acostumbrar a su público desde chiquititos a la rima. Además, cuenta con ilustraciones de Bárbara Perdiguera, que ha sido «todo un descubrimiento» para López Soria.

¿Me das tu palabra? - Bookolia, 2022

El último que le ha llegado, pero quizá el más especial. "Yo este libro ya lo edité en su día con Destino, de Planeta, pero como suele ocurrir con los grandes sellos, cuando se marcha una editora todo lo que ha hecho hasta entonces se pierde", señala López Soria, conocedora de la importancia de las ‘novedades’ para estas casas. "Y un día, Eva Poyato (la ilustradora) me dijo: tengo ganas de volver a tener este libro y de rehacer los dibujos. ¿Por qué no repasas el texto e intentamos volver a lanzarlo?", recuerda. Pues dicho y hecho. Bookolia, con la que ambas habían trabajado previamente, ha sido la encargada de darle una nueva vida a este álbum que versa sobre la importancia de dar la palabra (y de las palabras). La murciana asegura que, para ella, es un libro "fetiche".


Porque aunque en estos trabajos use la prosa, Marisa López Soria tiene alma de poeta; y la tiene para los mayores –en 2020 publicó Muy señores míos, de estricta poesía adulta–, pero también para los más ‘peques’. "Mira, yo hago lo que a mí más me gusta (seguramente por eso no soy una bestseller); muchas veces no estoy pensando en si al niño le va a atraer, sino en que me atraiga a mí. Me tengo que sentir satisfecha yo. Y con este tipo de trabajo lo que hago es leerlos en voz alta", asegura la arrojada escritora (y docente), disgustada con el tratamiento que se le da a la poesía en las escuelas. "Es un género que no se trabaja en el aula, y es un problema: no hacemos hincapié en ello y luego, de mayores, vamos a lo más fácil, a la narrativa, a que nos cuenten una historia y punto. Estamos perdiendo un tipo de lenguaje muy necesario...", lamenta.

Así, por ejemplo, Tesoros es un libro que ilustra a la perfección su particular cruzada. "Este álbum es como una sucesión de juegos: cada doble página esconde un pequeño misterio que los niños tienen que descubrir levantando unas solapas, pero yo con los textos lo que pretendo es acostumbrarles a la rima, a una narración de que no es lineal", explica. Y por eso se enerva cuando hay quien desprestigia o minusvalora este tipo de libros. "Yo siempre intento hacer un buen trabajo; intento hacer literatura con mayúsculas. Y el proceso no es muy diferente a cuando escribo para adultos: igual a un poema, a estos textos les doy mil vueltas. Tienes que buscar siempre la palabra más exacta y más sencilla al mismo tiempo, y es en esa sencillez donde se esconde la mayor dificultad. Que a la gente le pueda parecer fácil un texto fácil que yo haya publicado mucho en estos años no significa que no haya un trabajo tremendo detrás", sentencia.

En este género, nunca es el dinero lo que te mueve, es la ilusión de tener un nuevo ‘hijo’"

Afortunadamente, cuenta con el beneplácito de las editoriales, de los niños que acuden en masa a sus presentaciones en centros educativos y, lo más importante, de sí misma: "Vivir de esto es complicadísimo. En general, vivir de la literatura es difícil, pero para este tipo de libros los márgenes son pequeñísimos (de un 5%, más o menos). Así que nunca es el dinero lo que te mueve; es la ilusión, la emoción de tener un nuevo ‘hijo’ entre las manos, de dedicárselo y entregárselo a alguien", explica López Soria, quien asegura que, igual que no puede responder a cuántos libros ha publicado hasta la fecha, tampoco sabe enumerar las motivaciones que le llevan a, finalmente, seguir siendo escritora: "Son tantas que siempre voy a encontrar un motivo para volver".